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07/07/2020
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Una sobrina del senador tucumano José Alperovich lo denunció por violación

La Plata, nov 22 (DIB).- La sobrina del José Alperovich,
una mujer de 29 años que trabajó junto al actual senador en la campaña
para gobernador, denunció a su tío por abuso sexual.

La denuncia por abuso sexual fue hecha este viernes tanto en
los Tribunales penales de Tucumán como en Buenos Aires, en la Unidad Fiscal
Especializada de Violencia contra las Mujeres (UFEM), ya que los abusos
habrían ocurrido en las dos provincias. Ahora, se espera que un juez ordene las
medidas de protección solicitadas por la joven.

A través de una cruda carta, la mujer contó detalles de todo
lo sucedido con su tío segundo.

 

Esta es una carta que escribió la sobrina:

#NoNosCallamo?sMás: “Durante un año y medio, mi
tío José Alperovich violentó mi integridad física, psicológica y sexual

Estoy segura que ninguna persona que haya sufrido violencia
sexual quisiera estar en este lugar, desnudando la intimidad más dolorosa de su
vida. Pero nos obligan a encontrar en esta manera la posibilidad de ser
escuchadas. Ya no nos callamos más, pero tampoco queremos hablar por lo bajo de
lo que nos pasa, de lo que sentimos, de lo que nos hicieron y de cómo hacemos
para volver a la vida después de que hechos tan traumáticos nos la cambiaron
para siempre.

No escribo para convencer a nadie de nada. Estoy aquí contra
la opresión del silencio y por la necesidad de recuperar mi vida, de sanar
llamando a las cosas como son, sin suavizarlas ni teñirlas, poniéndole al
monstruo nombre y apellido. Cuando no le ponés nombre, no existe.

El mío se llama Jose Jorge Alperovich, mi tío segundo y
jefe, por quién fui violentada sexual, física y psicológicamente desde
diciembre del 2017 hasta mayo de 2019. Durante un año y medio sufrí violaciones
a mi integridad física y sexual. El avasallamiento fue demoledor. Tanto que ni
siquiera pude ponerlo en palabras. ??l oscilaba libre y cómodamente en los tres
escenarios ante los que me posicionaba: el familiar, el laboral y el del horror
de la intimidad que me forzaba a vivir con él.

No quería que me besara. Lo hacía igual. No quería que me
manoseara. Lo hacía igual. No quería que me penetrara. Lo hacía igual.
Inmovilizada y paralizada, mirando las habitaciones, esperando que todo
termine, que el tiempo corra. Ya saldría de ahí y estaría en mi casa, ya habría
más gente alrededor, ya el disimulo y el trabajo lo iban a alejar de mi.

Ya se cansaría de mi, de que no quiera, de que sea
“asexuada” como me llamaba. Pero su fijación no cesaba, durante mucho tiempo
quiso más y más seguido, con más ganas, con más fuerza, con más violencia por
mi resistencia.

La sensación de que nunca nadie iba a salvarme, de que no
iba a haber una interrupción o algo que me sacara de esos lugares. Era
expresamente su voluntad. Yo no podía salir sola del encierro porque sabía que
tras la primera puerta había caseros, y policías y custodios armados. Todos
sabiendo lo que estaba pasando adentro y cuidando las fronteras de él.

Estaba completamente atrapada.

Yo nunca elegí estar ahí de esa manera. Se lo decía en cada
no. Pero mis no para él nunca fueron suficientes. No se trataba del ímpetu ni
de la cantidad de veces que se lo decía ni de como se lo explicaba ni de como
mezquinaba mi cuerpo ni de como intentaba defenderme ni si lloraba o no. Nunca
en mi vida lloré tanto.

Durante todo ese tiempo no tuve ni un respiro. Trabajé sin
parar, sin vacaciones, sin feriados. Solo me liberaba cuando él viajaba. Pero
cuando regresaba, volvía también la pesadilla. Hasta que se detuvo, hasta que
las situaciones en las que el disponía quedarse solo conmigo para tocarme y
penetrarme se volvieron situaciones ya de violencia y maltrato público, delante
de personas. Pero ya no más por dentro, ya no más al hueso, ya no más solos.

Pensar en quién era yo antes, sin miedo, con deseo de
desarrollarme, de aprender, de vivir.

Si me conocías pensarías que era una mujer a la que jamás le
podría pasar algo así. El peligro cayó sobre mí todo junto, encubierto en el
afecto familiar y en la seriedad de lo laboral. Quedé atrapada y atravesada
para siempre.

A mí esto me cuesta desde el día que empezó a pasar y en
todos los sentidos. Solo quiero justicia. Recuperar mi vida. Tengo 29 años, soy
libre, soy joven. Quiero volver a empezar poniendo cada cosa en su lugar.
Responsabilidad de acciones, consecuencias para quien corresponde. Hasta ahora,
sólo las cargo yo. Sacarme esta mochila que ya no puedo sostener más y
entregársela a su dueño.

No miento, no busco fama. Nadie quiere hacerse famosa por
contar el horror que vivió. No quiero dinero ni hay un trasfondo político
detrás de mi denuncia. Soy mucho más que todo eso que se pueda especular. Esto
es por mí. El motivo más importante de mi vida es mi renacimiento, mi sanación
y la búsqueda de justicia. ¿Qué motivo más importante que el valor de mi propia
vida puedo tener?

Estoy acá contando lo que viví por mi seguridad pero también
para que otras mujeres se animen a hablar. Esto no me mato, me puedo proclamar
y me puedo defender. Me puedo recuperar, me puedo cuidar, me puedo elegir. Hoy
elijo no callarme nunca más. A pesar de que me decía, en pleno horror: “cállate,
¿no ves como estoy?”, para tapar todos mis no. No me callo nunca más. Este es
mi nunca más. Ojalá también sea el nunca más de todas aquellas que queremos
dejar de callar.

Elijo cerrar con estas palabras de Zuleika Esnal: “A las que
denunciaron. A las que no. A las que pudieron salir. A las que no. A las que me
escriben pidiendo que escriba. A las que me escriben pidiendo que no, que solo
quieren probar qué se siente que alguien más sepa su infierno. A las todavía
no. A las ahora sí. A las no puedo. A las sin nombre ni apellido. A las no
pongas mi ciudad, por si me encuentra. A las mi vieja sabía y no hizo nada. A
las de huesos rotos. A las que ya no están para contar su historia. A las que
están acá pero no pueden contarla. A las que escriben paredes. A las que no. A
las que salen a la calle. A las que no. A las que me va a sacar el nene si
denuncio. A la memoria de todas. A sus mamás.

A todas las mamás. (?) A las callate y aguantá. A las no
aguanto más. A las me quiero morir. A las de sexo anal para no quedar
embarazada de mi viejo en sexto grado. A las viajeras que no vuelven. A las que
vuelven y es un lujo. A las te escribo ahora que duerme.

A las te dejo que volvió. A las me mata si se entera. A las
no sé a quién recurrir. A las te escribo porque yo no tengo a nadie”. (DIB) FD

 

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