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Malezas: una lucha lote a lote

El manejo de las especies problemáticas y resistentes necesita una estrategia particular en cada potrero. “Llegamos a esta situación por usar siempre la misma receta. Se necesita darle un tratamiento específico a cada lote para aplicar la dosis y el producto adecuado”, explica el especialista Ramón Gigón.

 

Por Juan Berretta / Especializado en malezas, desde hace alrededor de una década y media que el ingeniero Ramón Gigón camina el centro sur de la provincia de Buenos Aires mostrando los resultados de sus ensayos y los distintos casos de invasión de especies en campos de productores. Y en el amanecer de una nueva siembra de fina, el ex técnico de INTA, inicia sus disertaciones bajando línea. El mensaje es claro: “Llegamos a esta situación por usar siempre la misma receta. Para hacer un control más eficiente de las malezas necesitamos hacer un manejo de lote a lote, darle un tratamiento específico a cada uno. Así vamos a aplicar la dosis y el producto que se requiera, y vamos a bajar los costos y cuidar el medio ambiente”.

Gigón, con muchísima lógica, plantea una agricultura de precisión en el tratamiento de las malezas y es lo que busca que los productores entiendan. Por eso, antes de hablar del raigrás y las crucíferas, las especies más problemáticas en la región cerealera bonaerense y que son las amenazas en esta nueva campaña de fina, el ingeniero enfatiza el concepto del manejo “lote a lote”.

 

Protocolo Gigón

En su propuesta del manejo particular de cada lote, el experimentado asesor privado del sur bonaerense plantea la necesidad de “hacer un buen diagnóstico de cuál es la problemática de maleza que enfrentamos. Para eso necesito conocer la historia del lote y el banco de semillas. Sería como tener el ADN de cada lote. Con esa información realizo el diagnóstico y después proyecto la recomendación específica para cada situación”.

Esto que hasta suena un poco básico, a la vista está que no ha sido una práctica común en buena parte de los sistemas productivos de la región. “Hasta hace unos años, sobre todo cuando funcionaba el glifosato, veníamos aplicando la misma receta para todo, y ahí generamos los problemas”, explica. “Porque de ese modo estás aplicando productos fitosanitarios donde no hace falta, mientras que en los lugares donde hay malezas resistentes se necesita hacer un ajuste de dosis, de producto, de mezcla, que no estábamos haciendo”, agrega.

La utilización de recetas únicas no sólo trajo el escape de malezas por fallas en los controles, sino también la aparición de problemas de fitotoxicidad con productos residuales, ya sea por cambio en la rotación sin tener en cuenta lo que se había aplicado, como por acumulación. “Por eso en esto del manejo lote a lote nosotros recomendamos contar con un asesor que monitoree y lleve la historia de las malezas y de los herbicidas aplicados”.

El especialista que se desempeñó 12 años en el INTA (primero en Bordenave, luego en Barrow) y hoy tiene su base de operaciones en Tres Arroyos, pregona “un manejo más responsable de los agroquímicos, de modo de atacar el problema que hay que atacar, ahorrar producto y cuidar el medio ambiente”.

Y ubica en la misma línea prioritaria el monitoreo: “Es fundamental el seguimiento de los lotes, llegar cuando el tamaño de la maleza es chico. Porque eso nos da un abanico de posibilidades. Una vez que crecen, el escenario se complica muchísimo”.

 

Raigrás y crucíferas

Para los cereales de invierno los grupos de malezas más complicados son el raigrás y las crucíferas, que hay tres especies con problemas de resistencia: la nabolza, el nabón y la mostacilla.

“El raigrás está instalado hace años y lo que observamos es un crecimiento regional. En el caso de las crucíferas, especialmente la nabolza, vemos situaciones más complicadas. Según un relevamiento realizado a fines del año pasado el 50% de la superficie destinada a fina tenía presencia de la maleza”, indica Gigón.

En lo que se refiere al raigrás, el ingeniero remarca que “no se puede fallar en el control para todos los nacimientos con los pos emergentes. Después se debe analizar en la estrategia de pre emergente o aplicar un residual nuevo si ya sabemos la resistencia a qué producto tiene esa especie que tengo en el lote”, dice.

Y aclara: “Es fundamental que cada productor sepa cómo se comporta su raigrás, porque hay mucha variabilidad. Es necesario entonces saber a qué herbicida es resistente, como para definir estrategias”.

En este sentido, Gigón explica que si bien por lo general los productores saben qué raigrás tienen, el problema aparece en los campos alquilados que se agarran sobre la siembra y ya vienen con el manchón de la maleza.

En el caso de las crucíferas en particular son problemáticas porque pueden atacar a los cultivos de invierno como a los de verano. Germina, emerge y se establece durante todo el año, entonces, hay que tenerlas en la mira durante los 12 meses.

La principal recomendación que da Gigón para evitar un escape de nabolza es estar encima de los lotes. “Al ser una maleza que nace todo el año necesita monitoreo permanente, incluso también durante la fina. Aunque con un trigo o una cebada se le hace una competencia temprana y la podés manejar de otra manera”, cuenta.

Más allá de que con los cereales de invierno crecería menos, el ingeniero explica que “lo ideal para controlar la maleza sería hacer una pastura donde entre la ganadería y las mismas especies compitan. Es decir, no aplicar mucho herbicida, sino que la pastura de alfalfa o de avena haga una competencia, y que la hacienda la coma. Porque las colzas se usan como forrajeras también, así que la vaca también hace un control”.

En cuanto al manejo químico, la alternativa es “ir aplicando herbicidas residuales. Y luego post emergentes. Pero siempre cuando la maleza está chiquita. Porque una vez que elonga, no hay mucho por hacer”.

 

Residualidad

Por otra parte, el ingeniero enciende las alarmas por el verano seco que hubo en buena parte del territorio bonaerense. “Hay que tener en cuenta que los herbicidas que aplicamos para la gruesa pueden estar todavía en el suelo y tener su impacto en el trigo y en la cebada”, advierte.

Sobre todo en un producto como el diclosulam, que es el que mejor funciona para la rama negra, pero ante el que la cebada es hipersensible. “En los ensayos que hemos hecho, en casi todos los casos habiendo aplicado diclosulam en octubre / noviembre, la cebada se vio afectada en mayor o menor medida. En este producto en particular, lo que más incide es la temperatura del suelo y no tanto el agua recibida, porque tiene que ver con la actividad microbiana”, explica.

Y entonces recomienda “ir a trigo, que tolera mucha más”. Como alternativa plantea la aplicación de productos bioestimulantes para darle fuerza al cultivo y recuperarlo. “También se puede pasar una rastra que ayuda a que el producto se descomponga más rápido”, agrega.

 

 “Hasta hace unos años, sobre todo cuando funcionaba el glifosato, veníamos aplicando la misma receta para todo, y ahí generamos los problemas”.

 

La densidad de siembra limita al raigrás

 Ensayos de la Chacra Experimental Integrada Barrow concluyeron que el incremento de semillas de trigo y cebada en manchones de la maleza limitó su crecimiento.

“La densidad de los cultivos de trigo y cebada ha sido una variante trascendente para mejorar la habilidad competitiva de los mismos frente a raigrás. Al aumentar el número de plantas por unidad de superficie es posible favorecer al cultivo limitando el proceso de enmalezamiento. Esta práctica cobra relevancia dentro de estrategias de manejo integrado de la maleza, donde junto a otras prácticas culturales como al control químico contribuirían a reducir la incidencia y perjuicios del raigrás resistente a herbicidas”, indican los ingenieros Marcos Yanniccari y José Massigoge, técnicos de la Chacra Experimental Integrada Barrow, en la conclusión del trabajo denominado “Experimentación adaptativa: incremento de la densidad de siembra como estrategia de supresión de Lolium spp. en trigo y cebada”.

En el área de influencia de la CEI Barrow (partidos de Tres Arroyos, Gonzales Chaves, San Cayetano y Coronel Dorrego) las poblaciones de raigrás resistentes a herbicidas son un problema frecuente en los lotes de producción de trigo y cebada. En ensayos llevados a cabo en Barrow desde 2016, se ha demostrado que duplicar la densidad de siembra normalmente empleada en trigo, conduce a un cultivo más agresivo frente a la maleza. Los ingenieros aplicaron este manejo en circunstancias de producción en sistemas reales.

Así fue que en dos campos de Coronel Dorrego se evaluó el efecto de la doble densidad de siembra sobre poblaciones de raigrás naturalizadas. “Los productores sembraron el cultivo a la densidad habitualmente empleada y seguidamente en doble densidad, generada por una re-siembra transversal (a 45° aproximadamente una de otra)”, detallaron los ingenieros.

 

Resultados

“En las experiencias del presente trabajo, el aumento de la densidad de siembra definió un número de plantas logradas cercano a 300 por metro cuadrado. Ese incremento no provocó diferencias significativas en el número de espigas de cebada ni de trigo obtenidas al final del ciclo. En promedio para ambas densidades, la cebada y el trigo produjeron 527 y 457 espigas por metro cuadrado, respectivamente. Esto indica que el aumento de la densidad se compensó con una menor producción de macollos fértiles. Tales efectos no llegaron a repercutir en el rendimiento final de cebada ni de trigo cultivados bajo interferencia con raigrás”, especificaron.

Sin embargo, la doble densidad de siembra junto al efecto de la distribución espacial de las plantas (generada por la re-siembra orientada a 45°), afectaron la producción de espigas de raigrás. “En ambos experimentos la maleza produjo la mitad de macollos fértiles”, agregaron.

“El efecto del aumento de la densidad de siembra de trigo y cebada sobre raigrás se propone como una interesante alternativa de manejo basada en el ajuste de densidad de siembra por ambientes. En tal caso, el ambiente donde duplicar la densidad estaría definido por aquellos sitios (dentro de un mismo lote) de alta densidad de raigrás, ‘parches’ o ‘manchones’, que caracterizan el patrón de distribución de la maleza”, concluyeron.