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14/09/2022
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Franco Verdoia: “La Chancha me permitió echar luz ahí, en donde mucho tiempo hubo niebla”

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Franco Verdoia comparte a DIB como transformó en arte un suceso que le ocurrió en su infancia.

Por Martín Raggio de la redacción de DIB

A casi un mes del estreno online en la plataforma CineAr, el primer filme en solitario de Franco Verdoia (43), sigue siendo unas de las películas más vistas de origen nacional en la era de la cuarentena.

Desde la mirada artística del director cordobés, “La Chancha” es un thriller psicológico, agobiante, de clima tenso que arrastra al espectador a testificar por tensión. Un filme de suspenso conducido sensitivamente por la expresiva interpretación de sus protagonistas. (Esteban Meloni, Gabriel Goity  Raquel Karro, Gladys Florimonte y Rodrigo Silveira).

Pero “La Chancha” es mucho más que un entretenimiento, es una película con otra historia ensimisma. Es un trauma mortificante de abuso que sufrió el director en su niñez, que se transforma en arte y se adueña de una especie de reparación a futuro.

Franco Verdoia en la búsqueda del mejor encuadre. Crédito/Marcos Crapa

Franco Verdoia charló con DIB de “La Chancha” y de la historia que envuelve su película.

Contame un poco que fue lo que hizo que fueras director de cine.

Yo me crie en un pueblo del interior de la provincia de Córdoba, una comunidad agrícola –ganadera y toda la vida, desde muy chiquito, tuve la mirada y el corazón puesto en llegar a una gran ciudad, (en ese momento era Buenos Aires), para formarme como actor. Desde los cinco años estaba definido en mi orientación vocacional. Entonces cuando terminé la secundaria tomé la decisión, se lo planteé a mis padres y partí. Cuando llegué a Buenos aires, esto era en 1995, me encontré con un mundo en donde no existía Internet y las distancias en aquel momento eran enormes.

Cuando llegué tuve la sensación que este era mi ciudad, mi lugar, tenía 17 años, así que cuando pisé Buenos Aires, ya era sueño cumplido. Pero como te decía mi relación estrecha con Las Varillas, el lugar en donde nací. En la película “La Chancha” tuve un rebote muy fuerte, o sea en realidad una parte de mí nunca se fue y siguen allí mis afectos más nobles y más profundos. De hecho cada vez que puedo vuelvo, porque extraño la comida de mi vieja, el barrio. Me convertí en un nómade entre Las Varillas y Buenos Aires.

Alfredo Alcón, Franco Verdoia y Fabian Vena en Las variaciones Goldberg (2003). Archivo personal de Franco Verdoia

Me formé como actor durante muchos años con mi maestro Agustín Alezzo y lo que realmente me llevó a la dirección de cine fue la frustración. Llegó un momento que me di cuenta que no podía lidiar con los vaivenes de la profesión, eso de tener laburo un día y otro, no. Tener que ir a un casting y que otra persona te diga si servís o no. Todas estas circunstancias te da un malestar muy grande y entendí que no iba a poder lidiar con esta parte de la profesión. Así que esto hizo que de a poco me cruzara de vereda. Es que del otro lado, al menos me sentía más protegido. Empecé dirigiendo publicidades, hasta que llegó en 2006 mi opera prima “Chile 672” co-dirigida junto a Pablo Bardauil, y así fue que encontré en la dirección de cine y teatro un lugar muy confortable, donde podía integrar mucho de mi imaginario como artista de lo que yo tenía para decir.

¿Qué te queda de esa temprana ida de tu Córdoba natal?

Irme de mi lugar natal era en cierta forma una conquista, el deseo que tanto anhelaba, pero por otro lado era dejar mi familia, amigos, toda una red. Fue agridulce, esa excitación de comenzar algo nuevo en una ciudad completamente desconocida y el tener que dejar mi pueblo. Este efecto de migración fue tan fuerte que después se fue reflejando a lo largo de mi obra como artista. En la fotografía, en mis películas o mis obras de teatro.

¿Dios está en todas partes pero sigue atiendo en Capital Federal?

La película y CineAr me hizo repensar que ya no es como antes, felizmente ahora fuera de Buenos Aires suceden cosas, hay ventanas culturales muy importantes. La película se grabó íntegramente en Córdoba, porque existe un polo audiovisual muy importante que funciona.

CineAr ha hecho  que el cine llegue a lugares que realmente estaban postergados y si que  se ha evolucionado desde mi llegada en 1995. Dios sigue teniendo la casa matriz en Buenos Aires pero ha abierto varias sucursales a lo largo y lo ancho del país. Esto provoca que exista una formación de técnicos que conlleva a no tener que hacer una inversión enorme para capacitarse en Bs. As. Es más te digo si me tocara irme hoy de mi casa, no sé si hubiese elegido venir a Bs. As., de Las Varillas me hubiese ido a Córdoba capital, porque hoy están ahí los medios para formarse. Ese cambio de paradigma de formación del estudiante en el campo audiovisual, cambió el mapa.

Historia adentro de la historia de la película

¿Cómo fue transformar un tema delicado de tu vida personal en arte?

Fue un proceso que no fue lineal, ni premeditado. Partió de un trabajo de diván que vengo haciendo desde que llegué a  Bs. As. Realizando las preguntas que me han abierto el camino desde mi primera terapeuta, hasta mi terapeuta actual. Tuve tres desde que vine y pude darle vueltas al asunto. Si bien el abuso no impactó en mi vida como el del personaje de Pablo, el protagonista de la película, si sirvió para formularme distintas preguntas y abrir nuevos interrogantes, que me llevaron a presionarme si yo debería hacer una denuncia. Uno de los terapeutas me dijo concretamente por que no realizaba una denuncia, a lo que yo me sentía incómodo con imaginar esa situación judicializada, era una circunstancia que había pasado hacía mucho tiempo y había algo en la naturaleza de ese fuero que no tenía que ver con mi búsqueda, no me iba a dar respuestas. Aunque reconozco que me generó otros interrogantes, como preguntarme ¿y si lo hago película? O trabajar en un guion, esto es de 6 años atrás. Así que fue un proceso largo, desde que nace la idea, la trabaja y es materializada en un guion.

El director Franco Verdoia pensando la mejor toma. Crédito/Marcos Crapa.

De ahí surgió “Traslasierra”, el filme originalmente se llamaba así, por todo lo que sugería. Tuve la suerte de recibir una beca de la Fundación Carolina para hacer un curso de desarrollo de proyecto en España. Así que en 2016 fui dos meses a vivir a Madrid a trabajar el guion junto a un grupo de tutores, en donde salió el nombre La Chancha. Cuando volví tenía un guion mucho más sólido, apareció el aporte del INCAA y finalmente la co-producción con Brasil.

¿Se trata de convivir, exorcizar o de concientizar el exponerse a través de contar tu propia historia?

En un principio yo no lo medí, cuando estaba filmando la película o se terminó, te soy sincero, no iba hablar de la circunstancia personal, de mi historia. Es que la película es una ficción, lo que “La Chancha” cuenta vale en lo personal, pero en realidad lo que le pasa al personaje, no tiene nada que ver conmigo, las herramientas que tiene el protagonista yo nunca las tuve.

Lo que trata la película es un tema delicado y sensible, pero se vale de las herramientas de la ficción, del suspenso y del thriller psicológico. Todo eso que tiene que tener un filme para poder contar una historia entretenida y que no sea un embole verla.

Es ahí donde uno tiene como autor tener ese conocimiento, apartarse de la línea personal, que no siempre puede ser interesante porque haya pasado. Es como cuando le mostras fotos de tus vacaciones a alguien, no le importa y a vos si porque las viviste. Entonces creo que ahí es donde está dado el trabajo del guionista, la cabeza del director, correrte de la motivación, que si fue muy personal e interior, pero se pueda elaborar un producto que entretenga. Y yo no se si la película vino a reparar, porque el trabajo que podía hacer, ya lo tenía hecho en mi diván y si te puedo aceptar a cerrar, en todo caso, un ciclo. Una persona que sufrió una circunstancia como esa que sucede en la película, realmente se convive toda la vida, no hay reparación.

El director de “La Chancha” en pleno trabajo. Crédito/Marcos Crapa.

La película me permitió echar luz ahí, en donde mucho tiempo hubo niebla, en definitiva yo estoy más que contento con el valor que la película tiene en otros, que lo que tuvo en mi.

¿De dónde surge la necesidad de “blanquear” tu historia?

Fue también otro proceso, estrené la película en mi pueblo Las Varillas, con lo cual te imaginarás que fue demasiado fuerte. “La Chancha” vio la luz ahí, donde nació la historia, donde se formó el trauma. Estaba muy conmovido, un momento de mucha exposición, pero lo dejé manejé con bastante sutileza, sin hablar tanto de acontecimiento, dejando en claro que la película era una ficción y no una autobiografía. Pero de a poco se fue dando la obligación conmigo mismo y con las personas que vivieron ese acontecimiento. También por los niños de hoy, así que me sentí en la obligación de poder blanquear este aspecto, sentí que ponía la película en otro lado y que detrás de la firma del director y guionista había un conocimiento concreto de la circunstancia, que había una motivación  y no era simplemente el ego del artista. Nunca fue la idea de hacer una película fuerte para que impacte. Es un hecho más noble que me honra, así que sentí que estaba siendo más justo, si ponía todas las cartas sobre la mesa. Esto pasó de esta manera, yo viví una circunstancia similar, lo pude resignificar a los largo de mi vida con mucho trabajo personal y siento contar esta historia de Pablo, que puede acercar a otras personas que han pasado por una situación similar. O el que tienen hijos y que esten distraídos en las crianzas. Y esto lo digo por el valor que toma el personaje de Joao, el niño de la película. Es como una subtrama de la historia, ese niño tiene algo para comunicar, o sea no solo le pasa al adulto, ese niño es testigo de todo. La presencia de Joao es un espejo de esa infancia herida del protagonista y es un alerta, es la pregunta de ¿que estamos haciendo los adulto con respecto a esos niños?, cumple una mirada casi protagónica de ese niño en “La Chancha”.

¿Cuánto tiempo te llevó el rodaje y por qué la elección de la locación?

En un principio la locación iba a ser en Nono, Traslasierra, cuando todavía se llamaba así. Pero después de la tutoría en Madrid, se pasó a llamar La Chancha y fue una nueva forma de llamar la película y yo sentía que tenía mucho más sentido. Las necesidades de producción obligaron un poco a tener que buscar una ciudad próxima a Córdoba capital, por temas de logística, vuelos, filmamiento y nos terminamos quedando en La Cumbre, la ciudad eje que nos ofrecía el paisaje que necesitábamos al diseño de la producción. La famosa y hablada secuencia de la aerosilla fue en Los Cocos, que también está muy cerca de La Cumbre, nos cerraba por todos , así que fue super aceptada.

Set en la Aerosilla Los Cocos, Córdoba, Crédito/Marcos Crapa

La película tardó en rodarse cuatro semanas, fue poco por el volumen de guion y la complejidad que teníamos, se hizo en un tiempo record por todo el andamiaje de los técnicos y artistas de parte de Córdoba, Bs. As. Y Brasil. Además la vivieron como una militancia, porque el equipo sabía lo que para mi representaba contar esta historia. Esto hizo que el rodaje se trasformara en una batalla a capa y espada. Nos llovía casi todos los días, tuvimos que trabajar con niños, animales y las benditas aerosillas. Si no hubiese estado ese coraje humano, dudo que se hubiese llegado al resultado logrado.

El cine no es un momento unipersonal del director, es un momento colectivo, en donde todas las partes son fundamentales para que funcione.

¿Cómo fue el casting de los actores? Y ¿por qué elegiste a los protagonistas?

Esteban es un amigo, es una persona que llegó a Buenos Aires con las mismas ganas que yo., lo conozco de aquellas épocas, desde muy chicos, hemos trabajado en otros proyectos y tengo una relación muy estrecha, muy íntima, de mucho afecto y admiración, con lo cual la llegada de Esteban al proyecto fue muy natural y una bendición. Por ese nivel de confianza y el vínculo es que pudimos hacer un trabajo en donde uno fue guiando al otro y viceversa. Tengo la sensación de no haber dirigido a Esteban, sino al revés, el me indicaba por donde tenía que ir. Fue muy enriquecedor, ensayamos un mes antes de viajar a La Cumbre para empezar con la preproducción, muy intenso y delicado, donde hablábamos mucho y abrimos muchas puertas, porque él tenía que explorar el pasado de un personaje sin tener ningún tipo de herramientas textuales. Pablo no habla nunca, no existe los flashback, todo los que sucedía estaba en la mirada, la respiración y en el cuerpo de Esteban.

Esteban Meloni en el papel de Pablo. Crédito/Marcos Crapa

El mérito de la película, en gran medida, tiene que ver que hay un protagonista que sostiene el filme con un nivel notable, que hace que uno entre a ese mundo y pueda percibir sensorialmente lo que está experimentado Pablo.

Gabriel Puma Goity como “Miguelón”. Crédito/Marcos Crapa.

Gabriel Goity llegó casi al final, no estaba tan seguro con trabajar con persona tan popular, de hecho estuvimos por hacer un casting en Córdoba, pero fue la última jugada de la producción, pensamos: ¿y se le acercamos el guion al Puma?. Pensé que no le iba a interesar, porque no soy un director conocido y además es una película de bajo presupuesto, pero el Puma respondió al toque, le encanto la propuesta, le conmovió la historia. Fue avasallante lo que pasó con Gabriel, ahí conocí a otro guerrero y militante de mi historia. Tuvo que desarrollar ese personaje complejo que hizo.

Gladys Florimonte en el papel de Alicia. Crédito Marcos Crapa

Y con Gladys fue algo gracioso que siempre cuento. Yo escribí toda la película pensando en Gladys (Florimonte) para el personaje de la película y no porque la fuese a convocar, me servía para imaginar al personaje. Y un día el director del polo audiovisual de Córdoba, Jorge Álvarez, cuando le cuento sobre el proyecto, rápidamente me brinda su apoyo, pero me dice que me tiene que pedir un favor, tengo una amiga actriz que estaría bueno que la tengas en cuenta porque es muy buena y no hace este tipo de películas y yo sé que va ser un golazo. ¿Quién?, le pregunté y me dice: Gladys Florimonte. No lo podía creer, se puso la piel de gallina. Esto fue una señal, la llamé y me dijo por supuesto y ahí tuve otra maestra. Es una actriz que le vino muy bien al proyecto, que aportó una frescura a ese clima que es tan denso. Fue hermoso. A parte es “la” actriz, nosotros filmábamos 12 horas y después de eso la tipa agarraba el bolso y se iba hacer un show a La Falda.

Y también los brasileros Raquel Karro y Rodrigo Silveira hacen un trabajo conmovedor.

Raquel Karro y Rodrigo Silveira. Crédito/Marcos Crapa.

¿Cuánto te llevó lograr crear ese clima de tensión agobiante en la que trascurre la película?

El trabajo comenzó muchos años antes del rodaje, yo filmé la séptima versión del guión, para que te des una idea las veces que se reescribió la historia. Hubo escenas diferentes y también finales diferentes. Soy bastante obsesivo con mi trabajo, me gusta el cine, me gusta ese oficio de artesano que tiene el cine. Tengo una manera de abordar el trabajo de una forma muy minuciosa, hasta el punto que dibujé todas las escenas a mano alzada cuadro por cuadro. Aunque es cierto que después tenés una vestuarista, una directora de arte como Cristina Nigro y Joao Castelo Branco como director de fotografía que hace que elijamos que elemento va a aparecer en cada fotograma, porque cada elemento construye, edifica ese sentido de agobio claustrofóbico, de suspenso en definitiva. Y por supuesto el gran mérito de los actores para generar ese clima.

Escena de tensión en el filme “La Chancha”. Crédito/ Marcos Crapa

Yo no ensayo las escenas, pero hablo mucho en la previa con los actores y le digo que quiero del personaje.

¿Cómo crees que fue la recepción del filme y si pensás que la cuarentena favoreció o entorpeció las expectativas que tenías al respecto del estreno.

Cuando la productora me alertó de la posible cuarentena y que el INCAA estaba viendo la posibilidad de estrenar online, yo puse el grito en el cielo y dije de ninguna manera voy a estrenar mi película online, que se piensan, trabajé seis años de mi vida, quiero ver mi película en los cines, estaba muy agarrado a mi ego. Quería verla en el Gaumont lleno de amigos y técnicos, todos ahí mirando el laburo que hicimos, verlo en pantalla grande. Me dejaron dos días que me enfríe un poco y me empecé a amigar con esta idea y me dije: por qué no puede ser así? ¿Y si esto me termina jugando a favor?

La película llegó a todo el país. Realmente descubrí en esta cuarentena con esta forma de estrenar, un formato que le vino muy bien al cine y no hablo sólo de mi película, creo que esto sienta un precedente más allá de la cuarentena. Se triplicaron los consumos de visualizaciones en esta plataforma. La gente consume cine, hay que dárselo de otra forma y con esto no quiero decir que los cines deban cerrar. Yo estoy feliz que la película se haya estrenado finalmente. Todos los medios respondieron y lo que pasó con “L Chancha” fue movilizador.

Backstage de “La Chancha”. Crédito/Marcos Crapa

Si una película te entretiene y a la vez te deja pensando, me pone más que bien por quiere decir que hicimos algo honesto.

¿Es una película liberadora?

Sigo recibiendo mensajes de personas que vieron la película y que atravesaron situaciones de abuso y que para ellos fue una ventana, una llave de liberación poder repensarse esas circunstancias y encontrar un par en donde se pueda mirar, escuchar, analizar eso nuevamente de frente.

Cuando la película me revela este gesto, que no estaba en mi propósito original, es donde me dije ¡ puta!, la tuve que hacer por esto. Realmente esto no lo supe hasta que la película empezó a circular.DIB (MR)

Ficha técnica

Con Esteban Meloni, Gabriel Goity  Raquel Karro, Gladys Florimonte, Rodrigo Silveira. Guion y dirección: Franco Verdoia. Fotografía: João Castelo Branco.Arte:Cristina Nigro. Producción de Contentto People, El Carro, GP7 Cinema. Con apoyo de Incaa, Ancine y Polo Audiovisual.  Duración: 97 minutos. 

 
 

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