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Las Cataratas del Iguazú como punto de partida

Más allá de los más de 270 saltos alimentados por el río Iguazú que conforman las Cataratas, un espectáculo natural convertido en Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, la provincia de Misiones ofrece al viajero mucho verde, caminos por la Ruta de la Yerba, una recorrida por el Hito de las Tres Fronteras, una escapada hasta las reservas aborígenes y jesuíticas o sumergirse en minas de piedras semipreciosas.

Pese a la oferta de naturaleza presente a lo largo del año, el Parque Nacional Iguazú es la puerta de entrada a las Cataratas y, para muchos, el ingreso para descubrir los secretos de la provincia. Por eso, no está mal arrancar por este universo de agua brava para después seguir por otros sitios del Corredor Verde, como los Saltos del Moconá y las Ruinas Jesuíticas de San Ignacio, que mantiene viva la cultura guaraní en el marco de uno de los últimos relictos de Selva Paranaense.

Según cuentan, la tierra de las Cataratas antes era propiedad privada y pertenecía a Samuel Ayarragaray. En 1928, el Estado compró este territorio por $3.200.000 para hacer una represa y, en 1934, se creó el Parque Nacional. Medio siglo más tarde, en 1984, las 67.620 hectáreas que componen el predio fueron nombradas Patrimonio Natural de la Humanidad y en 2011 se ganó el galardón de una de las Siete Maravillas del Mundo. 

Ubicado en el extremo noreste de Argentina y una pequeña parte en Brasil, estos saltos de agua de más de 80 metros de altura se extienden por casi 3 kilómetros. El Parque constituye una de las zonas con más saltos del mundo: en total existen 275. Sumido en la selva misionera, alberga más de 80 especies de mamíferos, 450 de aves y de 2 mil especies de flora autóctona.

Una posibilidad es conocer primero las cataratas del lado brasilero, para tener una mirada de frente, algo que impactará. Para este trayecto como así también para el recorrido en Argentina, es fundamental llevar ropa contra el agua, o bien estar dispuesto a mojarse. Luego, del lado nacional, habrá que estar dispuesto a caminar (imprescindible el calzado cómodo y la ropa que soporte el agua), ya que hay distintos circuitos que nos permitirán tomar fotografías diferentes para apreciar los inmensos saltos. 

El circuito inferior presenta una dificultad media, con una pasarela que se interna por debajo de los saltos, al corazón de las cataratas. Este circuito ofrece una experiencia más íntima con el paisaje y un contacto pleno con la naturaleza. Se trata de un recorrido circular de unos 1700 metros por el que se accede a ocho miradores. En tanto, al circuito superior se accede desde la estación del parque y ofrece una caminata de 650 metros de pasarelas con una vista panorámica del conjunto de los saltos y del delta del río Iguazú. Seis amplios miradores y lugares de descanso convierten al paseo en una fuente de energía y relax al contacto con el agua.

 


El mayor impacto

Pero uno de los máximos atractivos del lugar es la Garganta del Diablo, bautizada así por una leyenda guaraní, que es un imponente anfiteatro donde millones de toneladas de agua caen desde unos 80 metros de altura. El sonido es estremecedor y por momentos, la garganta despide bocanadas de agua hacia el cielo, bañando a quien esté sobre la tarima. Hasta allí se llega primero en el Tren Ecológico, pero luego hay un buen trayecto de caminata sobre una tarima que atraviesa el agua.

Para disfrutar con los más pequeños, hay una experiencia que se repite cada mes con la llegada de la luna llena. Es recorrer el parque de noche, bajo esa luz romántica y el silencio que genera ese espacio verde. Estos paseos son excursiones nocturnas realizadas durante el plenilunio de cada mes que tienen como objetivo que los visitantes puedan conocer unas Cataratas y una selva diferentes: las que se esconden en la noche.

Una de las aventuras que suele acaparar la atención de los viajeros es la de viajar en lancha hasta muy cerca de las cataratas, o bien desde la Estación Garganta se puede bajar a través del río Iguazú en una balsa a remo donde la naturaleza y el silencio son las estrellas de la tarde. En tanto, otra posibilidad para los amantes del trekking es una atractiva caminata de unos 7 km por el interior de selva misionera. Se trata del Sendero Macuco, que llega hasta el salto Arrechea, de unos 23 metros, donde se tiene un real contacto con la flora y la fauna de la zona. Mediante esta ruta autoguiada también se llega al territorio de los monos caí, donde el visitante podrá encontrarse con estos curiosos personajes.

 


Más atractivos

Un plan perfecto en estas latitudes se completa con una recorrida por el Hito de las Tres Fronteras, un paisaje descontracturante donde se aprecia la confluencia de los ríos Iguazú y Paraná. Desde el lugar -tiene una feria de artesanos-, se pueden observar los tres países, y en cada uno de ellos, existe un obelisco pintado con los colores nacionales de Argentina, Brasil y Paraguay.

Cerca de Iguazú, por la ruta 12 y camino a las reservas aborígenes y jesuíticas, están las minas de piedras semipreciosas y cuarzos de Wanda. Se trata de la Compañía Minera Wanda, que comenzó sus actividades en el año 1994, cuando el yacimiento Selva Irupé se convirtió en el primero de piedras preciosas de la provincia. Este sitio cuenta con un servicio de visitas guiadas, con el que los turistas pueden apreciar los diferentes sectores del yacimiento, sus talleres y los salones de venta.

Un poco más adelante, se llega hasta la reducción jesuítica San Ignacio Miní. En el muy completo museo se explica la obra realizada en la región por los sacerdotes, que crearon treinta comunidades habitadas por guaraníes entre los siglos XVI y XVIII. En medio de construcciones de adobe -o lo que quedan de ellas-, el turista se va sorprendiendo a cada paso por lo que fue el trazado urbano de esa comunidad y la organización que tenían con su plaza, el cementerio y las viviendas de los pobladores, entre otras edificaciones. Pero sin duda la Iglesia de más de 60 metros de largo y 30 de ancho, con tres grandes puertas de entrada, es la joya que cautiva todos los flashes.

 


Más que saltos

A 250 kilómetros de Iguazú está El Soberbio y ya la ruta para arribar a este destino es sumamente interesante. Un sube y baja permanente por las ondulaciones del terreno que se conjugan con la tierra rojiza, el verde de los campos, y casitas de maderas construidas sobre pilotes.

En esta región donde la cultura guaraní  se saborea a través de platos como el chipá guazú, un pastel de choclo con queso, el visitante comienza a disfrutar de la naturaleza desde que inicia el trayecto que une El Soberbio con el Parque Provincial Moconá con sus miradores que ofrecen hermosas vistas. El predio se encuentra en la Reserva Biósfera Yabotí declarada como tal por la Unesco en 1995.

En el Parque se encuentran los Saltos del Moconá (“el que todo lo traga”) una gran falla geológica sobre el río Uruguay, entre las desembocaduras de los arroyos Pepirí Guazú y Yabotí. Se trata de un cañón de 3 kilómetros de largo con caídas de agua paralelas a su cauce de 5 a 15 metros de altura; y se distinguen por disponerse de manera longitudinal y no transversal como la mayoría de las cascadas. Los  turistas podrán recorrer los senderos naturales descubriendo los ejemplares de diferentes especies que pueblan una de las regiones de mayor biodiversidad del planeta y también visitar el mirador sobre el Río Uruguay.

 


Rumbo a la capital

En el otro extremo de las Cataratas está Posadas, la capital provincial, con mucho verde y que en los últimos años se ha modernizado.  Uno puede recorrer la Costanera –con luminosas vistas del río Paraná y la orilla de Paraguay– y el barrio histórico Bajada Vieja, el Mercado La Placita con su infinidad de locales, la Galería del Mate, el Centro Cultural de la estación de tren y los puestos de los artesanos del Paseo Bosetti.

A 61 kilómetros de Posadas, nos encontramos con Apóstoles, un buen inicio para conocer la Ruta de la Yerba Mate, única en el mundo. Se trata de un itinerario hermoso entre paisajes siempre ondulantes y verdes, que  invita a seguir viajando para conocer en profundidad uno de los productos argentinos más cotidianos. Una parada obligada en la zona en Tres Capones, una localidad de inmigrantes ucranianos, polacos y rusos. Allí se destaca  la Iglesia Ortodoxa Rusa, que tiene en Tres Capones un bello templo con una enorme campana de 7 kilos de oro, de las que existen solo tres en el mundo. En su interior, este majestuoso templo sagrado guarda verdaderas obras de arte que merecen ser conocidas. Además de un Iglesia Ucraniana, cuya estructura respeta y resalta toda la cultura y religiosidad de su origen, el pueblo se completa con sus chacras, cuidadas por colonos para degustar platos típicos.