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08/12/2022
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Panorama político: El peronismo provincial, entre la unificación y la fragmentación

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La
Plata, nov 25 (Por Andrés Lavaselli, De la Redacción de DIB).- El acuerdo de
unidad que terminó sellando el PJ bonaerense esta semana, luego de las
negociaciones más arduas que se recuerden en mucho tiempo, marca el retorno del
poder territorial de ese sector de la oposición al centro del tablero político
y lo abre a nuevas perspectivas de acumulación, acordes con un tiempo social
marcado por cierta idea de moderación. Sin embargo, no resuelve aún la cuestión
de la fragmentación, un activo esencial para María Eugenia Vidal, que tas
bambalinas fogoneó todo lo que pudo el entendimiento

La
conducción que tomará el poder formal del peronismo el 17 de diciembre expresa
en superficie un acuerdo de los intendentes de la primera a primera sección con
los de la tercera: el Presidente, Gustavo Menéndez (Merlo) representa a la
primera y Fernando Gray (Esteban Echeverría) a la segunda. Pero en lo profundo
es otro el significado: marca el comienzo de un nuevo momento político del
peronismo provincial, definido por el diálogo con el gobierno de Vidal y la
apertura al retorno de sectores que se habían alejado.

Esa
ecuación equivale a decir que el kirchnerismo ya no es hegemónico. O, más
directamente, que la derrota de Fernando Espinoza, que se vio  forzado a retirar su lista porque casi nadie
lo apoyaba, lo impacta. Es que la imposibilidad de imponer al matancero es la
verdadera explicación de la prescindencia de La Cámpora y de la propia Cristina
Kirchner, que no colocaron candidatos en ninguna lista solo para que no se note
que no podían vencer a Menéndez.

Para
que quede claro dónde se para, en sus primeras declaraciones tras el acuerdo,
el próximo presidente del Partido dijo que quiere de vuelta en el PJ a Sergio
Massa y a Diego Bossio. Son dos enemigos jurados de Cristina, casi detestados
por el kirchnerismo tanto como aborrecen a Macri. Cerca de Menéndez afirman, además,
que tardará menos que poco en enviar señales a los gobernadores del llamado
peronismo federal. Ellos, como el intendente, juegan a ser opositores
???razonables???.

Entre
los ganadores no todo es color de rosa. Gray y Menéndez se recelan. O, para ser
más precisos, Martín Insaurralde, que puso allí a Gray, es un escollo para
Menéndez, que quiere por supuesto más que el cargo formal que acaba de
aconseguir. Insaurralde ganó mucho con el acuerdo, para que el que trabajó con
denuedo, en tándem con varios pares del peronismo y también con Federico Salvai
y Manuel Mosca, dos de los principales operadores políticos de la Gobernadora.

El
lomense es ahora una especie de Miguel Pichetto de Vidal: el interlocutor,
siempre levemente crítico, que  hace el
puente con un peronismo al que la proyección futura de la derrota pasada
transformó en dócil. Es lo que dicen los alcaldes (la mayoría de ellos, porque
hay otros que siguen fieles a CFK) cuando dicen que tienen que gobernar y que,
para eso, tienen que encontrar puntos de entendimiento con la Gobernadora,
dueña de una caja reforzada como hace décadas no se veía.

El
esquema supone una mutación: el massismo deja de ser el aliado principal de
Cambiemos, que ahora trabajará con los intendentes, que ofrecen la ventaja de
un bloque propio en Diputados comandado por Julio Pereyra, otro excomulgado K. La
confirmación llegará en pocos días: la vicepresidencia del cuerpo ???reducida en
poder concreto pero simbólica y monetariamente importante- será para Federico
Otermín o Marisol Merquel. Responden a Insaurralde o a Hugo Corvatta, otro
intendente. 

Hay
una razón suplementaria para el respaldo de la Gobernadora: entronizar a los
delegados de los intendentes supone mantener dividido a los bloques peronistas.
Es que en Diputados hay unos (la cuenta es lábil porque las fronteras para
algunos son porosas)  20 camporistas con
bancada propia, contra de 8 a 10 peronistas territoriales. En Senadores la
mayoría K es tan abrumadora -11 de 15- como irrelevante, ya que, una vez
aprobada la Ley de Impuestos, Vidal tiene el número para todo el resto.

De
hecho, la Gobernadora aparece ya desentendida de esos desplazamientos: puso
proa a la paritaria, última discusión importante del año. La clave son los
docentes, ya que descuenta un nuevo acuerdo con UPCN y el resto de los gremios
más cercanos. Sus negociadores ya definieron que volverán a usar la cláusula
gatillo. Creen que en Suteba y FEB cayeron los prejuicios que tendían contra el
mecanismo o lo harán a fin de año, cuando paguen un diferencial de aumento contra
inflación que estiman en tono al 1,5%. 

La
nueva apuesta, tanto como el porcentaje ???que imaginan en torno al 12 por
ciento- será una cláusula para asegurar que las clases comiencen el 5 de marzo,
aunque la discusión siga abierta. Dicen que para ellos serán clave algunas
concesiones antes de que termine el año. Parece demasiado el optimismo:
interrumpir el inicio del ciclo lectivo es un argumento de peso dentro del
léxico sindical de los últimos lustros. Aunque Vidal está en racha??? Se verá.
(DIB) AL

 

 
 

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