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Catamarca, entre piedras y dunas

Catamarca es una de esas provincias que cuenta con una cantidad abrumadora de razones para conocerla, aunque por muchos años supo guardar sus tesoros en secreto, como para elegidos. La ruta de los seismiles, los volcanes más altos del planeta, o la del Adobe, una joyita de herencia colonial, junto a las termas de Fiambalá y los pueblitos escondidos de la Puna, son sólo algunos de los tantos ejemplos.

Pero hay mucho más por ver, como el Campo de Piedra Pómez, un inmenso laberinto natural de rocas de 25 kilómetros de extensión considerado único en el mundo, y las Dunas de Tatón, las más altas del mundo,  que se ganan todos los flashes de los viajeros que llegan hasta hermosa provincia.

En las afueras de El Peñón, muy cerca del volcán Carachi Pampa, la actividad volcánica gestó el Campo de Piedra Pómez de suelo arenoso donde dominan unas formaciones extrañas de roca color talco y ocre con puntas rosadas, como copos de merengue, que se recortan en diagonales contra el cielo azul.  El paisaje, a primera vista, parece lunar. Y cambia de colores, de acuerdo a la luz, el color del cielo y las sombras que las piedras porosas dibujan en la tierra.

El campo es un Área Natural Protegida, a unos 550 kilómetros al noroeste de San Fernando del Valle, en el departamento de Antofagasta de la Sierra, que atesora paisajes que muchos definen como de otro planeta. Se trata de un valle ubicado a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar (msnm), con más de 5.000 formaciones rocosas que se extienden por unos 25 kilómetros, rodeado de inmensos salares, cadenas montañosas y más de 200 volcanes cuya actividad marcó el paisaje hace miles de millones de años, según expertos. 



Con sus formaciones geológicas extrañas, esculturas milenarias y enormes lagunas, el Campo de Piedra Pómez parece sacado del set de una película de ciencia ficción. A pesar de su paisaje fotogénico, no es uno de los sitios turísticos más difundidos del país.

Las condiciones climáticas de esta zona son adversas debido a la amplitud térmica diaria y pocas precipitaciones. La baja presión atmosférica y la altura crean el típico ambiente de puna. Por eso es necesario equiparse con ropa de abrigo o térmica, calzado adecuado de montaña, sobrero, protector solar y lentes oscuros de sol.

Si bien se sugiere realizar la visita entre los meses de septiembre a abril, esto no que no quiere decir que sea imposible hacerlo de mayo a agosto, sino que las crudas condiciones climáticas, en ocasiones, pueden dificultar trasladarse o incluso disfrutar de la estadía.

 


Surf en la arena

Las Dunas de Tatón, nuestro otro destino elegido en la provincia, se encuentran junto a la pequeña localidad cordillerana del mismo nombre, en el departamento Tinogasta, y fue varias veces elegido por los organizadores del Rally Dakar como escenario de esa competición, por lo desafiante de sus terrenos. Se trata de kilómetros y kilómetros de médanos que suben y se pierden en los cerros, o bajan de ellos. 

También a 40 kilómetros al norte de la ciudad de Fiambalá, cientos de jóvenes las visitan para practicar sandboard en los médanos, a más de 2.000 msnm, con dunas de unos 1.200 metros de altura, que sobresalen de una inmensa extensión que semeja un mar de arenas blancas. Algunas dunas llegan a los 1.200 metros de altura, en medio de un lugar inmenso con una importante superficie de arenas blancas elegidas por deportistas para practicar sandboard.