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Mirar el mundo a través de pantallas: ¿qué es el estrés visual y cómo afecta a nuestros ojos?

Un día en la cotidianeidad: pasamos de la tele, al celular, de la compu a la tablet, quizás sin levantar mirada. Llegamos a la noche con la “vista cansada”. Pero, ¿sabemos en realidad cómo afectan estos artefactos a nuestra salud ocular? El estrés visual existe, según describen los expertos, y puede desencadenar en problemas aún mayores.

 

El término médico para definir esta situación es “astenopia” (o “cansancio visual”). Los médicos oftalmólogos del Consejo Argentino de Oftalmología (CAO) lo describen como “un conjunto de molestias oculares que aparecen como consecuencia de un esfuerzo prolongado de la visión”.

 

Es los ojos tienen que adaptarse continuamente a diferentes situaciones de iluminación, pero fundamentalmente, con las nuevas tecnologías, a fijar la atención en pantallas ubicadas a corta distancia, situación que exige un esfuerzo continuo del sistema de acomodación o enfoque de nuestros ojos.

 

La capacidad de ajuste a distintos niveles de iluminación se denomina adaptación a la luz. En ella actúan varios mecanismos que se activan de manera simultánea. Uno de ellos es la capacidad de variar el diámetro de las pupilas (se trata del área circular negra ubicada en el centro de nuestros ojos y que se corresponde con un orificio en el centro del iris de cada ojo).

 

La pupila se dilata cuando la iluminación del ambiente disminuye y se achica cuando estamos en un ambiente intensamente iluminado. También la retina (la membrana sensible de nuestros ojos en donde el estímulo luminoso se convierte en una señal eléctrica que se transmite al área visual del cerebro) tiene la capacidad de adaptarse a estos cambios de iluminación.

 

Pasar mucho tiempo frente a la pantalla de una PC, un smartphone o cualquier otro dispositivo digital, usar luces de bajo consumo en interiores, así como también estar al aire libre y recibir la luz solar, son actividades que obliga al ojo a hacer un mayor esfuerzo para adaptarse a distintas intensidades y calidades de iluminación, independientemente de si la luz es natural o artificial, ocasionando molestias visuales que con el tiempo pueden llevar a disfunciones visuales.

 

Este trastorno, cada vez más frecuente en la población, puede manifestarse por una molesta sensación de cansancio ocular, enrojecimiento de los ojos, visión borrosa o doble, ojos secos, lagrimeo excesivo, dificultad para enfocar y, en algunos casos, puede ir acompañado por dolor de cabeza, mareos e incluso insomnio. No obstante, las manifestaciones oftalmológicas dependerán de cada persona y del ámbito donde se encuentre.

 

Lo más alarmante es que, pese a estas molestias, no se toman las medidas necesarias de prevención, como utilizar lentes fotosensibles que se adapten a los cambios de iluminación, reducir el tiempo de exposición frente a las pantallas, protección (con filtros incorporados a las lentes) ante la luz azul y rayos UV, además de una correcta postura corporal.

 

Los ojos tienen que adaptarse continuamente a diferentes situaciones de iluminación, pero fundamentalmente, con las nuevas tecnologías, a fijar la atención en pantallas ubicadas a corta distancia.


Por esta razón, los profesionales del Consejo Argentino de Oftalmología (CAO) señalan que: “es importante conocer cómo se manifiesta este cuadro de cansancio visual (astenopia o estrés visual) y, tras identificarlo, consultar al médico oftalmólogo”.

 

Los síntomas más comunes son: prurito ocular (sensación de “comezón” en los ojos), conjuntivitis, ojo seco, visión borrosa, lagrimeo constante, migraña, hipersensibilidad a la luz y hasta insomnio.

 

¿QUÉ SUCEDE CON LOS CHICOS?

 

Hasta el año 2011 había un consenso general sobre el impacto negativo de las pantallas en menores de dos años y se recomendaba no exponerlos. Hoy la Academia Americana de Pediatría acepta el uso de video chat (como Skype) en menores de 18 meses ya que es una forma de interaccionar con los seres queridos y considera que no es negativo el uso de aplicaciones interactivas de calidad, siempre como una actividad en la cual también participe un adulto junto con el niño.

 

“El tiempo máximo de exposición a pantallas en niños de entre dos y cinco años es de una hora diaria. En esta franja de edad es muy importante que sean los padres los que elijan los contenidos. La televisión y el resto de medios digitales no deben convertirse en una niñera ni en un objeto de consuelo”, sostuvo por su parte

 

Betty Arteaga, médica del Servicio de Oftalmología del Hospital Italiano de Buenos Aires y profesora del Departamento de Clínica Quirúrgica del Instituto Universitario.

 

“Entre los 5 y los 12 años el tiempo de exposición a pantallas puede ir aumentando de 60 minutos a 90 minutos diarios en la infancia hasta la pubertad. Está demostrado que pasar demasiadas horas ante las pantallas favorece el sedentarismo y la obesidad infantil”, agregó.

 

El consumo de medios digitales se dispara durante la adolescencia, sin embargo, no debería sobrepasar nunca las dos horas diarias desde los 12 años en adelante. “En este momento los menores hacen uso, especialmente, de las redes sociales, por lo que es aconsejable que los padres tengan conocimientos acerca de cómo funcionan”, indicó Arteaga.

 

Es que el exceso en el uso de pantallas puede ocasionar irritación ocular al disminuir los movimientos de parpadeo que lubrican la córnea, también dolores de cabeza, principalmente cuando los niños no tienen corregidos defectos en la agudeza visual. Debido a las posturas que se adoptan durante el juego, pueden aparecer dolores musculares o vicios posturales, muy perjudiciales en un organismo en crecimiento.