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28/09/2021
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Laura, mamá de Natalia Melmann: “Tengo miedo de morir y que nadie lleve mi bandera”

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La Plata, feb 11 (Por Marien Chaluf, de la redacción de DIB).- Natalia Melmann tenía 15 años cuando en la madrugada del 4 de febrero de 2001 fue golpeada y subida a un patrullero en Miramar, donde vivía con su familia. Cuatro días después, su cadáver fue encontrado en las afueras de esa ciudad. La autopsia reveló que la adolescente había sido violada y estrangulada con el cordón de su zapatilla, y se determinó que en su cuerpo había cinco perfiles genéticos diferentes.

En 2002, el Tribunal Oral Criminal N° 2 de Mar del Plata condenó a reclusión perpetua a tres efectivos de la Policía Bonaerense: Oscar Echenique, Ricardo Suárez, y Ricardo Anselmini al encontrarlos culpables de los delitos de secuestro, violación y homicidio triplemente calificado por ensañamiento, alevosía y en concurso de dos o más personas.

Mientras que a Gustavo “El Gallo” Fernández, el “entregador”, también le dieron 25 años, pero luego le redujeron la condena. Asimismo, recién a mediados de 2018, 17 años más tarde, fue juzgado el exsargento de la bonaerense Ricardo Panadero, quien había sido sobreseído antes de la primera elevación a juicio.

En ese entonces, el Tribunal Oral en lo Criminal N° 4 de Mar del Plata consideró que el resultado del ADN de un vello pubiano presente en el cuerpo de Natalia no era suficiente para probar su coautoría, a pesar de que había un 97% de coincidencia.

“Todavía hay dos asesinos libres. Ricardo Panadero fue enjuiciado el año pasado y lo absolvieron. Ese juicio fue realmente un desastre. Nosotros apelamos, por supuesto, y la Cámara de Apelaciones nos dio la razón. La Justicia se toma su tiempo como si uno no fuera a morir al día siguiente. Pero por suerte estamos vivos todavía”, dijo a DIB Laura Calampuca, la mamá de Natalia, a 19 años del crimen. “Mientras tanto, el tipo que tiene otros antecedentes, nunca estuvo preso ni detenido ni nada”, amplió.

En tanto, ahora, podría dictarse una nueva sentencia o bien realizarse un nuevo juicio. “Del otro asesino suelto, la Justicia verificó su ADN en el cuerpo de mi hija, pero nunca lo buscó. No sé a dónde vamos a tener que recurrir. Sé que supuestamente es policía porque todos lo eran, menos el entregador, que robaba para ellos”, señaló Laura.

 

-¿Cómo fueron estos 19 años?

No dejamos de luchar ni un solo día. Fueron 19 años de una lucha constante en un pueblo que pasó de que nadie levantara la vista por miedo, al acompañamiento y la lucha. Durante siete años marchamos cada sábado. Los tres policías condenados tuvieron salidas transitorias. Salieron varias veces y en vez de cuidarnos a nosotros los cuidaban a ellos. Miramar es un pueblo chico, todos saben dónde vive el policía y el policía sabe dónde vivís vos. Las familias de los asesinos viven a dos cuadras de mi casa. Te los encontrás en el hospital, en el almacén.

 

-¿Sufrieron amenazas por parte de los asesinos?

Además del dolor inhumano, tuvimos que soportar amenazas de todo tipo. He tenido que soportar insultos, me han escupido. Echenique tiene varios hermanos que viven todos alrededor de mi casa. El papá de Natalia se fue de Miramar porque tuvimos todos serios problemas de salud. Pero yo no me puedo ir de acá. Me voy dos días y le escribo a Natalia. Vivo escribiéndole a Natalia.

 

-¿Por qué no se puede ir?

Ella para mí está acá, en mi casa. Si me voy siento que la abandono. Mis otros tres hijos también tuvieron que irse por cuestiones de seguridad. A mi nieto le pusieron un arma en la cabeza. Yo no soy creyente, pero uno se niega a pensar que no la vas a volver a ver. Esta es una forma de mantenerla viva. Nosotros tenemos una consigna hecha por mi hijo que dice: “Por amor seguiremos luchando”. Sembrada la semilla hoy hay una multipartidaria de mujeres a partir del Ni Una Menos. Es impresionante cómo se movilizan.

 

-¿Tiene miedo?

Tengo miedo de morirme y que nadie tome mi bandera, la de su papá, la de sus hermanos, aunque a veces lo deseo porque solamente así dejaría de sufrir. Yo soy militante desde que tengo uso de razón, pero jamás pensé que iba a marchar por mi hija. Yo sigo para que ella siga viva. Al principio pensé en dejar de vivir, incluso lo intenté porque el dolor es inhumano, pero Nahuel, uno de mis hijos me dijo “si vos te vas, yo me voy atrás tuyo”. Y la más chiquita, sin entender bien lo que pasaba, me dijo: “Mamá, yo te necesito para vivir”.

 

Una familia condenada al dolor

Los Melmann y sus hijos se mudaron desde el microcentro porteño a Miramar en búsqueda de tranquilidad en 1992 cuando Natalia tenía siete años. “Queríamos que los chicos crecieran en contacto con la naturaleza, nunca nos imaginamos lo que podía pasar”, señaló Laura.

“Nosotros no conocíamos a nadie, fue el pueblo el que nos señaló los nombres de estos tipos”, recordó.

“Natalia era ejemplar, le gustaba estudiar, amaba la vida. Quería ser obstetra. Me decía: ???No debe haber cosa más linda que ver nacer bebés???. Y ellos la asesinaron. ¿Por qué me la mataron? Si la hubiesen dejado con vida yo la hubiese curado”. (DIB) MCH

 
 

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