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Mónaco, donde el lujo es vulgaridad

Visitar el Principado de Mónaco, una monarquía constitucional sobre la Riviera, con una superficie de apenas 2 kms2, supone sumergirse en un mundo de excesos y derroches, pero que es, a la vez, una experiencia sorprendente y deslumbrante para aquel que quiera meterse de lleno en el corazón del lujo en estado puro. Si bien este sitio exclusivo de Europa evoca grandes apuestas, yates multimillonarios, películas de James Bond, no es sólo un lugar para caprichosos multimillonarios, sino para curiosos que se contentan con ver desde fuera este paraíso de la Fórmula 1 convertido en el mundo de las oligarquías europeas y las grandes fortunas del planeta.

Rodeada de montañas y labrada por la historia, el Castillo Grimaldi es una de las construcciones más emblemáticas de esa parte de la costa francoitaliana, reducto monárquico entre repúblicas, de sobria belleza y que transmite el enorme peso de la historia. Este palacio se abre al público durante los meses de junio y octubre. Una vez dentro, se encuentra  un patio decorado con tres millones de guijarros en diferentes formas geométricas además de hermosos frescos genoveses. Aunque hay que subir un buen tramo de escaleras para alcanzarlo, las vistas que se obtienen desde allí compensan sobradamente el esfuerzo.

El palacio es la residencia oficial de los actuales gobernantes del país, liderados actualmente por el Príncipe Alberto II hijo de Grace Kelly y el Príncipe Rainiero. En realidad, desde finales del siglo XIII es gobernada por los Grimaldi. Y según cuenta la historia, los españoles la ocuparon en el siglo XVII, pero durante la Revolución Francesa volvió a perder su independencia. A partir de 1848, el Principado perdió dos de sus tres comunas, quedándose finalmente con el actual territorio de Mónaco. Y si bien hoy en día es un país independiente, tiene una estrecha relación con Francia, y a pesar de no formar parte de la Unión Europea, aceptó al Euro como su moneda oficial.

En la parte norte está uno de los distritos más conocidos: Montecarlo. Y es aquí donde está uno de los emblemas de este lugar: el Casino, probablemente el más famoso y elegante del mundo. Ningún viajero debería marcharse del principado sin por lo menos entrar y contemplar sus magníficos salones, aunque claro está que jugar una ficha no es para cualquiera. Construido en 1863 por el histórico arquitecto Charles Garnier, al que se le debe igualmente la majestuosa Opera de París, este casino se estableció con el propósito de salvar a la familia Grimaldi de la banca rota. Actualmente, cuenta con un código de vestimenta y se debe pagar una entrada. Los frescos ejecutados a la manera del pintor Boucher, los bajos relieves, las esculturas y cariátides, su asombroso atrio de mármol y oro y su arquitectura dan al lugar una solemnidad inolvidable.

Aún hoy en la las afueras del casino, situado en una plaza llena de Ferrari, Rolls Royce y Bentley además de exuberantes mujeres, se recuerda la historia de Charles Deville Wells, un estafador inglés que llegó a Montecarlo en el verano de 1891. Entró al casino con 4 mil libras y como un simple jugador de ruleta, pero se retiró de él como leyenda y con medio millón de francos en el bolsillo. Hizo saltar la banca una docena de veces, y se animó a repetir su proeza ,meses después.


 

Salgo a caminar

Manejar no es la mejor forma de transportarse en Mónaco, no sólo por sus cortas distancias sino porque los sistemas de autobús público y bicicletas eléctricas gratuitas son mucho más eficientes. Sin embargo, los que quieren recorrer las serpenteantes curvas de la Riviera pueden alquilar una Ferrari o un Lamborghini, a cambio de unos 1600 euros. Muchas de las calles, una vez al año y en mayo, se convierten en el circuito urbano de Fórmula Uno, que congrega a miles de fanáticos del automovilismo. Como las vías son estrechas y con curvas muy pronunciadas, la pista, que vio correr vehículos por primera vez en 1929, está considerada como una de las más demandante de la categoría.

La Villa Mónaco también conocida como Le Rochere (la roca) le ofrece a los visitantes la oportunidad de caminar por el vecindario más antiguo de Mónaco. Esta vieja ciudad fue construida sobre una tierra rocosa que sobresale hacia el mar Mediterráneo. Se presume que data del siglo VI antes de Cristo cuando los griegos establecieron una colonia en este espacio. La Villa se comprende mayormente de calles para peatones y pasajes que retienen un carácter medieval. Hay una gran cantidad de hoteles, restaurantes y tiendas de suvenires así como varios de los sitios importantes, como el Museo Oceanográfico.

El museo data de 1910 y está construido directamente sobre el mar, en un acantilado que se alza 85 metros por encima de las aguas. En sus diferentes plantas es posible contemplar colecciones de maquetas, barcos, útiles de pesca y de navegación, además de un gran esqueleto de ballena y un acuario impresionante con más de 4 mil especies de peces. Un dato no menor es que fue dirigido durante años por el célebre oficial, buceador e investigador Jacques Costeau, lo que da la medida de su importancia y espectacularidad. Otro museo elegido es el de la Chapelle de la Visitation, donde hay obras  de Rubens Zurbarán, Ribera y otros maestros barrocos italianos de la colección de Barbara Piasecka Johnson.

Cada país católico tiene una catedral nacional para conocer, y en Mónaco esta es la de San Nicolás, que lleva el nombre de la primera iglesia católica construida en el país en el siglo XIII y demolida en el XIX. Actualmente la iglesia es conocida como la Catedral de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción. Construida en piedras blancas La Turbie, en 1875, este edificio de estilo romano-bizantino alberga las sepulturas de los difuntos Príncipes. De la decoración interior, se puede admirar principalmente un retablo del pintor nizardo Louis Bréa que data del año 1500, del altar mayor y del trono episcopal de mármol blanco de Carrare. De septiembre a junio, todos los domingos a los 10, misa cantada por “Les Petits Chanteurs de Mónaco” y “La Maîtrise de la Cathédrale”.

Entre los espacios verdes recomendados, está el Jardín Exótico, un reino de la exuberancia, de lo insólito y del surrealismo de la naturaleza. Inaugurado en 1933 y  acondicionado acertadamente junto al peñón, este jardín presenta más de mil suculentas de las que la mayoría son cactus, y tiene algunas de las plantas con más de 100 años de vida. Al pie de la colina se encuentra una cueva subterránea a la que los visitantes podrán tener acceso a través de un guía. El jardín también forma parte del Museo de Antropología Prehistórica ya que varios fósiles y esqueletos humanos antiguos fueron encontrados en la zona. Este hermoso jardín es un lugar perfecto para tomar hermosas fotos panorámicas de Mónaco pues desde este punto tendrás una hermosa vista de la bahía.

También, imperdible en la zona, es el Jardín Japonés, un espacio sorprendente que no hará más que complementar de manera extraordinaria la visita turística a este centro del lujo y el glamour. Diseñado por expreso deseo de la princesa Grace de Mónaco, hay elementos que proceden del concepto sintoista, como el puente rojo que conduce a las islas que representan los dioses. También hay una cierta inspiración budista, como las áreas zen que incluyen un mar de grava rastrillado en elipse. Son 7.000 metros cuadrados repletos de belleza y delicadeza, dedicados al cultivo espiritual. 

 


Arena y barcos

Si el principado de Mónaco se identifica de forma habitual con el lujo, con las tiendas de las mejores marcas y con los magníficos yates que atracan en sus aguas, el puerto de Hércules es el epicentro de todas estas actividades. Ubicado el La Condamine, el segundo vecindario más antiguos, en él, los visitantes encontrarán la embarcación perteneciente a personajes famosos y, con suerte, ver alguno caminando por sus calles. Como cualquier puerto deportivo de alto nivel, el de Hércules está lleno de establecimientos para hospedarse y de comercios de las mejores marcas. Pasear por estas instalaciones significa trasladarse a un mundo donde no existe la prisa sino el placer. Observar los imponentes yates y cruceros que atracan en esta instalación puede servir de estímulo a su imaginación e incluso animarle a conocer esta parte más lúdica del país.

Otro puerto preferido por “los ricos” es el de Fontvieille, ya que muy poca gente puede pagar las enormes cantidades de dinero al día que significa tener sus yates y botes estacionados en este lugar. Hace cinco décadas el Port de Fontvieille era solo un espacio de arena rodeado por rocas, pero hoy tiene espacio para albergar 275 embarcaciones y ofrece entretenimiento para los viajeros que lo utilizan. La marina rodea la costa del pueblo de Fontvieille con calles y edificios al borde del agua, lo que permite tomar excelentes fotografías.

Y si la idea es tener unas horas de playa, Lavotto es la única, aunque como su superficie es mucho más rocosa que arenosa por lo general se recorre calzado. Si bien no es una playa de arena fina, ya que no es natural, no está mal para darse un chapuzón y alquilarse una cama de día para hacer un poco de relax. Algunas secciones son públicas, pero muchos espacios son pagos. En esta zona están también algunos de los principales hoteles de la ciudad como el Monte-Carlo Bay y un montón de restaurantes o bares para poder tomar algo.

 

 

TU GUÍA
Cómo llegar
Los vuelos entre Buenos Aires y Niza rondan los 23.500 pesos. Desde esa ciudad francesa hay que recorrer unos 22 kilómetros hasta Montecarlo en tren por unos 10 euros. Si bien hay hoteles a puro lujo, se encuentran habitaciones desde 1500 pesos la noche aunque los ubicados en el centro arrancan en 3200 pesos.
 
Cuánto gastar
Un aperitivo de sopa de arbejas con ñoquis cuesta 76 euros en el Louis XV, el restaurante de Alain Ducasse con tres estrellas Michelin en el Hotel de París. Pero hay muy buenos restaurantes donde comer, con una copa de vino, está 20 euros por persona o una pizza por 12 euros.