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16/10/2021
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Panorama: La política bonaerense, sujeta a un reseteo

El foco epidemiológico y el económico. El temor por el Conurbano.

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Por Andrés Lavaselli, de Agencia DIB

La pandemia de coronavirus supuso para la provincia política una evidente pausa de  la puja de poder superficial. Pero a la vez disparó un “reseteo” más profundo, del que nadie escapa: oficialismo y oposición, poder central e intendencias, ejecutivo y legisladores están expuestos  a él. Su resultado, incierto, potencialmente profundo, se conocerá recién después de septiembre: el mandato de la hora, la urgencia transformada en necesidad de mediano plazo, es superar el invierno.

“Su primera preocupación es la respuesta que pueda dar el sistema de salud”, esa definición, que refiere a la mirada que tiene el gobernador Axel Kicillof de la evolución de la situación por estas horas, parece una obviedad pero no lo es. Responde a un análisis de acuerdo al cual el probable pico de contagios se dará entre mediados de abril y principios de mayo, con el Conurbano como el territorio más expuesto, en términos epidemiológicos, debido a las vulnerabilidades sociales que padece su población.

En la presidencia de la Nación circula un estudio –un modelo predictivo de big data- que habla de un impacto importante, duro en términos humanos, pero no desmesurado desde el punto de vista social de la pandemia. Un saldo similar al que produjo, el año pasado, la gripe común. Pero esa evolución está atada a un ramillete de variables, entre las cuales aparece en primer plano la eficacia en la aplicación de las medidas de separación social y, por lo tanto, la respuesta que esté en condiciones de dar el sistema de salud.

Por eso el Gobernador se dedicó casi exclusivamente a reforzarlo. No es tarea sencilla: hasta ahora se incorporaron 500 camas de terapia intensiva al sistema público. Se sabe que se necesitan otras tantas para llegar a la cobertura ideal, pero alcanzar ese número es por ahora un objetivo más que una certeza. El ritmo al que avance la construcción de los cinco hospitales modulares y la apertura de los dos de La Matanza casi terminados pero aún cerrados es un dato importante. El rol del sector privado, donde hay cierto malestar por no haber sido convocados, otro.

En las últimas horas, el gobernador mostró otra preocupación, casi tan intensa como aquella. Es la referida al impacto económico de la pandemia. Cuentan que incluso hubo que convencerlo de la necesidad de avanzar con un aislamiento más riguroso. Y no porque minimizara la amenaza sanitaria, sino porque sabe el impacto social puede ser devastador si las medidas de intervención estatal que se están poniendo en marcha –en las próximas horas se anunciarán nuevas- no alcanzan para frenar la profundización de la recesión en ciernes.  

“Los negocios que cierran después es difícil que abran”, se le escuchó decir en la tanda de reuniones que mantuvo con intendentes en la semana.  Los 300 millones que ordenó girar a las comunas apuntan a  eso: a que al menos no se pare la obra pública.  O a que se pare lo menos posible. El modo en que reaccionará esa población expuesta a privaciones es también objeto de conjeturas. El ataque a piedrazos, en Ituzaingó, a un móvil policial que había concurrido a advertir a vecinos que no cumplían el asilamiento, una escena que causó aprehensión en las autoridades.

La cuestión económica es, por otra parte, una mirilla por la que avizorar el mediano plazo: será una urgencia solo cuando se contenga la epidemia. En ese futuro incierto se sabrá además como se reconfigura la política tras esta crisis, que por ahora puso en pausa todo lo que no se refiera al combate sanitario. El Parlamento está paralizado, el Ejecutivo pospuso para después la resolución de negociaciones que hasta hace diez días eran cruciales, los alcaldes, siempre en primera fila, van del voceo presencial de la necesidad de quedarse en casa hasta el tironeo para que los poderes “superiores” no les retaceen la ayuda.

La actuación de cada cual seguramente incidirá en ese proceso. Por ahora, apenas se vislumbran dinámicas nuevas, atadas a la colaboración entre oficialismo y oposición propia de tiempos de incertidumbre aguda –pensar en  2001 o en la guerra de Malvinas-,  que pone en primera fila a los actores con responsabilidades directas de gobierno. Y que relega a otros. La sintonía de Alberto Fernández con Horacio Rodríguez Larreta es un ejemplo. Su contracara, el segundo plano profundo en el que entró Mauricio Macri.

En provincia, hubo escenas curiosas. El reclamo de Jorge Macri respecto de que Rodríguez Larreta se lleva médicos de la provincia con el simple recurso de ofrecerles un mejor sueldo, es una. Se lo hizo al gobernador, pero no quedó claro si pedía un aumento para los trabajadores bonaerneses de la salud o su estaba revelando una interna opositora. Otra fue l a intempestiva discusión entre Barroso, el intendente de 9 de Julio (PRO) y sus pares de Pehuajó, Zurro y Ensenada, Secco (JpC), que obligó a dar por terminada una reunión oficial. Para algunos de los que la presenciaron, abrió otro interrogante: ¿Qué pasara con el espíritu de concordia y trabajo en común cuando las papas quemen?

 
 

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