Inciar sesión



Si aún no es usuario y desea acceder a este servicio, por favor, comuniquese con agencia DIB de Lunes a Viernes de 13:00 a 20:00 horas al (0221) 422-0084 o por correo electrónico a ventas@dib.com.ar


Compartí la nota

Dermatitis atópica: una enfermedad de la piel que pica, duele, se infecta y es difícil de tratar

La dermatitis atópica es una enfermedad de la poco se habla y se conoce, pero puede impactar significativamente en la vida de los pacientes y, con distintos niveles de severidad, es una de las enfermedades inflamatorias de la piel más frecuentes. En ocasiones, se la confunde con psoriasis, sarna o reacciones medicamentosas. Y puede generar aislamiento, ansiedad, trastornos del sueño y depresión.

La dermatitis atópica genera síntomas debilitantes como piel seca, picazón intensa y persistente, enrojecimiento, costras y secreciones. “Presenta múltiples caras, según la edad del paciente, pero su síntoma principal es el prurito, acompañado de piel extremadamente seca y reactiva”, explicó Cristina Pascutto, médica dermatóloga, actual presidente de la Sociedad Argentina de Dermatología (SAD).                                                                                                    

Para muchos, la picazón es severa o intolerable. Pica tanto de día como de noche, por lo que 8 de cada 10 pacientes con dermatitis atópica moderada a severa sufren alteraciones del sueño y más de la mitad reporta que la picazón interrumpe su sueño de 5 a 7 noches por semana.

“Algunas personas se rascan dormidas o intentando conciliar el sueño. A veces, el rascado llega a escucharse desde la habitación contigua. Es duro para los padres que ven sufrir a su hijo o para un esposo ver a su pareja en esa situación. De todos modos, quien más lo padece es el que tiene toda su vida atravesada por picazón, sarpullido, enrojecimiento y dolor”, sugirió Gabriel Gattolin, presidente de la Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica (AAAeIC).

Además, el 50% de los pacientes, siempre hablando de la variante de moderada a severa, también siente dolor. Las lesiones pueden llegar a cubrir más de la mitad del cuerpo y se manifiestan en áreas sensibles como párpados, cuello, codos, muñecas, rodillas y tobillos. Al rascarse, los pacientes pueden lastimarse aún más y aumentar el riesgo de infecciones.

“Esta enfermedad afecta aspectos cotidianos de la vida como la elección de la ropa, la realización de actividad física, salidas con amigos, irse de paseo, o cuestiones más importantes como la presentación en púbico, las relaciones interpersonales o la actividad sexual. Esto impacta negativamente en términos psicológicos pudiendo generar ansiedad, depresión o aislamiento”, agregó Gattolin.


DIAGNÓSTICO CORRECTO

Los especialistas señalaron que si bien uno de los elementos para llegar al diagnóstico son las localizaciones típicas donde aparecen la lesiones, “en algunos pacientes se da una distribución diferente con aspectos parecidos a otras condiciones como eczema numular, prurigo, dermatitis seborreica, psoriasis, sarna y hasta reacciones medicamentosas”. Por lo tanto, para llegar al diagnóstico correcto, muchas veces es necesario realizar otros estudios más específicos.

Así lo describió Pascutto, quien amplió que “cuando el paciente llega a la consulta por primera vez, se le pregunta si tuvo algún tipo de manifestación de las vías respiratorias, porque es altamente frecuente que presenten cuadros de asma, rinitis y conjuntivitis alérgica, rinosinusitis crónica y alergias alimentarias. También se lo indaga sobre antecedentes familiares, además de confirmar, claro está, la existencia de lesiones cutáneas o piel extremadamente seca”.

En tanto, Gattolín reconoció que “el prurito que sufren es el criterio mayor de diagnóstico y el motivo central por el que van a la consulta. No obstante, el enrojecimiento, la piel hinchada, agrietada, gruesa y supurante condicionan un cuadro complejo, muchas veces severo y difícil de tratar”.

Suele ser considerada una condición de la infancia, porque afecta a entre el 5 y el 20% de los niños, de los cuales entre el 10 y el 40% presenta la forma severa. De todos modos, en 3 de cada 10 casos continúa tras la pubertad y, de hecho, algunos pacientes inclusive experimentan los primeros síntomas recién de grandes.

Pero más allá de estos datos estadísticos, “estos pacientes  hacen numerosas consultas, cambian constantemente de médico y muchas veces son tratados inadecuadamente, por lo que su vida se transforma en un peregrinar de padecimiento”, indicó Gattolin.

 

ENROJECIMIENTO Y SARPULLIDO

En esta condición, se da lo que se denomina un ciclo entre la picazón y el acto de rascar, que genera aún más picazón. En primera instancia, las células del sistema inmune envían señales para que se inflame la superficie de la piel y esto hace que pique. Al rascarse, se rompe la barrera de la superficie de la piel, permitiendo el ingreso de virus, bacterias y alérgenos. Esto, a su vez, reactiva las células del sistema inmune, las que envían señales que producen más picazón, enrojecimiento y sarpullido.

Hay factores que contribuyen a la aparición de brotes y deben ser evitados:

 -Estrés
 -Alérgenos alimentarios (huevo, leche, trigo, soja, maní, otros)
 -Aeroalérgenos (ácaros del polvo, malezas, epitelios de animales, hongos, otros)
 -Irritantes tipo limpiadores cutáneos, ropa de lana o fibras sintéticas
 -Agua caliente
 -Jabones de mala calidad y detergentes agresivos
 -Clima con temperaturas extremas, humedad o sequedad excesiva
 -Infecciones de la piel por determinados microorganismos
 


Desde la Sociedad Argentina de Dermatología, puntualizaron que la recomendación más importante se basa en el cuidado de la piel y  el control de la piel seca, “restableciendo la barrera cutánea a través de la utilización de productos de higiene y emolientes adecuados y específicos para este tipo de pieles, para evitar de esta forma el rascado, la exacerbación de las lesiones y las sobreinfecciones”.

 Ésta es una enfermedad multifactorial en la que el tratamiento debe ir dirigido a mejorar la barrera cutánea (integridad de la piel), evitar su deshidratación y tratar la inflamación. Por tanto, mantener la piel humectada e hidratada con cremas para tal fin es la medida más importante.