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Los Reartes, una reliquia colonial

Considerado el pueblo más antiguo del Valle de Calamuchita, Los Reartes, una pequeña villa de aires naturales y coloniales, fue testigo del proceso histórico de la cultura de nuestro país. Declarado “pueblo patrio” en 2006, entre las aguas serpenteantes del apacible río Los Reartes se levanta un entorno de gente cálida que vive sin prisa y rodeada de la silueta de las Sierras Chicas de Córdoba.

Cada verano, sus hermosas playas de arenas y confortables balnearios, son un encanto para los turistas que buscan un contacto directo con la naturaleza, y que aprovechan estos aires serranos para disfrutar de experiencias como el avistaje de aves, trekking, cabalgatas, mountain bike, excursiones en 4 X 4 y paseos aéreos.

Si bien el pueblo es pequeño y queda relegado muchas veces bajo las luces de Villa General Belgrano, ubicado a 13 kilómetros, un recorrido por sus calles de tierra nos transporta a otros tiempos, donde los originarios pobladores comechingones y sanavirones eran dueños absolutos de los campos. El casco histórico invita a caminarlo por el empedrado, relajado, con cámara en mano. Los inmigrantes que tomaron la posta de los conquistadores españoles pusieron pie aquí a principios del siglo XVIII, cuando fueron establecidos los límites de la estancia San Lorenzo del Sauce.



Cuenta la historia que Juan de Iriarte formó la estancia Nuestra Señora de Copacabana en 1714, más conocida con el apellido de los propietarios: Iriarte, Rearte o Riarte, denominación que más tarde bautizaría al río y a su valle. Su hijo, Francisco, comenzó la construcción de la casona donde hoy funciona el Restaurante Lo de Acevedo, un sitio para probar los manjares de la zona. Luego se fueron levantando el resto de las viviendas de la cuadra. Y recién más de un siglo después, en 1868, el Censo Nacional de Población denominó el lugar Distrito Los Reartes.

Enfrente de estas casonas con muros de adobe y ventanas enrejadas, se encuentran dos de los edificios más interesantes del pueblo y que todos los viajeros buscan para grabar sus imágenes en celulares o cámaras: la Capilla de la Inmaculada Concepción y la pulpería Segundo Sombra.

La Capilla es una de las más antiguas y encantadoras del Valle de Calamuchita. Para ingresar, hay que dar la vuelta a la manzana, ya que la entrada principal, curiosamente, está sobre la calle paralela, frente a una plaza con vista a las sierras. Esta iglesia comenzó a construirse en 1816 para reemplazar a la antigua que databa de 1738 y que estaba ubicada a unas cuadras del actual emplazamiento. Su edificación, una construcción de adobe crudo blanqueados a la cal y techos de tejas coloniales, estuvo a cargo de los feligreses. Entre las imágenes se destaca la de su patrona, la Purísima Inmaculada Concepción, al igual que varias reliquias de algarrobo talladas por los indígenas.



En tanto, la pulpería, un almacén de época que inició su actividad allá por 1929 ofreciendo desde alimentos hasta remedios, aún hoy sorprende a los viajeros. Supo ser el lugar de encuentro del pueblo, una especie de club social. Allí se jugaba a las cartas, se debatían los temas de interés local y cruzaban las opiniones políticas. El comercio pasó por varias manos hasta que en 1962 comenzó a funcionar allí el Almacén de Ramos Generales y Bar Pulpería Don Segundo Sombra, de Abel Moisés y Aníbal Segundo Freytes. Hoy sus puertas siguen abiertas y en su interior se conservan algunos los objetos y muebles de la época. Aunque ya no es lo que supo ser, es común encontrar a algún vecino en horas de la mañana tomando un aperitivo y conversando sobre la vida local. 

La escuela Pedro Palacios (de 1895) y los restos de morteros de los primeros pobladores hallados a la vera del río completan el circuito poco frecuente por las sierras cordobesas. Estos últimos son las muestras visibles que los comechingones dejaron en la zona: los cuencos hechos en roca viva a donde solían triturar frutos silvestres y sustancias colorantes.

 


Relax en el agua

Además de sus huellas históricas, Los Reartes es rico en naturaleza y tiene uno de los ríos más elogiados de la provincia. Ideal para los más pequeños debido a que tiene diversos sectores con poca profundidad, el río que cruza el pueblo se encuentra al pie del cerro Negro y recorre el camino encontrando su forma entre árboles y arena. Al costado se puede acceder a paradores y balnearios.

Durante los meses de verano, cuenta con sectores controlados, ofrece servicios de asadores, estacionamiento y baño. De esta forma se orienta al visitante, ordena el tránsito y mantiene la limpieza del lugar, ya que son muchos los visitantes que llegan, por ejemplo, de Villa General Belgrano a pasar el día. En la extensa costanera, desde la que se puede acceder a balnearios con pequeñas cascadas, hoyas y zonas rocosas, se destacan Playa Tranquila, El Chorro, Toma de Agua, El Aguacero y La Curva de Capilla Vieja.

Más allá del relax que genera este río, donde conviven niños con sus padres hasta abuelos que ponen la reposera en el agua sin temor a la corriente, también es visitado frecuentemente por pescadores de todos los puntos del país para la práctica de pesca deportiva con devolución obligatoria.