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15/06/2021
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A ritmo lento por Oaxaca y Potosí

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OAXACA

Fundada en 1529 sobre una ciudad azteca, posteriormente fue enriquecida durante la época colonial tanto por la actividad minera como por el negocio de la cochinilla. Ubicada a 470 kilómetros de la ciudad de México y con un excelente clima templado todo el año, hoy es considerada una de las ciudades coloniales más hermosas del país, y cautiva con sus edificaciones levantadas en piedra verde, calles empedradas, conventos y grandes iglesias.

Patrimonio Cultural de la Humanidad, desde el siglo XVI, su centro histórico conserva el trazo original perfectamente delineado, idéntico a un tablero de ajedrez. El centro ceremonial Monte Albán aglutina un conjunto de monumentos prehispánicos que ostentan estelas (lápidas o pedestales) con jeroglíficos que conmemoran los sucesos más importantes de la historia de la ciudad.

Los mercados y las fiestas populares son el pulso real de Oaxaca. Allí se pueden encontrar chocolate artesanal, mole (una famosa salsa parte prehispánica, parte colonial), el queso típico de la zona (que se deshebra y funde), huaraches (sandalias indígenas) y especias locales. Además, la región es ideal para probar la comida típica mexicana, y todo acompañado por el mezcal, primo del tequila, que goza de gran aceptación dentro del país. 

En tanto, a solo algunos kilómetros de la capital de Oaxaca, se encuentra Hierve el agua, un balneario natural que al mismo tiempo sirve como mirador de los valles centrales. Este auténtico paraíso, ofrece la oportunidad a sus visitantes de refrescarse en sus aguas cristalinas y admirar sus impactantes cascadas que parecen estar detenidas en el tiempo.

La boliviana Potosí es una de las ciudades más altas del mundo.

POTOSÍ 

“Vale un Potosí”. La expresión acuñada por Cervantes y que en la actualidad aún se escucha en las calles, ilustra a la perfección la riqueza que proporcionaban las minas de plata de esta ciudad de Bolivia a las arcas españolas.

La boliviana Potosí es considerada una de las ciudades más altas del mundo teniendo en cuenta que se sitúa a una altura de 3.900 metros sobre el nivel del mar. Su superficie se extiende en la ladera del Cerro Rico en donde desde hace casi 500 años las minas de plata son explotadas diariamente. Estas son las mismas minas que durante la época colonial sirvieron para financiar no sólo al imperio español, sino también al Vaticano y a piratas ingleses, entre otros.

El virrey Francisco de Toledo forjó la ciudad en dos mitades, una para los españoles y otra para los , lo que todavía se puede apreciar en su arquitectura: la colonial con balcones y tejas, de un lado, y del otro las calles angostas donde están las casas de piedra de los trabajadores de las minas.
La ciudad estuvo varias veces en poder de argentinos, como cuando terminó la Batalla de Salta y Manuel Belgrano avanzó en el Alto Perú antes de ser derrotado en Vilcapugio y Ayohuma, o cuando Juan José Castelli tomó la ciudad e hizo fusilar al gobernador realista Francisco de Paula Sanz y a dos generales, el 15 de diciembre de 1810.

La ciudad boliviana vivió un pasado esplendoroso durante la época colonial y dio nombre a una moneda, el potosí. La huella de este periodo puede verse en la Casa de la Moneda que muestra la historia de una tierra de la que se extrajeron toneladas de plata. Sus calles ofrecen vestigios únicos de su opulento pasado como la catedral, la iglesia de San Lorenzo, el Arco de Cobija, la Torre de la Compañía o el convento de Santa Teresa.

 
 

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