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12/05/2021
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“No sé cómo volver”: una serie para reflexionar sobre mandatos y desigualdades

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La Plata, oct 20 (por Ana C. Roche,
de la redacción de DIB).- “No sé cómo volver” es una serie que ante la pregunta
¿de qué trata? o la intención de recomendarla, dificulta la síntesis, la
respuesta corta, por la profundidad de su planteo. Es que este docuficción es
justamente eso, es pregunta, es cuestionamiento. Interpela los relatos
construidos alrededor de las mujeres y sobre un deber ser que está cada vez más
alejado de las diversas realidades que se transitan.

En ocho capítulos, a través de las
historias de cuatro mujeres que acaban de convertirse en madres -todas basadas
en hechos reales- “No sé cómo volver” pone el foco en lo incómodo, en lo
injusto, en las desigualdades, en los baches que deja el Estado en materia de
derechos y garantías, y también en muchas otras cosas más concretas, con las
que espectadores y espectadoras se toparán sin eufemismos ni alegorías, en
carne viva.

El punto en común de las cuatro
historias que estructuran la serie es el puerperio. “¿Puede una mujer volver al
estado anterior de convertirse en madre?”, dispara en letras rojas la
presentación de los capítulos centrados en Claudia, Mariana, Caro y Laura. Es
un gran dilema que, claramente, no tiene una sola respuesta.

De más está decir que esta serie
fue creada por mujeres con mirada crítica. Silvina Estévez, directora y
coguionista junto a Brenda Howlin -también actriz- de “No sé cómo volver”,
charló con DIB sobre esta producción de gran calidad estética, claridad
argumentativa y pieza imprescindible en estos tiempos de reflexión feminista y
disputa por la implementación efectiva de la Educación Sexual Integral (ESI) en
las escuelas.

“Según la definición de Wikipedia,
el puerperio son los 40 días que atraviesa la mujer con sangrado después de
convertirse en madre. Brenda (Howlin) fue mamá y con 30 años no conocíamos la
palabra puerperio y empezamos a investigar a partir de la maternidad de ella
todas esas cosas que no están en esa definición, que está planteada desde el
punto de vista biológico”, confió Estévez sobre el germen de la serie.

“A mí que no soy madre me interesan
la maternidad y el puerperio por la injusticia social y la falta de derechos
que tenemos las mujeres en ese momento de la vida, en el que además de
sostenernos a nosotras mismas tenemos que sostener a un otro o una otra. Me
interesa eso del puerperio, esa instancia de vulnerabilidad, donde todas esas
cosas son derechos que no están garantizados o esa falta de información, tanto
en nosotras mismas como en nuestros empleadores o en nuestras parejas, que hace
que estemos en un estado de vulnerabilidad mayor ante la agresión del sistema”,
reflexionó la directora.

Uno de los conceptos más fuertes
que se cuestiona en la serie es el de la maternidad rosa, romantizada,
instalada en el sentido común como el momento que debe ser el más feliz en la
vida una mujer, sin contemplar sus lados B. 

“La decisión fue tomar la
maternidad como eje inicial de las protagonistas de los cuatro capítulos, en
los que las cuatro acaban de convertirse en madres. Esa situación las une pero
el resto de las cosas que les suceden son distintas. Una tiene conflicto con su
trabajo, otra con su pareja, la otra tiene una situación interna, otra presiones
para seguir con su actividad académica; también abordamos la decisión de las
mujeres que no quieren ser madres, la adopción”, describió Estévez, y agregó:
“El planteo es preguntarse por, es interpelar la definición de maternidad
instalada en nuestro inconsciente, la situación ideal es que cada mujer
atraviese la maternidad como cada una la sienta. Buscamos desmitificar las
fórmulas tanto de los mandatos tradicionales como de los nuevos mandatos de
crianza que también se tornan ortodoxos; a través de estas cuatro historias
planteamos la idea de que cada una siga su propio camino y lo que elija sea
funcional a su propio deseo”.

Mirada
y potencial educativo

La serie, como docuficción, tiene
una estructura narrativa que resulta muy efectiva para plantear las
problemáticas y sus posibles abordajes. Las historias son recreadas por
actrices y, a su vez, hay un correlato de especialistas, por fuera de la
ficción, que aportan puntos de vista sobre las diversas situaciones que se
presentan.

“La estructura surgió a raíz de que
habíamos escrito cuatro historias de ficción pero luego cuando empezamos a
investigar y a escuchar a sociólogas feministas, puericultoras, doulas, médicos
obstetras de una corriente o de otra, empezamos a tener el deseo de que esas
voces que estábamos escuchando nosotras en la investigación las escuchen
también los espectadores”, señaló la guionista. “También buscamos cómo poner la
cámara en esos lugares donde el Estado no mira, donde el patriarcado no mira,
donde el sistema no mira, poner la cámara en un baño público donde una mujer se
cambia la toallita en una situación incómoda, donde desde el documental
solamente hubiera sido muy difícil acceder a semejante intimidad, entonces a
través de la ficción logramos recrearlo, pero por otro lado, sumamos desde lo
documental todas estas miradas de especialistas, gente autorizada en sus
distintas formaciones y enfoques; quisimos tomar lo más fuerte de los dos
mundos, de la ficción y del documental”, resumió Estévez. 

“No sé cómo volver” no podría haber
sido escrita por varones. La perspectiva de género, el posicionamiento
decididamente feminista, la constituyen de principio a fin y, además, según
Estévez, fue una clave en la interpelación de los actores y las actrices que
participaron.

“A pesar de las dificultades con
las que filmamos por el caos del país, el rodaje fue exitoso por el hecho de
que todas las actrices y actores que convocamos se interesaron y sensibilizaron
en la temática y en el hecho de salir de la perspectiva de tantas producciones
escritas por varones o que responden a la forma de narración hegemónica, o a
las miradas más estandarizadas; hubo cierta convocatoria en el hecho de
cuestionar estas cosas, por eso brindaron su talento y logramos esas
actuaciones y registros tan sensibles”, subrayó Estévez.

La serie también presenta una
potencialidad educativa, que encaja en tiempos de abordaje de la ESI en las
escuelas, tal como lo expresa la Ley Nacional de Educación. Estévez sostuvo que
“le gustaría llevar la serie a espacios de difusión alternativa, desde lo que
se denomina cine comunitario”, acompañando el producto y generando debates.
Para la cineasta, guionista y (casi) socióloga es una posibilidad que puede
darse a futuro, ya que la serie se estrenó hace muy poco tiempo.

“Nosotras teníamos 30 años y no
conocíamos la palabra puerperio, creo que para las generaciones futuras eso
tiene que cambiar. No se pueden conocer los derechos que una tiene en
determinada etapa de la vida si ni siquiera se conoce como nombrarla. Me
encantaría que las próximas generaciones sepan de qué se trata, que los varones
también conozcan esa etapa de la vida que atraviesan las mujeres, así como las
implicancias de la decisión de ser madres y de esos mandatos sobre la
maternidad edulcorada donde se supone que una tiene que estar feliz, radiante,
con un bebé que no llora”, expresó la cineasta, y concluyó: “Es necesario
deconstruir la típica imagen del ?we can do it?, de la mujer trabajadora
levantando su brazo, eso que nos venden como un falso ideal feminista de que la
mujer puede con todo, de que la mujer es todopoderosa, exitosa en la casa, en
su trabajo, con los hijos, con su pareja, eso es muy peligroso”.

Dónde
verla

“No sé cómo volver” fue producida
por Magma Cine, con fondos del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales
(Incaa), y la Universidad Nacional de Tres de Febrero (Untref) participó como
coproductora. La serie se puede ver por Cablevisión Flow y, a partir de
diciembre, va a estar en la plataforma de la Untref en forma gratuita y
posiblemente en el canal de YouTube donde la institución sube sus contenidos. (DIB)
AR

 

 
 

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