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20/09/2020
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Faros bonaerenses: guardianes costeros, centenarios y vigentes

Colosos con historia, mantienen su funcionalidad intacta más allá de la velocidad de las transformaciones tecnológicas del presente.

Por Ana Claudia Roche, de la redacción de DIB

Vivimos en la era de lo intangible, de lo efímero, de lo fugaz. Esta frase podría ser una introducción para hablar del dilema filosófico de lo moderno, lo posmoderno y sus límites, ese meollo aún no resuelto del todo. Tal vez sin querer, en algún punto, esta nota sea parte de ese debate. Más allá de la digresión, la intención es hacer referencia a los faros y, específicamente, a los faros de la costa bonaerense, estructuras arquitectónicas que representan un momento histórico puntual del país, vinculado a la consolidación del Estado, a su delimitación territorial y al ingreso en una nueva organización internacional de la economía y el comercio.

Colosos costeros imponentes, capaces de resistir tempestades, cien años después de su construcción siguen cumpliendo exactamente las mismas funciones de entonces, con muy pocos cambios en el desarrollo de su tecnología: a través de un haz de luz guían a los navegantes, advierten sobre peligros y accidentes geográficos y evitan naufragios. Con el paso del tiempo se han transformado, además, en emblemas de los pueblos que se forjaron a sus alrededores.

En la costa de la provincia de Buenos Aires se yerguen doce faros continentales y uno más, que se considera parte del territorio bonaerense, que está sobre un buque y marca el inicio del canal de Punta Indio, en la desembocadura del Río de la Plata. Es una de las señales más antiguas, ya que a mediados del siglo XIX se había colocado un farol en una barcaza que marcaba ese punto en medio del agua, que hoy se conoce como Pontón Recalada.

Las tareas de balizamiento, no obstante, comenzaron a fines del siglo XVIII con la necesidad de guiar a los navegantes y comerciantes pero también de marcar los límites del país.

“Con el aumento de la actividad comercial  y con la necesidad de que los barcos navegaran más alejados de la costa, los viajes empezaron a ser más largos y a los marinos se les hacía de noche, así es cómo se empezaron a poner señales lumínicas para marcar la costa”, contó a DIB el Capitán de Fragata y Jefe del Departamento de Balizamiento del Servicio de Hidrografía Naval, Hernán Niño Seeber.

El primer intento de instalar la estructura de un faro en un buque fue en 1881, en las rías de la entrada a la ciudad de Bahía Blanca. Se colocó sobre el Bergantín “Manuelita” y muchos historiadores consideran que fue el primer faro marítimo país. No obstante, solo duró unos pocos días, “una semana como mucho, debido a que una tormenta severa lo hizo hundir”, apuntó Niño Seeber.

Ya con una intencionalidad política más fuerte de demarcar los límites geográficos sobre todo en la Patagonia, en 1884 se erigieron los faros insulares Martín García y San Juan de Salvamento, en la Isla de los Estados, en la provincia de Tierra del Fuego; y en 1887, se estableció el primer faro continental del país, el Río Negro, emplazado en el actual Balneario El Cóndor, a 30 kilómetros de la ciudad de Viedma.

“Los faros cumplen un servicio público que se extiende las 24 horas del día, los 365 días del año”, expresó Niño Seeber, quien indicó que “la función de estas señales es la de guiar a los navegantes y ayudarlos a recalar, término náutico que significa reconocer, señalar peligro, indicar límites de canales o vías navegables”.   

Los faros tienen dos características, una nocturna, vinculada a la intensidad y frecuencia lumínica, y otra diurna, relacionada con su forma y su color. “Todos los faros tienen características diurnas y nocturnas diferentes, ninguno es igual a otro”, señaló el Jefe de Balizamiento. Niño Seeber precisó además que la percepción del alcance del haz de luz “tiene que ver con la curvatura de la Tierra, con la potencia de la lamparita y con el aumento del óptico, hoy muchos faros tienen lentes antiguos de cristal que no vale la pena cambiar porque pierden la mística, pero se han incorporado lámparas led que son más potentes y la luz tiene más intensidad, se ve más blanca”.

Si bien el sistema lumínico de los faros se aggiorna con nuevos desarrollos tecnológicos, la idea que lo rige sigue siendo la original y poco ha cambiado. “En sus principios, en el siglo XIV, la luz de los faros se generaba por combustión de aceite, hacia fines del siglo XIX se empezó a usar parafina, luego petróleo, y ya en el siglo XX, gas acetileno y finalmente la electricidad, y todos cuentan también con un sistema de emergencia independiente, para que puedan seguir cumpliendo su función en caso de que haya algún problema”, detalló el Capitán de Fragata, quien en definitiva, es el encargado de cuidar y velar por la vigencia de todos los faros del país.

Casa de torreros

Hay 62 faros en toda la costa argentina y sólo doce están habitados, es decir que en ellos viven los “torreros”, personal de la Armada Argentina que está a cargo de su control y mantenimiento. “Los torreros cuidan del faro y lo mantienen, algunos viven con sus familias y se encargan de dejar asentado todo lo que se le hace al faro en un bibliorato”, indicó Niño Seeber, quien recordó además a los valientes pioneros, quienes “se encargaban de recibir los faros que llegaban de afuera, en barco, y luego los trasladaban en carreta o a lomo de burro o caballo, en zonas inhóspitas, en el medio de la nada”.

De los doce faros continentales bonaerenses, nueve cuentan con torreros, por lo que Buenos Aires es la provincia argentina con más faros habitados o tripulados, según indica la jerga náutica.  

La mayoría de los faros de la provincia fueron construidos por dos empresas: la alemana Dyckerhoff & Widmann, encargada de los de hormigón, y la francesa Barbier, Bénard y Turenne, hacedora de la Torre Eiffel, que aquí emplazó los faros de hierro que tienen una apariencia muy similar a la del emblema parisino.

Además, casi todos los faros bonaerenses forman parte del Sistema de Faros Centenarios, creado por ley en 2010, por lo que han sido declarados Monumento Histórico Nacional. Asimismo, los que aún no alcanzan las diez décadas, son considerados Bien de Interés Histórico Nacional.

Los faros bonaerenses

  • Faro Punta Piedras: Se alza en la parte final del Río de la Plata, en el partido de Punta Indio, en el extremo norte de la Bahía de Samborombón. Fue inaugurado en 1917. Tiene una torre troncopiramidal de hierro, con rayas alternadas blancas y anaranjadas. No está habitado. 
  • Faro San Antonio: Se encuentra cerca de la ciudad de San Clemente del Tuyú, en el partido de La Costa. Fue inaugurado en 1892 y marca el cabo San Antonio, como accidente geográfico. Consta de un una torre metálica tipo trípode, a rayas horizontales negras y blancas. Está habitado.
  • Faro Punta Médanos: Está ubicado cera de la localidad de Mar de Ajó, partido de La Costa. Data de 1893 y marca principalmente la presencia de bancos de arena. Está conformado por una torre metálica y está pintado con franjas horizontales rojas y blancas. Es un faro tripulado.
  • Faro Querandí: Se encuentra dentro de la Reserva Natural Municipal Faro Querandí, una de las reservas de dunas vírgenes más grandes del mundo, con una superficie de 5.757 hectáreas, que se extiende desde la localidad de Mar Chiquita hasta el límite sur del Partido de Villa Gesell. Consta de una torre de mampostería pintada a rayas negras y blancas y fue puesto en funciones en 1922. Es un faro tripulado.
  • Faro Mar Chiquita: Está ubicado en el Partido de Mar Chiquita, cerca de la desembocadura de la laguna homónima. Fue puesto en funciones en 1932 y en 1969, la torre tuvo que ser reemplazada. La actual está construida en cemento, con una plataforma superior que soporta la linterna luminosa, pintada con franjas amarillas y negras. No está habitado, ya que es un faro automático.
  • Faro Punta Mogotes: Fue inaugurado en 1891, es el más antiguo de la costa bonaerense y tomó su nombre de los mogotes, accidente geográfico de la costa del partido de General Pueyrredón que deviene del Sistema Serrano de Tandilia.  Consta de una torre metálica pintada a rayas blancas y rojas. Está habitado.
  • Faro Miramar: Es el más difícil de distinguir porque está ubicado en la terraza de un edificio de esa ciudad balnearia. Sin embargo, la primera torre fue inaugurada en 1929 y constaba de una estructura metálica pintada con franjas rojas y blancas. No está habitado y es un faro automático.
  • Faro Quequén: Está ubicado en la localidad de Quequén, partido de Necochea, y fue inaugurado en 1921. Consta de una torre de mampostería, con dos franjas horizontales negras y una central blanca. Es un símbolo para la ciudad y su figura forma parte del escudo del distrito. Está habitado.
  • Faro Claromecó: Se alza en la localidad balnearia de Claromecó, en el partido de Tres Arroyos. Consta de una torre de mampostería pintada con franjas horizontales blancas y negras y fue inaugurado en 1922. Está habitado.
  • Faro Recalada Bahía Blanca: Este faro está ubicado en la localidad de Monte Hermoso y es el más alto de Sudamérica, con 67 metros de altura. Consta de una estructura piramidal metálica, pintada con franjas blancas y naranjas. Fue inaugurado en 1906 y se encuentra en cercanías de la desembocadura del arroyo Sauce Grande. Forma parte de la bandera y el escudo del distrito. Es un faro tripulado.
  • Faro El Rincón: Se encuentra en el Partido de Villarino, cerca de la localidad de  Mayor Buratovich. La torre es una estructura de hormigón armado y se encuentra entre las más altas del mundo de este material, con 62 metros. Está pintado de negro y blanco y fue inaugurado en 1925. Está habitado.  
  • Faro Segunda Barranca: Está ubicado en el partido de Carmen de Patagones, próximo a las localidades de Cardenal Cagliero y Bahía San Blas. Fue inaugurado en 1914, está pintado con franjas blancas y negras y consta de una torre con un tubo central y patas metálicas dispuestas en forma hexagonal.

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