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22/06/2021
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Panorama político: Un fantasma recorre el Conurbano

El esquema para hacer frente a un fin de año que podría llegar con tensión social. El anuncio que se prepara para el primer año de gobierno. Las conversaciones por el Presupuesto.

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Por Andrés Lavaselli

Todos los fines de año son, desde el traumático 2001, periodos críticos durante los cuales un fantasma recorre el Conurbano: el fantasma del desborde social. Axel Kicillof intuye que durante los  largos meses de aislamiento, con su correlato recesivo, se acumularon tensiones suficientes como para que la corporización de esa amenaza deba ser atendida de un modo especial. Pero enfrenta una dificultad inesperada, la incertidumbre que creó la desarticulación del IFE.

Desde que Eduardo Duhalde creó, en 2003, el plan Jefas y Jefas de Hogar (seis años antes había lanzado el Barrios Bonaerenses) todos los gobernadores desarrollaron una tecnología básica para que las fiestas pasen en paz. Básicamente, consiste en la entrega de dinero y, en especial, alimentos, a los sectores vulnerables. Se hace a través de una red de actores que incluyen intendentes, gremios, empresarios, organizaciones sociales e iglesias.

Kicillof ya activó una mesa para poner eso en marcha. Sentó allí a dos ministros: Andrés Larroque, de Desarrollo de la Comunidad, que la comanda, y Teresa García, de Gobierno, que lo secunda. Trabajan con un diagnóstico que indica que antes de llegar al momento, que imaginan bisagra para el humor social, de aplicar las vacunas (la semana entrante se firmarían contratos con Gamaleia) tienen que evitar estallidos en un paisaje social agravado por la pandemia.

Nación lanzó algunos paliativos para atacar un obstáculo en la ruta a ese objetivo: el sacrificio del IFE en aras de la solides fiscal. Son mejoras de algunos planes sociales. En el entorno de Kicillof temen que no sea eficaz Advierten en ese sentido que aún no está claro cómo funcionará. “Una cosa es el bono para titulares de AUH, otra el aumento del Potenciar Trabajo”, ejemplifican. Es que del primero están seguros cuántos lo recibirán en PBA. Del segundo, no.

Uno de los inconvenientes principales de ese fondo de incertidumbre es que impide diseñar el anuncio que Kicillof prepara para el 11 de diciembre, el día en que cumple su primer año en el gobierno. Está claro que se trata de una iniciativa social amplia que contribuya a compensar la caída del IFE 4. Pero las indefiniciones de Nación, dicen, les impiden definir la amplitud concretar del sector social que debe recibirlo. Y, por lo tanto, la inversión necesaria.

Sí está claro que el gobierno trabaja con la Iglesia Católica y también con los pastores protestantes, que han ganado mucho predicamento entre la población vulnerable. Kicillof espera que sentarlos a esa mesa sea para ellos un gesto que compense el debate impulsado sobre el aborto. Los gremios son para él la otra  referencia (ATE/CTA sobre todo). Más aún que el Movimiento Evita o Barrios De Pie. También llamó a  productores de alimentos y supermercadistas.

Otras mesas

Como esos empresarios, Kicillof dice que los intendentes del conurbano entiendan que ayudar al gobierno provincial en este plano es una acción en defensa propia. Lo que no está claro es que esa comunidad de intereses se extienda a otros escenarios. La negociación por el presupuesto, el otro frente político caliente de este fin de año, es un ejemplo de eso. Allí la tensión no solo se sostiene con la oposición, lo que es obvio que ocurra, sino que abarca al propio oficialismo, lo cual no es tan novedoso, pero sí significativo.

La demostración de esos roces es la presencia de un grupo de alcaldes peronistas de la tercera sección en la Legislatura, a mitad de semana. Aunque la muerte de Diego los sacó de la agenda, para el Ejecutivo no pasó desapercibida esa parada, que atribuyen a la voluntad política de Martín Insaurralde. “Nos piden lo mismo que la oposición”, murmuraba un ministro. El reclamo, claro, fue por plata. Pero el contexto político es más amplio: incluye incluso la cuestión de las reelecciones.

Uno de los efectos de esa movida fue fortalecer la posición de la Juntos por el Cambio, explicitada en un pliego de reclamos para dar el OK al presupuesto que el viernes por la noche le entregaron Maximiliano Abad y Roberto Costa –presidentes de las bancadas en Diputados y Senadores- a sus pares del oficialismo Facundo Tignanelli y Gervasio Bozzano, secundados por los presidentes de ambas cámaras, Federico Otermín y Verónica Magario.

El contenido es más o menos conocido: fondos para obras definidas por los intendentes por $17 mil millones (el gobierno puso $8 mil millones en el proyecto), anticipo del 30% de Fondos de FIM (el ejecutivo dice que muchos intendentes “propios” tienen problemas para cobrar porque están flojos de papeles), no tocar el CUD –coeficiente para repartir coparticipación- y compartir el dinero proveniente de la quita de fondos a la Ciudad. Eso, y 24 cargos en organismos y empresas estatales,  incluyendo los del directorio del Bapro.

La pelota, dicen, está del lado del Gobierno. Kicillof demostró el año pasado ser un negociador duro. En su entorno dicen que está vez se podría avanzar rápido. Comenzará a verse si eso es así esta semana. (DIB) AL  

 
 

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