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Joyas de la arquitectura porteña

Dentro del paisaje moderno que impone Buenos Aires, sus palacios, que se descubren en cada uno de los barrios porteños, se erigen como memoria viva de la ciudad. Parte de la historia de los primeros años de Argentina, embellecen cuadras y barrios y detienen miradas y flashes. Hoy De Viaje hace un recorrido por tres de ellos.

 

PALACIO BAROLO

Ubicado en el barrio de Monserrat, el Palacio Barolo invita a visitarlo con diferentes propuestas que abarcan desde la experiencia de escuchar música de violines o violonchelos, deleitarse con poemas de Jorge Luis Borges, o hacer un recorrido romántico y misterioso en la noche porteña, todo en el magnífico edificio que representa, según algunos investigadores, a la Divina Comedia de Dante Alighieri.

El Barolo, un emblema de la Avenida de Mayo, es una joya originalísima del patrimonio porteño. Lo construyó el arquitecto italiano Mario Palanti entre 1919 y 1923 por encargo de su compatriota y empresario textil Luis Barolo. Se valió de tradiciones occidentales -mármol de Carrara y la pasión neogótica por las alturas- y orientales -las curvas del templo indio Rajarani Bhubaneshvar, siglos XI- XII, en la cúpula-, con novedades de aquellos años, como el hormigón armado. 

Para algunos investigadores, Palanti se basó en la Divina Comedia. Es que hay coincidencias entre el edificio y ese gran poema: 100 metros de altura, 100 cantos de la Divina Comedia; 22 pisos, 22 estrofas en ciertos cantos; 11 balcones, 11 estrofas en otros cantos.

El Barolo está rematado por un faro giratorio de 300 milk bujías en el piso 22 que, en 1923, transmitió con sus luces el resultado de la pelea por el título mundial de boxeo entre Luis Angel Firpo y Jack Dempsey en Nueva York. En el año 2010, el Gobierno porteño impulsó la restauración del magnífico faro para que participara, con su destello, de las fiestas del bicentenario argentino.

El edificio ubicado en Avenida de Mayo 1370, puede ser recorrido en sus distintas modalidades, los lunes, miércoles, jueves, viernes y sábados durante todo el año, inclusive los feriados, y con reserva previa.


 

PALACIO PAZ

El Palacio Paz, uno de los edificios emblemáticos de la Belle Époque de la ciudad de Buenos Aires realizado a imitación del Palacio Chantilly de Francia y la fachada del Louvre que mira al río Sena, abre sus puertas varios días a la semana para que turistas y locales visiten sus casi 12.000 metros cuadrados -14 habitaciones-, disfruten de un almuerzo y escuchen fantásticas historias sobre un fantasma que se pasea por el lugar. 

Inaugurada en 1914, la mansión del fundador del diario La Prensa, José Camilo Paz, fue realizada en Francia y armada como un rompecabezas, pieza sobre pieza, en el predio ubicado en Avenida Santa Fe 750, donde la gran vía del norte de la ciudad hace una curva para respetar el trazado de la Plaza San Martín. Pero José C. Paz no pudo ver la obra terminada porque falleció dos años antes de que esté finalizada.

Al recorrer los salones del palacio, el visitante hace un viaje en el tiempo por las distintas escuelas de arquitectura, que se inicia en la señorial entrada Luis XIV, y un imponente pasillo de casi media cuadra cuyas paredes están cubiertas de una exquisita boiserie de nogal.

En el salón circular de la entrada el visitante puede contar hasta diez clases de mármoles de diferentes colores y países de origen, mientras que conmueve su cúpula con vitrales que cambian de color según la hora, mientras las estatuas de Carrara permiten pasar al espacio siguiente bajo otras esculturas realizadas en estuco.

Los salones tienen sus paredes cubiertas de brocato y seda colocadas en bastidores intercambiables según la hora o la estación del año, mientras que al patio que da al jardín de invierno en un tercer piso lo custodia un monumento al Tambor de Tacuarí. Las puertas tapizadas o de vitreaux se abren y cierran interminablemente hasta llegar al Gran Salón de Honor de estilo neogótico o Tudor, todo cubierto en nogal tallado al milímetro donde se destaca su mesa central de roble y la chimenea hecha de manera íntegra en piedra tallada.

 


PALACIO PICCALUGA

Recientemente restaurado, pero prácticamente igual a como lucía cuando era habitado por la familia Piccaluga, este tradicional palacio de Buenos Aires ahora abre sus puertas a quienes quieran conocer su belleza. Es uno de los edificios más señoriales de la Ciudad de Buenos Aires y está ubicado en el barrio porteño de Recoleta.

El "Petit Hotel" de 2.000 metros cuadrados cuenta con tres plantas armonizadas con un gran jardín interno, al que acompañan en su tarea de dar luz al inmueble varios patios internos que le garantizan también una excelente circulación de aire dentro del edificio, que conforma una visión minimizada del Grand Hotel, tipología muy difundida en la aristocracia francesa de fines del siglo XIX.

La construcción es una idea del arquitecto ítalo suizo, Domingo Donati, quien lo vio terminado en los últimos diez años de su vida y había estudiado en la Academia de Brera, en Milán, luego de lo cual se mudó a Argentina.

El estilo francés Beaux Arts comenzaba a perder peso por la llegada de la Belle Époque y su renovación cultural, con el Art Nuveau, razón por la cual la casa de la familia Piccaluga se realizó en un estilo ecléctico, francés e italiano, que le otorgó una identidad muy particular sobre la calle Marcelo T. de Alvear al 1560, donde fue emplazado. Ahora esas puertas palaciegas se pueden cruzar para participar de las visitas guiadas que se realizan de día. Pero también se puede conocer de noche, y aprovechar su show musical más una degustación de vinos y mesa de quesos.

Los actuales dueños comenzaron las obras de restauración del inmueble en 2016 y reabrieron para convertir el edificio en un salón multiespacio, ideal para celebrar fiestas y reuniones sociales gracias a las cuales ahora se puede apreciar por dentro su arquitectura, su paz y el calor que provee en invierno su elegante chimenea realizada en mármol de San Juan.