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23/01/2021
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Belén Pérez Maurice: la esgrima, sus costumbres de antaño y la nueva normalidad

La deportista oriunda de San Nicolás, que busca la clasificación a los Juegos Olímpicos, se entrena bajo protocolo en el Cenard.

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Por Gastón M. Luppi, de la redacción de DIB.

Vaya paradoja para los tiempos que corren: la esgrima es un deporte donde se procura hacer contacto en el rival sin ser alcanzado por este. Por lo tanto, es clave mantener al oponente a distancia.

Belén Pérez Maurice (35 años) representó a la esgrima argentina en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y Río de Janeiro 2016. Y ahora se entrena en el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Cenard), donde se prepara para un Preolímpico y Copa del Mundo que aún no tienen fecha. El objetivo: un lugar en Tokio 2020 -en 2021-, evento para el cual la esgrima local todavía no tiene clasificados.

A excepción de los Juegos de Moscú 1980 -cuando el país adhirió al boicot estadounidense y no participó-, desde que Argentina compite con delegación en los Juegos Olímpicos (1924) siempre hubo esgrimistas nacionales. Es más: antes de que se fundara el Comité Olímpico Argentino, y por las suyas, Francisco Camet estuvo en París 1900, convirtiéndose en el primer argentino en participar de un Juego Olímpico. Era esgrimista (espada) y fue quinto. Uno de sus hijos, Carmelo, fue parte del equipo de florete que logró la medalla de bronce en los Juegos de Ámsterdam 1928.

Nacida en San Nicolás de los Arroyos, Pérez Maurice volvió a los entrenamientos en el Cenard a mediados de junio, cuando una resolución administrativa habilitó el regreso para los deportistas clasificados a los Juegos Olímpicos y para aquellos que tienen chances ciertas de lograrlo. “Por suerte nos armaron un lugar que realmente está muy bueno, nunca tuvimos una sala así para el equipo nacional”, le cuenta la sablista a la Agencia DIB. “Junto con mi maestro, Lucas [Saucedo, su pareja], lo estamos aprovechando a full. De hecho, ahora tenemos una pista reglamentaria para entrenar, de catorce metros, que yo en mi club no tengo. Por eso digo, estamos muy bien”.

Pérez Maurice ya lleva más de dos meses de entrenamientos en el Cenard, contra tres de haber permanecido en su casa. “Por suerte ya me siento bastante recuperada en cuanto a la capacidad aeróbica, que fue lo que más me faltó al regreso. Hace un par de semanas se sumaron los sparrings, así que ya estamos tirando [haciendo esgrima], una o dos veces por semana, y de a poco vamos a ir agregando más”.

En la casa

En marzo Pérez Maurice estaba en Europa. Tras su participación en la Copa del Mundo de Grecia (49º), el 20 de ese mes comenzaba la Copa del Mundo de Bélgica, última posibilidad de sumar puntos para el ranking mundial que definía plazas para Tokio 2020; si no era vía ranking, la clasificación podía lograrse también en un Preolímpico continental que se iba a realizar en abril. Por aquellos días, a nivel americano Pérez Maurice “rankeaba” por debajo de una competidora canadiense con una sola plaza en juego. “Bélgica era mi oportunidad para recuperar puntos y ver si podía lograr la clasificación por ranking”.

Pero no solo Europa estaba atravesando momentos muy difíciles, sino que la pandemia ya había llegado a América. “Por eso decidimos volvernos”, repasa la medallista panamericana en 2015 y 2019. “Podía pasar que no consiguiera los puntos en Bélgica y encima perderme el Preolímpico por quedar aislada. Todavía no se había cancelado nada y decidimos apostar todo al Preolímpico”. Y a partir de allí la historia en más o menos conocida: se canceló todo a nivel global, a su regreso de Europa debió entrar en cuarentena y pocos días después se decretó en el país el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio.

“Entrené toda la cuarentena, un montón. Pero en casa obviamente no es lo mismo”. Prueba de ello, Pérez Maurice fue noticia en mayo por las “quejas” de sus vecinos, según titularon algunos medios. “El tema se agrandó un poco, pero no fue tanto”, le dice ahora a la Agencia DIB. “Por suerte tengo un sponsor [4M] que hace pisos de caucho. Se coparon y me mandaron unos cuadrados para que los ponga en el living y así entrenar tranquila. Y en lugar de usar las zapatillas de esgrima pasé a usar las de correr, que tienen mayor amortiguación. Pero la verdad, no hacía mucho ruido”, cierra entre risas, no sin antes recalcar que el piso de caucho “solucionó el problema”. Además, el Enard (Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo) le facilitó materiales para poder entrenar: “Tenía una bici, pesas, colchonetas… Se me armó un mini gimnasio”.

Belén Pérez Maurice: la esgrima, sus costumbres de antaño y la nueva normalidad
Belén Pérez Maurice junto a su “maestro” Lucas Saucedo. (Martín Zabala/Xinhua)

Y con el trabajo físico garantizado, de allí a hacer esgrima hay una distancia. “Uno se las arregla donde y como puede. Por ejemplo, he tomado clases en los pasillos de los hoteles, porque para la esgrima se necesita espacio para una pista de catorce metros. Pero mi casa es chica: en el living corría todos los muebles y más o menos podía hacer cinco pasos, en guardia…”.

Por lo demás, “no hice ejercicios raros a lo Paula Pareto”, vuelven las risas, en alusión a los entrenamientos que publica la judoca campeona olímpica en su cuenta de Instagram. “Primero porque no puedo, y segundo porque no es necesario para la esgrima”, aclara. “Lo que hacemos muchas veces, y es lo que tenía para hacer en casa, son ‘sombras’ como las del boxeo pero con el sable; te imaginás un asalto”.

Esa nueva normalidad

Los protocolos implican nuevos comportamientos, cambios en las rutinas que se ven muy marcados en un deporte de tanta tradición como la esgrima. “En general después de cada asalto te dabas la mano, y eso obviamente ya no se puede”, comienza su descripción Pérez Maurice. Y va con otra situación: “Lo que nos pasó en estas semanas de entrenamiento es que cuando el otro se cae, por lo general uno va a ayudarlo a levantarse. Y ahora no, lo tenés que dejar ahí, en el piso [risas], que se levante solo”.

Junto a esos cuidados, “la esgrima es un deporte en el que en general se mantiene distancia, no hay contacto. Igual, cada vez que entramos a los combates, a los asaltos, nos ponemos alcohol en las manos para agarrar el carrete, que es el sistema al que estamos conectados y que uno manipula seguido”. Y en cuanto a la careta, “de frente es un enrejado por el que pasa menos de lo que pasaría si no tuvieras nada, porque hay una barrera. Y en un asalto de esgrima nunca, casi nunca, terminás cuerpo a cuerpo”, refuerza. Por otro lado, “cada uno tiene su material, por lo general no se comparte. O sea: tengo mi guante, mi careta, mi sable… En ese sentido, en este contexto, es un deporte bastante seguro”.

En otra dirección

El parate obligado por la pandemia representó para algunos deportistas la posibilidad de hacer foco en aspectos que durante los tiempos de competencia son difíciles de abordar. “Fue algo distinto. Nosotros estamos acostumbrados a un ritmo de competencia alto que recién ahora me di cuenta que es tan demandante. Por eso a mí el parate no sé si me vino bien, pero con Lucas [Saucedo] lo estamos aprovechando para poder corregir cosas. Obviamente extraño competir, es lo que hice siempre y me parece raro no tener la adrenalina de la competencia. Pero si me preguntan: ‘¿Querés ir a un torneo mañana?’, respondo: ‘No’. Realmente estoy corrigiendo un montón de cosas que cuando estás con el ritmo de competencia no podés parar para corregir, cosas muy técnicas”.

Belén Pérez Maurice: la esgrima, sus costumbres de antaño y la nueva normalidad
Espacio para la esgrima en el Cenard, en el barrio porteño de Núñez. (Martín Zabala/Xinhua)

DE SAN NICOLÁS

Belén Pérez Maurice nació el 12 de julio de 1985 en San Nicolás de los Arroyos, adonde había sido destinado su padre, militar. Al poco tiempo la familia se trasladó a Buenos Aires, hasta que San Nicolás volvió a salir como destino por otros dos años, cuando Belén terminaba la primaria. “Si bien no tengo familiares allá, tenemos familias muy amigas. ¿Viste cuando sentís que es tu lugar…”, le dice a DIB. “Si bien no tengo tanto contacto con San Nicolás, nací ahí, fui al colegio ahí, al Misericordia, tengo un montón de recuerdos”. Y reitera: “Tenemos una familia muy amiga, de esas familias que son así, muy cercanas. Por eso, si bien nací ahí pero no estuve mucho tiempo, siento que es mi lugar”.

Un grupo familiar

El “maestro” de esgrima de Belén Pérez Maurice es Lucas Saucedo, hijo y nieto de representantes argentinos en cinco Juegos Olímpicos y campeones panamericanos. Y en tiempos de protocolos sanitarios, para ellos ser pareja facilita las cosas. “Seríamos un grupo familiar, no tenemos que mantener distancias porque convivimos. Es una ventaja porque te ahorrás de tener contacto con más gente, si no tendría que tener contacto con mi entrenador y con mi pareja”, sintetiza. (DIB) GML

 
 

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