Inciar sesión



Si aún no es usuario y desea acceder a este servicio, por favor, comuniquese con agencia DIB de Lunes a Viernes de 13:00 a 20:00 horas al (0221) 422-0084 o por correo electrónico a ventas@dib.com.ar


Compartí la nota

Un paseo por la costa uruguaya

PIRIÁPOLIS

Si bien en el partido de Maldonado, Punta del este es la ciudad turística más conocida y que suele atraer a miles de argentinos cada verano, en estos últimos años Piriápolis, a pocos kilómetros de allí, se volvió un destino ideal para pasar en familia. Con mucha gente también en los meses de calor, suele ser menos desbordante, y conjuga naturaleza, cultura y mar de una manera exquisita.

Aunque el corazón de la ciudad late en la Rambla de Los Argentinos, recorrer sus extensas playas, subir al Cerro del Toro, conocer el Castillo de Piria, el Parque Pan de Azúcar o el Castillo Pittamiglio son solo algunas de las opciones que el viajero que llega hasta allí con el calor del verano puede disfrutar. Hoy, a más de 120 años de los primeros cimientos que plantó allí en soledad, Francisco Piria, este paraíso ofrece una gran cantidad de hoteles y posee una activa vida nocturna.

El primer balneario de Uruguay construido durante la belle epoque, puede recorrerse en bicicleta. Partiendo desde el balneario Playa Hermosa, a la altura de la Parada 14 de la ruta que bordea el mar, este primer punto (que limita hacia el oeste con Playa Verde) se encuentra emplazado sobre una bahía y presenta una playa de arena muy clara. Allí se pueden hacer paseos en barco y pesca artesanal, a la vez que su ubicación es ideal para contemplar la caída del sol. A dos kilómetros en dirección este, siguiendo la ruta y ya casi en la entrada a la ciudad, se llega a Playa Grande.


 

LA PALOMA

Un poco más arriba, hacia el mar abierto, está el partido de Rocha, colmado de playas.  Ya en pleno Océano Atlántico, una sucesión de pueblos areneros atraen a turistas de todo tipo. De variadas temperaturas, colores e intensidades del oleaje, cada rincón de este trayecto merece ser conocido.

La Paloma es un destino tranquilo y pintoresco, más allá de ser el balneario más grande y cercano a Rocha. La ciudad ronda en torno a la avenida principal llamada Solari, donde hay una feria con artesanías y objetos nativos, algunos bares y restaurantes, y una plaza donde algún músico viajero despliega un improvisado show cada noche de enero.

Tanto la Playa de La Aguada al norte, y la Solari al sur, presentan grandes olas, bares, y deportes en la arena, así como extensas áreas de grandes dunas y aguas transparentes especiales para la relajación. Entre estas dos playas de La Paloma hay una bahía muy tranquila para los deportes acuáticos y la actividad familiar. Mientras que  una playa muy famosa y popular es la Balconada, donde los bares con música en vivo durante la puesta del sol garantizan la diversión, sobre todo de los que tienen espíritu de juventud. Es uno de los mejores lugares de Uruguay para ver el atardecer y la gente allí tiene la costumbre de aplaudir al sol cuando se pone.

 

LA PEDRERA

El siguiente balneario imperdible es La Pedrera, que se ha convertido en uno de los destinos predilectos para las vacaciones de uruguayos y argentinos por sus playas y vida salvaje. Dentro de lo que es la costa uruguaya, este pueblo tiene un estilo hippie chic; si bien todo es rústico, hay locales de ropa, restaurantes y alojamiento de nivel y de costos elevados.

La Pedrera es una pequeña villa de muy pocos habitantes, con una gran diferencia en el oleaje del mar entre las playas céntricas de El Barco y El Desplayado. La primera tiene olas tan violentas que naturalmente erosiona la arena de la orilla y la playa baja en una abrupta pendiente hasta el mar. Allí se junta la juventud uruguaya, principalmente montevideana, que eligen La Pedrera para ir a pasar las vacaciones de verano con amigos. Unos pocos metros más allá, donde termina El Barco, el agua es más templada y tranquila, de esas que dan ganas de quedarse nadando por un buen rato antes de ir a tirarse al sol.

 


CABO POLONIO

Entre piedras y playas solitarias, Cabo Polonio respira su espíritu de pueblo de pescadores. Ubicado dentro de una reserva natural, donde todo es ecológico porque no hay electricidad, ni gas, ni agua corriente (apenas señal de celular), es un verdadero paraíso del que uno se enamora apenas pisa su arena. 

Caminar por sus calles de arena, desenchufarse del caos y stress de la ciudad, y a la vez conectarse con uno mismo y con la naturaleza. Así son las horas en este lugar de caminos irregulares de arena que unen las pequeñas y bajas casas blancas y rústicas con los ranchos coloridos. En el Cabo se pueden apreciar los mejores cielos estrellados de Uruguay. Cuando atardece sólo queda la luz de la luna y algunas velas en las mesas de los bares.

Una aventura imperdible es el cruce de la colina, es decir, de Cabo Polonio, ya que se descubre un mar sin olas, igual al conocido en el Caribe como el "mar pileta", de color azul profundo como los lagos de deshielo e igual de frío, pero la transparencia es tan profunda que cuando el agua llega al pecho uno baja la vista y ve sus pies. No hay viento, la arena es fina y clara, y el sol se pone frente a uno.

El Faro de Cabo Polonio, la única construcción alta del lugar que yace imponente custodiando el mar, puede visitarse diariamente para poder llevarse de recuerdo una panorámica de la tan mágica aldea. A los pies del faro hay una manada de lobos marinos tendidos al sol casi inmóviles que se puede ir a visitar y mirarlos jugar con sus crías.