Unos 10 mil adultos bonaerenses culminarán la secundaria con clases a la distancia durante el mes de julio tras tres años de estudio y otros tantos comenzarán en agosto a cursar el final (hoy termina la inscripción).

A pesar de la cuarentena por el coronavirus, el Plan de Finalización de Estudios Primarios y Secundarios (FinEs) se sigue desarrollando en la provincia de Buenos Aires. Las clases son digitales y el programa ya tiene a sus primeros graduados en la “era pandemia”. DIB hizo un repaso por algunas historias.  

El título para un futuro nieto

Andrea Silva vive en Baradero, tiene casi 50 años y cuatro hijos. Su padre murió cuando terminó sexto grado, hace más de tres décadas, y por eso tuvo que salir a trabajar para ayudar a su madre. Intentó con la escuela nocturna, pero se le complicaba por los horarios. Entonces dejo de estudiar.

Ahora, del otro lado del teléfono, dice algo conmovida que “las cosas pasan por algo” y cuenta que este año va a terminar la secundaria a la par de uno de sus cuatro hijos. “Nos egresamos juntos. El tiene 18 años y va a la Industrial. Hacemos los deberes juntos y me dice: ‘Vos no me vas a opacar la fiesta de egresados, ni yo la tuya’”, se ríe.

Con el apoyo de su familia, Andrea retomó sus estudios hace tres años en el Centro Educativo de Nivel Secundario para Adultos (CENS) N°451 local. “Como muchos de mis compañeros, tenía miedos, dudas, inseguridades. Me preguntaba si iba a ser difícil”. Cuenta que se encontró con valiosos directivos, profesores y auxiliares, y que le gustaría seguir vinculada al establecimiento si se arma una cooperadora. “Calor humano”, así resume su sentimiento sobre la escuela.

Terminar la secundaria en la adultez, un sueño que la pandemia no posterga
Andrea con sus hijos en la escuela.

En primer año le costó mucho Informática, pero que luego le fue encontrando la vuelta. “Odiaba la tecnología”. Su frase suena paradójica porque en unos días va a terminar sus estudios cursando desde una computadora. “Cuando pase todo, vamos a hacer un viaje con mis compañeros”, dice.

Y sueña: “Yo guardo todas las carpetas para el día que tenga un nieto poder mostrarle que la abuela terminó viejita, pero terminó”.

La militancia y una promesa

“Más allá del deseo personal, en mi vida me hubiera imaginado de llegar a esta instancia”, dice.

Guillermo García tiene 44 años, nació en uno de los barrios más carenciados de Pergamino y por motivos económicos y personales no pudo continuar con la secundaria en su juventud. “A mí me tocó la hiperinflación de (Raúl) Alfonsín y tuve que salir a buscar para comer”, cuenta sobre ese tiempo.

Su historia es de militancia: en plena crisis del gobierno de Fernando de la Rúa participó de la organización de su barrio y lideró las protestas en Pergamino durante el 2001. En 2004 fue uno de los fundadores del Movimiento Evita y su labor social lo llevó a trabajar en el organismo Cascos Blancos de Cancillería de la Nación.

Terminar la secundaria en la adultez, un sueño que la pandemia no posterga
Guillermo con sus compañeros de clase.

“Siempre he sido de pobre para abajo y creo que la educación media tenía una visión elitista. El FinEs fue revolucionario en ese sentido, tiene una visión inclusiva extraordinaria. Por eso quiero alentar a las nuevas generaciones, a los flacos de mi edad o a los más grandes que existe esta posibilidad”, dice.

La motivación de Guillermo fue una promesa: le dijo a sus nueve hijos que iba a terminar con la secundaria. Ahora tiene otro objetivo: estudiar abogacía o algo relacionado a la política. “Soy medio soñador”.

El arte de acortar distancias

Nilda Prieto es profesora de Economía y durante los últimos meses dio clases a un grupo de alumnos adultos de Pilar que pronto obtendrán el título secundario en el centro de la Academia de Policías.

“La educación a distancia era algo nuevo tanto para ellos como para mí. Había que ver de qué manera uno podía ser creativo. Por eso, decidí primero hacerles un video para que ellos me pudieran conocer. Les conté como nos íbamos a manejar en la cursada, cómo vivo yo y cómo estaba sobrellevando la cuarentena. Los invité a que hagan lo mismo y me sorprendió porque muchos se animaron”, cuenta.

El grupo de Nilda estaba integrado por alumnos que iban de los 20 a los 45 años: la mayoría en un rango de entre los 35 y los 40. “Muchos tenían hijos y algunos nietos. Entendí perfectamente la situación y traté de acompañarlos más allá del horario de clases porque muchos podían ponerse durante el fin de semana a hacer la tarea”, dice.

Su estrategia pedagógica incluyó diapositivas con audios explicativos y un sorteo por clase sobre un tema que uno los estudiantes debía explicar luego. No fue un proceso de enseñanza tradicional y, curiosamente, algunos de los alumnos le dijeron que por primera vez en su historia escolar habían entendido la materia. 

“Los mensajes que mandaron ellos fueron de gran satisfacción. Yo no pude contestar con audios por la emoción. No se notó que fuera algo lejano. Más allá de la distancia, nos sentíamos un grupo cercano”. (DIB) MT