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Descubriendo los pueblos salteños

La provincia de Salta es un abanico interminable de bellos paisajes, un crisol de colores que sorprenden a los viajeros durante los doce meses del año. Desde la incomparable Cafayate y su valle rodeado de bodegas y viñedos, pasando por el colorido circuito por la Quebrada de las Conchas o la impresionante Quebrada de las Flechas, o bien la atrapante Cachi con sus construcciones de adobe. Pero también Salta capital, con su pasado escrito en cada calle o  en la plaza 9 de Julio, la Catedral o el Cabildo, es un imán para los turistas que se pierden entre bares y peñas para tener contacto con la música o entre las cuestas verdes asoman por encima del cemento.

Fundada en 1582 por el español Hernando de Lerma para convertirse en nexo entre los minerales de Potosí, en Bolivia, y el puerto de Buenos Aires, “La Linda” sirve como punto de partida para recorrer pequeñas localidades que la rodean y que, cada una de ellas, tiene vida y encanto propio. 


 CHICOANA

Chicoana, que en lengua quechua significa “pedacito de cielo escondido”, es conocido por ser el pueblo en el que los gauchos le ganaron una batalla a la corona española y todavía hoy sus habitantes mantienen sus costumbres y tradiciones. Entre casas bajitas construidas en torno de la iglesia, este sitio del Valle de Lerma y a 45 kilómetros de la capital provincial, tiene sobre su espalda un hecho que marcó su pasado: en su suelo se celebró la primera misa en territorio argentino, allá por 1536.

Los orígenes se remontan a tiempos prehispánicos y cerca de Cuzco. Los indios chicoanas, originarios del actual Perú, habían sido exiliados por el Inca hasta las afueras de Cachi, en los Valles Calchaquíes. Pero la tribu fue desplazada una segunda vez por los colonizadores españoles tras un sublevamiento. Así llegaron al pueblo, que recibió su nombre en 1659, y fueron entregados a la tutela de los jesuitas.

En la actualidad, este sitio de casas bajas y una plaza que concentra todo el ritmo de la vida cotidiana, marcada sobre todo por el cultivo de la hoja de tabaco, es un lugar especial para realizar cabalgatas por angostos caminos entre las altas plantaciones. Además, el pueblo rinde su homenaje al tabaco, que lo hace vivir el 1° de agosto el Día de San Isidro, patrón de los tabacaleros, con una fiesta provincial que incluye desfile de carrozas, concursos de almácigos, y desfiles de gauchos y máquinas agrícolas.

 


CERRILLOS

En el corazón del Valle de Lerma salteño, al que se accede a través de la ruta nacional 68, se levanta San José de los Cerrillos, un pintoresco pueblo que se destaca por sus construcciones bajas y su plaza, frente a la que se ubica la iglesia principal. En un sitio que enamora por su paz y testimonio de ello quedó inmortalizada en la zamba que popularizaron Los Chalchaleros y que dice “Cómo olvidarte Cerrillos si por tu culpa tengo mujer”.

Esta localidad está caracterizada por el cultivo del tabaco, tan típico de este valle. Fue fundada en 1822 y en ella se firmó el Pacto de Cerrillos, acuerdo entre los Generales Güemes y Rondeau, a partir del cual el Gobierno nacional reconoce al primero de ellos como gobernador de Salta.

Una de las atracciones más convocantes es el tradicional corso con más de 100 años de historia. Entre carrozas, comparsas y caporales que bailan al ritmo de la música, cajas y tumbadoras, los locales hacen sentir al turista uno más de esta fiesta inolvidable. Su historia refleja que todo comenzó con el entusiasmo de los inmigrantes europeos por recrear las mismas tradiciones de sus tierras. En los primeros corsos participaban carrozas que se armaban sobre carros tirados por bueyes y que estaban adornados por telas, papeles de colores y flores, naturales y artificiales. Las chicas que iban en los carruajes las arrojaban al público que las veía desfilar, de ahí que se ganó le dio la denominación de Corso de Flores.

La parroquia San José, con su estilo post modernista, conserva las imágenes de la antigua iglesia que se derrumbó. La sorpresa para los que llegan hasta allí está en el Altar Mayor y la mesa de Ofrendas, donde verás una impactante imagen de la Última Cena tallada en mármol. En tanto, una travesía imperdible es al Cerro San José, para conocer la Gruta que alberga la imagen del Santo Patrono. A caballo o a pie, desde la altura uno puede sacar una foto panorámica de Cerrillos y del Valle de Lerma que quedará en el recuerdo por siempre.

 


LA CALDERA

A 22 kilómetros de la ciudad de Salta, en el Valle de Siancas, La Caldera cuenta con una arquitectura de principios del siglo XIX, muy bien conservada. Entre montañas, el sol y el río le dan al visitante una visión sobrecogedora, sobre todo con la imagen del Cristo Redentor de 26 metros de altura, que está en actitud de protección y contemplación del pueblo. En su base se encuentra una moderna capilla y una amplia zona parquizada.

Enclavada en medio de aterciopeladas serranías y testigo del Festival Nacional de la Chicha durante marzo, un imperdible, como suele pasar en cada poblado salteño, es la Iglesia Nuestra Señora del Rosario. Construida por los Jesuitas en el Siglo XVII, está ubicada al costado de un antiguo camino incaico. Con una arquitectura que remite a sus orígenes, la iglesia es fiel testigo de la historia del lugar, que también atrae por sus artesanías, especialmente lo necesario para el ensillado de los caballos.

En el ingreso al pueblo y siguiendo la ruta nacional 9, se encuentra el dique de Campo Alegre, Ingeniero Alonso Peralta, donde se pueden practicar deportes náuticos y está permitida la pesca. Construido a principios de 1970 y circundado por cerros y quebradas, es un escenario ideal para la práctica de caminatas y recorridos en bicicletas. 

Siguiendo la ruta 9 se ingresa al denominado camino de cornisa, que lleva hacia la provincia de Jujuy. A esta altura del camino, la vegetación comienza a cambiar y los cerros muestran la característica de las yungas. Una ruta para expertos al volante y que se debe circular con cuidado.

 

EL CARRIL

El paisaje de praderas y montañas que recorta la ruta 68 en su trayecto hasta los Valles Calchaquíes impone una parada ineludible a 37 kilómetros al sur de Salta capital: se trata de El Carril, donde uno podrá respirar aires de otros tiempos entre sus viejas casonas y plazas con flores y una de las estaciones de ferrocarril más pintorescas de la región.

Rodeada de cultivos de tabaco y plantaciones de verduras y frutas, este poblado colonial de calles poco transitadas, es una escapada ideal desde la capital, sobre todo, en época en que se desarrolla el colorido Festival Nacional de Canto y Jineteada “Carrileñazo”. Este encuentro se realiza en mayo, justamente en la estación perteneciente al viejo Ramal C-13, del ex Ferrocarril Belgrano, que está en un antiguo edificio restaurado, y en donde se puede disfrutar de ferias gastronómicas y artesanías, entre otras actividades.

Las huellas más visibles de la colonia española se aprecian en la arquitectura del edificio municipal y en la parroquia Nuestra Señora de las Mercedes. Desde su construcción en 1960 lucen el altar de madera tallada y delicados detalles de mármol y bronce.

El pasado de El Carril se cuenta con detalles en el Museo Histórico Regional. A pocas cuadras de allí, el paraje El Bañado remite a una batalla independentista, protagonizada en 1814 por una partida de 60 gauchos de Güemes encabezados por Pedro Zabala, que emboscaron y obligaron a huir a fuerzas del Ejército realista.