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13/05/2021
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Panorama: Kicillof en tránsito suave, Vidal forzada a reducir el daño

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La Plata, ago 17 (Por Andrés Lavaselli, de la redacción de
DIB).- El abrumador triunfo de Axel Kicillof sobre María Eugenia Vidal redujo
la estrategia de la Gobernadora a una política de reducción del daño destinada
a preservar su propia figura para el mediano plazo, perdida casi la chance de
reelegir. En contraste exacto, el candidato del Frente de Todos se enfoca en el
“plan integral” que piensa aplicar, preocupado por rechazar ansiedad de la
multitud de peronistas que se ponen el traje funcionarios en un adelanto de su
primer desafío: cómo equilibrar los sectores internos de su espacio.

La dureza de la crisis económica en una provincia que
acumula los bolsones de pobreza más grandes del país es uno motivo evidente de
la debacle del oficialismo: Vidal perdió 563 mil votos respecto de octubre de
2015, siete puntos porcentuales. Pero el mal manejo político contribuyó, porque
el desmembramiento de la tercera vía que representó la candidatura de Felipe
Solá por el massismo, que aquella vez se había quedado con el 19% de los votos,
terminó de desnivelar la balanza, al eliminar la división más significativa del
peronismo.

Entre las cuestiones que trastocó el resultado, hay una que
ha sido poco desarrollada: el aura de Vidal como la política emergente más
importante del país quedó dañada. Es que los datos duros indican no solo que
Kicillof le sacó 1.569.407 votos de diferencia, sino que ella sumó apenas sumó
342 mil más que Macri. En una elección de casi en la que votaron casi 9,5
millones de personas, esa luz transforma la idea de la superioridad electoral
de la Gobernadora en una hipótesis contra factual surgida de las mismas encuestas
que el resultado desacreditó.

Eso no quiere decir que Vidal no haya llegado con menos
imagen negativa ni que Macri, efectivamente, no la haya traccionado en forma
negativa. Pero el hecho de que no se haya verificado un corte de boleta
significativo (en contraste, otra vez, con el resultado) reenvía el análisis a
la cuestión política. Vidal no logró convencer a Marcos Peña de la necesidad de
aliarse con el peronismo (pensaba en Massa) ni optó por forzar un
adelantamiento de la elección provincial. El “somos un equipo” terminó siendo
una contraseña para asumir costos.

A pesar de que la épica de una “remontada” poco probable que
lanzó el gobierno nacional no la incluye, Vidal parece tener más posibilidades
de sobrevida política que Macri. Y no solo por la mejor ponderación que pese a
todo conserva: también reaccionó mejor que el presidente, cuya conferencia del
lunes parece haber terminado de clausurarle el horizonte. Pero el objetivo, en
un distrito sin balotaje, parece claro para ella: acortar lo que pueda la
diferencia, para mejorar la plataforma que la sostenga si tiene que dejar el
poder.

En ese sentido, es clave la arquitectura legislativa que
emerja de las urnas en octubre: no es lo mismo negociar si se tiene la facultad
de trabar la sanción de leyes que si no se la tiene. En ese marco, la decisión
de Vidal “pintar de amarillo” las listas seccionales puede traerle un dolor de
cabeza: dejó afuera veteranos en favor de dirigentes que deben probar aún su
capacidad de resistir presiones y seducciones que eviten que el devenir de la política
desmembre lo que constituyan las urnas.

La difundida habilitación para el corte de boletas es una
maniobra de cajón en ese marco: si no se da el OK, los intendentes de JpC la
ejecutarán igual, porque se trata de salvar sus propios gobiernos de la ola que
barrió a Macri. En el caso del radicalismo, la cuestión del corte en las
comunas pone en juego también la permanencia de esa fuerza en el espacio, que
de todos modos podría discutir en octubre. Para Vidal, preservar esos
territorios ???piensa sobre todo en Lanús, La Plata y Tres de Febrero- es un
activo, porque aunque es poco factible, hasta quedó el riesgo la reelección de Horacio
Rodríguez Larreta.

 

La otra cara

En la otra orilla, Kicillof se mueve con la cautela de quien
está convencido de que no cambiar nada es la mejor manera de quedarse con todo.
Por eso, recién hacia el final de la semana que comienza retomará sus recorridas
en el Renault Clío de Carlos Blanco, el “kicimóvil” que tanto hizo para
transmitir la imagen de campaña austera y prolija que le dio evidente buen
resultado. El interior de la provincia será otra vez el escenario, con dos
objetivos agregados: el triunfo local en Bahía Blanca y Mar del Plata.

Cerca de Kicillof cuentan que el exministro de Economía siempre
consideró “un error garrafal” algo que hizo Aníbal Fernández en 2015, cuando
corría la misma carrera que él ahora: presentar a lo que sería su gabinete
antes de ganar la elección. La mención no es inocente ni casual: busca
descomprimir la presión a la que lo someten los “autopostulados” a
funcionarios, que son legión. “Le provoca un rechazo visceral esa forma de
venderse que tiene muchos”, dicen en su entorno.

Eso no quiere decir que no tenga equipos definidos ni que no
piense en su eventual gabinete. Por supuesto que ya lo está haciendo. Pero las
razones para la prudencia son múltiples. En algún caso, porque hay nombres en
juego cuya inclusión depende del resultados locales en octubre. Pero más
estructuralmente, porque esa definición será la primera señal fuerte sobre su
rol que tendrán diversos sectores internos de un eventual gobierno surgido de
un frente de unidad que, como su nombre indica, surgió del acople de
diversidades.

De esa distribución, y de la que se haga en el poder
legislativo, dependerá la resolución de lo que puede ser el primer desafío
político de Kicillof, más allá de las emergencias múltiples que se propone
atender si llega al gobierno. La Cámpora, el Movimiento Evita junto con una
miríada de organizaciones sociales, el PJ de los intendentes del Conurbano
están ya pendientes de ese ajedrez, en el que además hay que incluir a Alberto
Fernández, si como todo indica se transforma en el nuevo presidente de la
Nación. (DIB) 

 
 

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