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18/09/2021
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Panorama bonaerense: Un bluff en el medio de dos o tres internas

El radicalismo y su triple iunterna, con parada clave en PBA. Alianzas, proyectos y proyeción nacional. El PJ: El Consejo, prenda de paz entre Máximo y los alcaldez. Kicillof: El problema es más Clarin que Sarlo.

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Por Andrés Lavaselli

El affaire Sarlo, que parecía un escándalo y resultó un bluff, enmarca, sobre todo por sus derivaciones penales, el inicio del tiempo abiertamente electoral en la Provincia, donde al compás de esos sainetes mediáticos comienzan a definirse, de modo menos estridente pero tal vez más sustancial, internas que no solo resolverán el juego de poder bonaerense en el oficialismo y la oposición sino que, a la vez, proyectarán con fuerza sus resultados al escenario nacional.

La primera de esas disputas, la única que en sentido estricto será electoral, es la que se librará en la UCR. Y es triple. Desde este domingo, primero Córdoba, después –el domingo próximo- Buenos Aires y luego la Ciudad Autónoma, dirimirán la conducción del partido en cada uno de esos distritos. Pero, a la vez, lo que está en juego es mucho más que eso: Esos tres comicios definen el 70% de los convencionales nacionales, que a su vez incluirán de modo decisivo el rumbo político del partido de ahora en más.

Por eso, hay una apreciación que casi se hizo lugar común entre los que siguen de cerca la vida del radicalismo: El momento actual es como la previa de la convención de Gualeguaychú, aquella que a principios de 2015 habilitó, a instancias de Ernesto Sanz, la alianza del partido  con el PRO  y la CC. Ahora, lo que está en juego es no tanto la pertenencia a esa entente, sino el rol del radicalismo allí dentro, su grado de autonomía relativa. Cunde, apenas, una idea común, compartida por todos: La UCR llevará candidatos propios.

Los sectores en disputa son los mismos, sobre todo en Córdoba y Buenos Aires, dos contiendas que puede leerse casi en paralelo. La estructura partidaria está de un lado, con Mario Negri, Gerardo Morales, su par Gustavo Valdés y el senador Luis Naidenoff, mientras que del otro tallan Martín Lousteau, Emiliano Yacobitti e históricos como Enrique “Coti” Nosiglia, Federico Storani o Juan Manuel Casella. En la Provincia, los frontman son el diputado Maximiliano Abad y el intendente Gustavo Posse.

Repasar la arquitectura de alianzas, explícitas y no tanto, es clave para entender que el resultado no es neutro para el perfil del radicalismo. Con Abad, que tiene su fuerte en el interior –dice que lo apoyan 30 de 32 intendentes- juegan María Eugenia Vidal, Elisa Carrió y por supuesto Daniel Salvador, además de referentes como Luis Brandoni. Del otro lado, cerca de Posse, cuya fortaleza es la primera sección electoral, básicamente el conurbano de clase media, orbitan Emilio Monzó y, de modo menos evidente, Patricia Bullrich.

Aunque no todo es blanco y negro, el primer sector está más cerca de una integración mayor a PRO y el segundo, que tiene un matiz peronista incorporado, es más refractario. El oficialismo empuja además la candidatura del neurocientífico Facundo Manes para suceder a Kicillof, mientras que Posse se autopostula para ese lugar. El resultado es importante para Lousteau, en su puja para que Horacio Rodríguez Larreta –ahora en conversaciones con el cordobés Juan Schiaretti- le libere la candidatura a Jefe de Gobierno, que es su aspiración de mínima para 2023. 

Enfrente

En el PJ la discusión pasa por otro lado. La candidatura de Máximo Kirchner aparece consolidada, pese a la apelación de Fernando Gray a la desestimación que hizo de su planteo de suspender el proceso el flamante juez electoral Alejo Ramos Padilla. Esa apelación es a la Cámara Nacional Electoral, compuesta por dos jueces peronistas, Corcuera y Bejar y uno radical, Dalla Via. A lo sumo retrasará lo que la política ya parece haber decidido: son ir m´ás lejos, esta semana se presentará la lista de unidad de Kirchner.

Ahora habrá que ver el lugar de cada sector en esa boleta y, antes, cómo quedan representados en el Consejo Partidario. Los intendentes afirman que La Cámpora entiende la necesidad de equilibrios. Kicillof supone que el también tendrá un sillón a su disposición. Se verá. Lo cierto es que la entretela de la jugada deja a Máximo K con la lapicera de las listas de este año en la mano, pero a las puertas de un desafío no menor: La Cámpora, excepto en Quilmes, nunca tuvo una perfomance electoral importante en el Conurbano.

Aunque está relativamente lejos de esas elucubraciones, Kicillof creyó ver en el episodio Sarlo la llegada del tiempo electoral para él también. No tanto por las ideas y vueltas de la ensayista, que quedaron expuestas, sino por lo que juzga un montaje político en torno a eso: La tapa de Clarín que omitió la retractación y el pedido de disculpas de Sarlo, y la presentación judicial posterior del trio Santoro, Forlenza y Patiño. Hay allí varias derivaciones. Los dos primeros militan una interna a favor de López Murphy que negocia con Espert y Milei la unidad de un espacio de derecha liberal. Patiño, directamente, es un diputado PRO. Kicillof los considera “escribas”: Lo central es que el episodio lo llevó a hacer la declaración más explícita desde que llegó al poder contra el viejo enemigo Clarín. (DIB)

 
 

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