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Henderson: las heridas del clima siguen abiertas

La localidad del centro-oeste bonaerense sufrió inundación, sequía y un ciclo de excesiva humedad ambiente a lo largo de 14 meses. La cosecha granaria se redujo en un 40% respecto a la campaña anterior, lo que equivale a $ 1.100 millones de pérdidas.




Por Juan Berretta / Es muy común que al momento de evaluar las consecuencias que los fenómenos climáticos tienen en la producción agropecuaria se hable de cifras enormes y que, en la mayoría de los análisis, se haga mención a cuestiones generales que poco tienen que ver con el día a día del productor o de los habitantes de las ciudades que laten al ritmo del campo. Por caso, es muy difícil de dimensionar para un ciudadano medio, el impacto que la sequía y las inundaciones de la última campaña tendrán sobre el PBI argentino. Incluso por más que los números sean publicados por los medios.

En cambio, si a un vecino de un distrito que no llega a los 10.000 habitantes se le explica que cada camión de la localidad tendrá 35 viajes menos para hacer por lo que se dejó de cosechar, entenderá bastante más la gravedad de la situación.

Ese es uno de los datos que surgen del informe que la Asociación Rural de Henderson realizó para relevar las consecuencias de las inclemencias climáticas en la campaña 2017/18. Al igual que muchas zonas de la región pampeana el partido de Hipólito Yrigoyen -Henderson es su ciudad cabecera-, ubicado en el centro oeste de la provincia de Buenos Aires, debió soportar en apenas 14 meses las peores caras del clima. Las malas noticias arrancaron en febrero de 2017 con el inicio de las lluvias que terminarían generando una gran inundación. Ya en la primavera, el escenario dio un vuelco de 180 grados y fue el inicio de una sequía extrema que recién se cortó en marzo de este año.

Aunque eso no significó la normalización total del factor clima, porque a mediados de abril comenzó un temporal que se extendió unos 30 días, en los cuales prácticamente se registraron precipitaciones cada 48 horas, cuestión que impidió avanzar con la cosecha.

Así, el clima le pegó a la fina y a la gruesa en partes iguales y en todas las etapas del desarrollo de los cultivos y de sus logísticas.

 

Pérdidas de cosecha

“La caída final de la producción granaria fue de un 40% con respecto a la campaña anterior. Si tomamos los valores medios de la producción podemos determinar el valor de las pérdidas, superando estas los 1.100 millones de pesos. Una cifra que tendrá un gran impacto en los productores y en la economía local en general”, indica el informe realizado por la entidad ruralista.

“Las casi 250.000 toneladas menos de producción, no sólo afecta a los productores agropecuarios, sino que también se traslada a los acopios, a las agronomías, a los talleres, al transporte y al comercio en general”, agrega.

Y para dimensionar el complejo escenario que se atraviesa, la Asociación Rural de Henderson tomó como referencia al transporte granario. Las pérdidas registradas en la campaña 2017/18 representan un equivalente a 8.200 viajes menos de camión, que representa unos 35 viajes menos por cada unidad que hay en el distrito. “Situación que se reflejara con mayor peso en los próximos meses”, advierte.

 

Los daños

El trabajo ofrece una descripción de la afectación que produjo el clima en la agricultura. “El arranque de la fina fue complejo debido a la gran superficie afectada por las inundaciones, sectores con falta de piso y caminos inaccesibles, lo que hizo que el área sembrada cayera fuertemente, siendo un 70% inferior a la campaña anterior”, se explica.

Para la gruesa tampoco fue fácil, ya que los problemas continuaban, aunque la fase seca de fin de año permitió que la caída de superficie no sea tan grande. De todos modos, “fue la menor área sembrada de las últimas campañas, cayendo un 28% respecto de la anterior, siendo inferior a las 100.000 hectáreas”.

Con la cosecha de soja terminada y la de maíz ya muy avanzada, la entidad cuantificó cuál será la producción del distrito. “Claramente esta baja de la superficie sembrada, sumado al efecto de la sequía, se llegó a una caída de un 40% de las toneladas producidas, con respecto a la producción del año anterior”, se informa.

En este contexto no es un dato menor el peso de los derechos de exportación que todavía hoy soporta la soja. Y así queda marcado en el trabajo y en la realidad de los números de Henderson. “En este escenario de pérdidas generalizadas, se seguirán aportando las retenciones a la soja, que se encuentran a la fecha en 27%, y que desde el primero de enero van bajando 0,5% por mes. A los efectos del cálculo tomamos un promedio a lo largo del año de un 26% la retención efectiva. Para este año el aporte, entonces, será de casi 300 millones de pesos”.

 

Carne y leche

La producción vacuna y la actividad de los tambos también se vieron afectadas por los eventos climáticos. En este sentido, el trabajo es cauto: “Sus efectos en estas actividades son más difíciles de medir y cuantificar ya que muchas veces las consecuencias se terminan viendo mucho después de finalizado el evento”, se indica.

Aunque aclara que “hubo efectos inmediatos: mayor consumo de forrajes, reservas, granos, que encarecieron las producciones; pasturas perdidas, caídas de la producción de leche, etc.”.

De acuerdo con los datos de la Fundación Hipólito Yrigoyen para la lucha contra la fiebre aftosa, “no hubo una caída en la cantidad de hacienda en el distrito, pero sí se cortó un crecimiento del stock que venía aumentando consistentemente en el último tiempo”.

Por el lado de la lechería, “la actividad sigue inmersa en una crisis de rentabilidad que ya lleva varios años y ha llevado a muchos tamberos a dejar la actividad, lo cual repercute en el distrito ya que la lechería es una gran generadora de mano de obra”.

En definitiva, el clima agravó una situación que ya era crítica.

 

El clima le pegó a la fina y a la gruesa en partes iguales y en todas las etapas del desarrollo de los cultivos y de sus logísticas.

 

El impacto sobre la economía argentina

En la última actualización de datos de las cosechas de soja y de maíz a nivel país en la que se incluyen los resultados de las zonas en las que no había finalizado la recolección de la leguminosa, la Bolsa de Cereales de Buenos Aires indicó que se incrementó el impacto de la sequía sobre la economía argentina, considerando la nueva situación de producción y precios. “La producción de maíz para la campaña 2017/18 se estima en 32 millones de toneladas, mientras la de soja en 36 millones de toneladas, lo que representa recortes del 22% y 33% respectivamente en relación a las expectativas vigentes al inicio del ciclo agrícola. En total, se han perdido 27 millones de toneladas de granos gruesos”, publicó la entidad.

“Estas pérdidas afectarán severamente la contribución del sector al Producto Interno Bruto (PBI), que mostrará una reducción de 5.895 millones de dólares respecto del nivel que hubiese alcanzado si se cumplían las estimaciones iniciales”, agregó.

En el trabajo además se indicó que “durante 2018 Argentina verá disminuido su crecimiento en un 0,9% como consecuencia del déficit hídrico. Por su parte, las exportaciones netas sufrirán una caída de 5.374 millones de dólares. Estas estimaciones contemplan los efectos directos de la sequía sobre cada uno de los eslabones de las cadenas de valor de la soja y el maíz”.

En conclusión, esta campaña 2017/18 el Producto Bruto de las Cadenas de la Soja y el Maíz estará un 23% por debajo del nivel que podría haberse alcanzado de no mediar las inclemencias climáticas.

Al analizar lo que sucede dentro de cada una de las cadenas, la Bolsa bonaerense destaca que las pérdidas no se distribuyen por igual entre los distintos eslabones. “El principal afectado continúa siendo la producción primaria, con una caída en el valor agregado de 2.331 millones de dólares. También se ven afectados los servicios relacionados, destacándose la pérdida de 422 millones de dólares en transporte”, explicó.

“Adicionalmente, soportan los impactos negativos de la seca los productores de carnes y leche que utilizan el maíz y la harina de soja como insumo y deberán enfrentar mayores costos, del orden de los 1.000 millones de dólares. Se debe notar que la sequía afecta a estos sectores en otras formas no cuantificadas aquí; por ejemplo, por la menor disponibilidad de pasturas y silajes”, agregó. 

Por el lado de las exportaciones netas, las pérdidas alcanzarían los 5.374 millones de dólares, debido a la disminución de las cantidades exportadas de granos y sub-productos, compensada en parte por el incremento en los precios internacionales.

“La recaudación fiscal, por su parte, sufriría una reducción de 1.735 millones de dólares respecto del Escenario Base. Esta se debe a una disminución en lo recaudado por derechos de exportación como resultado de menores exportaciones, y a una caída en la recaudación vía otros impuestos debido al descenso de la actividad”, indicó la entidad.

 

El derrumbe del maní cordobés

El clima le dio de lleno a la principal economía regional de Córdoba: la producción de maní será un 48% inferior a la de la campaña pasada y la más baja en una década. Así lo indicó la Bolsa de Cereales cordobesa, que informó que con un avance del 51% de la trilla, la cosecha será de 425.800 toneladas.

La tremenda seguía y el exceso de humedad del otoño que provocó el brotado de granos llevó a que el maní sea el cultivo más castigado de la campaña 2017/18.

El trabajo de la entidad sobre el cultivo cuya producción nacional se concentra el 90% en suelo cordobés, se desplomó 48% en grano, hasta 425.800 toneladas. “Este valor es el más bajo de, al menos, las últimas diez campañas en las que la entidad bursátil tiene registros: no hay antecedentes de una temporada con menos de diez millones de toneladas, al menos desde 2007/08.

Esto ocurrió por un desplome de los rindes, que se ubicaron en apenas 21,8 quintales por hectárea”, se explicó.