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08/05/2021
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Cinco, el número al que se aferra Vidal en el arranque de su batalla más difícil

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La Plata, abr 21 (Por Andrés Lavaselli, de la redacción
de DIB).- La brisa neokeinesiana que, producto del pánico electoral, hizo
soplar la administración nacional en medio del temporal de la crisis, no
ilusiona a María Eugenia Vidal con una recuperación rápida de la economía, pero
la dejó satisfecha porque cree que el paquete de anuncios del miércoles
clausura el período de inestabilidad que agrietó la cúpula de Cambiemos desde
setiembre. Y porque eso ocurrió en los términos en que ella, junto a un grupo
importante de dirigentes de la primera línea del oficialismo, le venía
pidiendo, hasta ahora sin éxito, al presidente Mauricio Macri.

Vidal desliza un dato político clave cuando se la consulta,
en privado, sobre su evaluación de la batería de medidas con las que el
Gobierno apuesta a dinamizar el consumo de capas medidas y medias bajas de la
población y, a la vez, contener el dólar y la inflación. Dice que ella formó
parte de su diseño, porque fue convocada para opinar al respecto. Es decir:
hasta ese momento, que ocurrió hace dos semanas, permanecía alejada, voluntariamente
según señala, de la mesa de decisiones nacionales del oficialismo.

Va de suyo entonces que la Gobernadora zanjó, al menos por ahora, las diferencias que
mantenía con un sector de la Casa Rosada que para simplificar se corporiza en
el jefe de Gabinete Marcos Peña. La clave fue la aceptación por parte de Macri
de que había que introducir cambios “heterodoxos”, aunque fuesen acotados y de
emergencia, en el programa económico. Vidal no estuvo sola en ese empeño: su
primer jefe político, Horacio Rodríguez Larreta, trabajó con el mismo objetivo,
igual que el sector de Emilio Monzó, aunque la relación de ellos con Macri
sique tensísima y tiene final incierto.

No hay que confundirse: Vidal está lejos de ser una
“populista económica”. Concuerda, y se lo dijo a Macri, en que el foco, ahora,
debe estar puesto casi exclusivamente controlar el frente cambiario y los
precios, aunque el consumo quede en un segundo plano. Pero sabe que sin
paliativos que demuestren, al menos, cierta capacidad de empatizar con el sufrimiento
ajeno, la misión que tiene entre manos, impulsar una recuperación de los
índices de aceptación del Presidente en la provincia, fracasará. Y sin eso, su
propia reelección peligra, tanto o más que la de Macri.

El conjunto de medidas que lanzará Vidal en la semana
demuestra por sí solo que hay una sintonía recuperada con Nación. Pero hay un
costado más directamente político que también ayudó a solidificar nuevamente el
frente interno. Es la señal de contención al radicalismo implícita en los
anuncios del miércoles. Vidal, en ese plano, incluso apuesta a más: cree que la
estructura de Cambiemos debe ser preservada a toda costa ya que una fractura
enviaría una señal de debilidad letal. Y por eso afirma que si el precio es
ceder la vicepresidencia a la UCR, eso debe hacerse. Sería una novedad que no
pondría en peligro el esquema ya acordado para repetir la fórmula bonaerense,
que podría ser anunciado antes de lo que se suponía.

 

Los números

En el entorno político de la Gobernadora prevén dos etapas
hasta llegar a las elecciones. La primera comenzó con los anuncios económicos y
terminará en junio, con el cierre de listas. Será un tiempo de contención, de
tratar de no dar más malas noticias y de potenciar hasta donde se pueda lo
hecho hasta ahora. Vidal reforzará su presencia territorial y mediática y se
mostrará junto al presidente.

La segunda, será la campaña propiamente dicha: formal e
informal. Paradójicamente, porque creen que hoy Vidal y Macri están perdiendo
sus respectivas reelecciones, en el entorno de la Gobernadora miran este tramo
con ilusión. La razón, en parte, radica en que se saben eficaces en materia de
puja electoral y en que intuyen, de modo simétrico, que el kirchnerismo no está
“ni tan unido ni tan organizado” en esa materia. “Ni siquiera tienen un equipo
de campaña unificado”, afirman en La Plata.

Pero hay un motivo suplementario para la luz de esperanza
que alienta el vidalismo. Y está dado por las encuestas. O, más bien, por una
encuesta de los últimos días combinada con un complejísimo trabajo de medición
científica de la opinión pública, que recoge datos desde las semanas previas a
las PASO de 2015. Se centra en 40 municipios, la mayoría del Conurbano más las
ciudades cabecera más importantes del interior, que reúnen en 82% del electorado
de la provincia. Veintiuna de ellas están gobernadas por la oposición y 19 por
Cambiemos.

Guardado bajo siete llaves en un despacho de La Plata, el
estudio indica que si bien Macri está en su peor momento, está menos mal de lo
que la mayoría cree, comenzando por el sistema político. Los números duros
indican la intención de voto del presidente bajó 2,88% respecto de este momento
de 2015. Pero el dato que los ilusiona es que, medidas boletas completas,
Macri/Vidal tendrían hoy 32,05%, contra 36,77% de Kirchner/Kicillof. 

Esa diferencia de 4,72 puntos, a la que se llega porque
Vidal le agrega puntos a Macri, es menor a los 7 puntos del corte de boleta que
permitió el triunfo de la Gobernadora en la primera vuelta de la presidencial
pasada a pesar de que Macri fue derrotado por Daniel Scioli en la provincia.
Puede parecer poco, y es de hecho la diferencia más exigua de cualquiera de
todas las encuestas en circulación, pero es el dato de “arranque” al que se
aferran en Gobernación. El primer objetivo ahora es trabajan para lograr ese
corte o, como dirán en público, para que Macri suba esos cinco puntos. (DIB) AL

 
 

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