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Cádiz y una aventura muy blanca


Situado en el sur de España, en la región de Andalucía, el litoral de Cádiz forma parte de la Costa de la Luz y cuenta con variadas playas de arena dorada que van desde las urbanas a las extensas casi vírgenes. Con carnavales de prestigio mundial, atractivas carreras de caballos en la playa de Sanlúcar de Barrameda, en la provincia se encuentra parte del bellísimo Parque Nacional de Doñana, aunque muchos visitantes que llegan a la región buscan descubrir  la popular ruta de los Pueblos Blancos por el interior.

Esta antigua ciudad portuaria construida sobre una franja de tierra rodeada por mar, fue la cuna de la Armada Española y su puerto cuenta con más de 100 torres de vigilancia, incluida la icónica Torre Tavira, tradicionalmente utilizada para detectar barcos. Pero Cádiz también destaca por su sabrosa gastronomía, en la que sobresalen el “pescaíto frito” y su marisco, acompañados por los caldos de la Ruta del Vino y el Brandy del Marco de Jerez.



Fundada en 1100 a. C por los fenicios, pueblo marinero que haría de Gadir (nombre en ese momento) una importante colonia comercial en la que se asentarían posteriormente cartagineses, romanos, visigodos y musulmanes. Por sus calles se pueden admirar los innumerables edificios históricos y religiosos que tiene un gran valor histórico y arquitectónico. Y un buen ejemplo de ello es Catedral, visible desde el mar.

Su cúpula recubierta de azulejos dorados, encaja a la perfección con la fisonomía gaditana de aires coloniales. Combina los estilos barroco y neoclásico y su tesoro es de los más importantes de España. Se tardaron 116 años en terminarla, por lo que la mezcla de estilos es evidente. Son de destacar las bóvedas del altar mayor y la sillería del coro, aunque en origen esta última no es de la catedral. En la cripta se encuentra enterrado el genial Manuel de Falla.

Las Murallas de las Puertas de Tierra separan claramente la ciudad nueva ganada al mar - estructurada a lo largo de una gran avenida y de su extenso y ambientado paseo marítimo - de la antigua. El casco histórico posee calles estrechas y pequeñas plazas con barrios tan populares como La Viña - el de los pescadores, el Mentidero, Santa María (verdadera sede del cante flamenco) y El Pópulo.



Este último, es el más antiguo, donde el teatro romano, la catedral vieja y los arcos de piedra se codean con bares de estilo bohemio como Pay Pay, un antiguo lupanar reconvertido en garito con actuaciones en vivo, o el Archivo de Indias y el Pasaje Genovés, ambos en la calle San Antonio Abad. 

Mientras en la emblemática Plaza de San Juan de Dios del siglo XV, primer espacio abierto ganado al mar, se podrá probar el típico "pescaíto" frito, en la Plaza Mina está el Museo de Cádiz, con sus famosos sarcófagos fenicios y unos fondos en su sección de Bellas Artes que la convierten en una de las más importantes pinacotecas del país. En tanto,  en la plaza de Fray Félix está el Yacimiento Arqueológico Casa del Obispo. Son los subterráneos del antiguo palacio episcopal, donde puede verse, a través de suelos de cristal y reconstrucciones digitales, la evolución de la ciudad a lo largo de tres milenios. 

 


Huellas imborrables

Más allá de la ciudad, hay caminos que nos llevan a paisajes únicos. Uno de ellos está conformado por diecinueve municipios de la sierra de Cádiz que trazan una ruta de cal y atalayas entre las sierras andaluzas y el mar. Una opción para alojarse en la zona son las villas turísticas, complejos integrados en el paisaje y la arquitectura de la región, que alquilan habitaciones, casas y bungalós. Los vecinos siguen blanqueando sus hogares, normalmente una vez al año, antes de las fiestas patronales, cuando en las calles venden capanclá, la versión gaditana de “cal para encalar”.

Si bien son muchas las localidades para conocer, hay algunas imperdibles y que tienen que formar parte de un itinerario en un viaje por Cádiz. Arcos de la Frontera es la puerta de entrada a la Ruta de los Pueblos Blancos. Considerado uno de los pueblos más bellos de España, conserva un conjunto histórico magníficamente conservado. Existen huellas de sus primeros pobladores prehistóricos y romanos en el Yacimiento de la Sierra de Aznar, pero a quien debe su impronta y actual fisonomía es a la cultura musulmana. Entre estrechas y empinadas calles y bajo antiguos arcos, el visitante se maravilla en su casco antiguo.

Blanco, como no podía ser de otra manera en este entorno, Grazalema da nombre a esta sierra gaditana. Tiene una encantadora plaza mayor, calles empedradas, casonas solariegas, tres iglesias y un mirador, el de los Peñascos, para quedarse un buen rato viendo la bella panorámica.



Mientras que otra joya de la zona es Olvera. No hay más que dar un paseo por sus calles para ver que sus casas resumen a la perfección la arquitectura tradicional de la sierra. En su trazado laberíntico y jalonado de lienzos de muralla se abren paso la Iglesia de la Encarnación y el castillo, fortaleza musulmana del siglo XII que aún conserva muros, torreones y la Torre del Homenaje. 

A unos kilómetros, el viajero llega a Zahara de la Sierra, un caserío blanco y apiñado en imposibles cuestas, calles estrechas, plazas y miradores, iglesias y ermitas de estilo barroco y un castillo rematado por un torreón nazarí desde el que se advierte una vista impagable. Por si fuera poco, a sus pies reposan las aguas color turquesa del embalse de El Gastor.

En la ruta de los pueblos blancos de la sierra de Cádiz, es Setenil de las Bodegas un pueblo muy bello, pero además curioso. Y lo es, sobre todo, porque sus habitantes han aprovechado un impresionante tajo creado en la roca por el río para construir sus casas cueva, lo que le da un aspecto único. Para descubrirlo, lo mejor es perderse por sus rincones y recorrer las conocidas calles de las Cuevas del Sol y las Cuevas de la Sombra mientras el paseo se acompaña del tapeo en sus bares.