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El norte bajo el agua

Más de 3.000 evacuados, pérdidas de cultivos de algodón y girasol, rutas cortadas y parajes aislados son las consecuencias de las inundaciones provocadas por las lluvias de las últimas semanas en Chaco, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes. Al momento de la publicación de PLAN VERDE, la situación estaba normalizada en Santiago del Estero y en el este de Tucumán. Si bien las lluvias que excedieron toda previsión fueron determinantes, el otro gran problema que tiene la zona es el desmonte indiscriminado para generar terrenos agrícolas, lo que provoca falta de absorción y erosión hídrica.

"La emergencia más fuerte está por ahora (se refiere a mitad de enero) en las provincias de Santa Fe, Chaco, Corrientes y Entre Ríos", precisó Rodrigo Cuba, director nacional de Respuesta a Emergencias y Desastres de la Cruz Roja Argentina.

Cuba detalló que en Santa Fe había unos 200 evacuados y un acumulado de 900 milímetros de agua caída, mientras que en Chaco había entre 1.300 y 1.400 evacuados, en Corrientes unos 800 y en Entre Ríos alrededor de 800.

"En Entre Ríos tenemos complicaciones en las zonas cercanas a la ribera del río Uruguay, que está subiendo de manera progresiva y casi llega al nivel de evacuación", alertó Cuba, quien agregó que se está trabajando para asistir a los evacuados y evitar "enfermedades vectoriales, dérmicas y todo tipo de afecciones transmisibles".

En Chaco cayeron en lo que va de enero 472 milímetros de agua, cifra que se convirtió en el récord de los últimos 66 años para ese mes en la provincia, afirmó la Municipalidad de Resistencia. Asimismo, cultivos de girasol y algodón se vieron afectados en el sudoeste de la provincia, aunque "todavía no se pudieron estimar las pérdidas", informó por su parte el Ministerio de Producción local.

El presidente Mauricio Macri, cuando volvía de visitar al presidente brasileño Jair Bolsonaro, realizó hoy escala en Chaco para conversar con los pobladores afectados por las inundaciones de las últimas semanas y sobrevoló la localidad de Barranqueras, situada a 10 kilómetros de Resistencia, una de las más damnificadas por el fenómeno climático.

En Corrientes se mantenía cortada la ruta 123 hasta la ruta 14 y otras 15 estaban siendo monitoreadas, mientras que algunos parajes permanecían aislados por las lluvias, señaló el gobernador Gustavo Valdés, quien declaró el estado de emergencia en la provincia.

El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) estimó que las lluvias continuarán afectando las zonas ya complicadas durante los próximos días, y no descartó la presencia de ráfagas y granizo.

En tanto, las Fuerzas Armadas coordinaban tareas de asistencia a los damnificados en Corrientes, Chaco y Santa Fe, informó esta tarde el Ministerio de Defensa nacional.

 

El horror de la deforestación

El Gran Chaco Americano, que actualmente se ubica entre los once lugares más deforestados del mundo, es la ecorregión boscosa más extensa del continente americano después del Amazonas. Se extiende por más de 100 millones de hectáreas, de las cuales el 60% se encuentra en nuestro país abarcando las provincias de Chaco, Santiago del Estero, Formosa, norte de Santa Fe, Córdoba y San Luis, este de Salta, Tucumán, La Rioja, Catamarca, y el oeste de Corrientes. Esta inmensa ecorregión alberga más de 3.400 especies de plantas, 500 especies de aves, 150 especies de mamíferos, 120 de reptiles y aproximadamente 100 de anfibios.

La expansión de la frontera agropecuaria ocurrió principalmente en la región chaqueña y en las yungas. Estos ambientes se eliminan afectando profundamente la riqueza biótica y los servicios y bienes ambientales, que además son pobremente conocidos.  En la región chaqueña, la superficie deforestada entre 1998 y 2002 fue de 805.000 Ha.

En la región chaqueña la agricultura se realizó tradicionalmente en suelos del Chaco subhúmedo oriental y occidental. En el oriental, conocido como bosque de tres quebrachos, perdió el 85 % de su cobertura original. En las áreas con ocupación agrícola más antigua las pérdidas son mayores. En la región de Sáenz Peña, en 2002 la agricultura ocupaba el 85% de la superficie, mientras que el 15 % restante no tiene aptitud agrícola, estando ocupado por comunidades propias de suelos salobres o anegadizos.

El área cultivada en la provincia del Chaco pasó de 946.000 a 1.399.000 has. de 1992 a 2002. En este período, la liberación de soja transgénica en 1996, junto con la debacle del algodón, llevaron a que la soja ocupe en 2003 el 52 % de la superficie sembrada. Este cultivo deja poco rastrojo, lo cual deja al suelo desnudo, expuesto a factores erosivos, y a la pérdida de materia orgánica.

Durante años, el desmonte propiamente dicho, produjo la pérdida de hasta el 25% de la capa superior del suelo, de entre 4 y 5 centímetros. Si la naturaleza tarda 400 años en formar un centímetro de suelo, en el mismo proceso de desmonte se perdía la fertilidad acumulada en 1.600 años. Por otra parte, el laboreo posterior podía reducir el potencial del suelo en un 50%. Esto sin contar la exposición al sol, al viento y a las lluvias concentradas.

El desequilibrio hídrico posterior al desmonte deriva del hecho de que la vegetación, especialmente los árboles, mantienen las napas freáticas bajas y retienen las sales en profundidad. Al eliminarse el bosque, las napas aumentan arrastrando con ellas las sales, las que pueden llegar al nivel del suelo.