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Tres alternativas para el verano

Playas diferentes en aguas mendocinas

Mendoza sumó para este verano playas públicas a la vera de los cauces de los numerosos ríos, lagos y arroyos. Las "playitas" pertenecen a los municipios de Luján de Cuyo, San Carlos y General Alvear, que están ubicados a la vera de distintos ríos que ya son punto de encuentro para turistas y lugareños.
Estas playas públicas cuentan con seguridad, servicios e infraestructura turística y son de entrada libre, aunque hay que pagar el estacionamiento del vehículo.

El departamento de Luján de Cuyo fue el precursor de estas playas el año pasado, con la inauguración de "Luján Playa", a orillas del río Luján. El municipio de General Alvear, a orillas del río Atuel; y San Carlos, a la vera del Tunuyán, ubicados en la zona sur y norte de la provincia, sumaron este año esa modalidad.

"Luján Playa" está ubicada en ruta provincial 82, en el kilómetro 25 a la altura de la localidad de Las Compuertas, donde se ofrece un espacio con parrillas, sanitarios, patio de comidas con foodtrucks, seguridad, asistencia sanitaria y cardiodesfibrilador, a un valor de estacionamiento de $150.

En el río Tunuyán, los visitantes podrán encontrar "San Carlos Playa", ubicada a la altura del puente del río, entre La Consulta y Campo Los Andes, donde se extiende una playita de unos 600 metros en la margen este del río y tiene capacidad para unas 1.200 personas. El espacio tiene 100 sombrillas y una playa de estacionamiento para 500 autos, con un valor de $50.

Por su parte, el río Atuel Inferior es el epicentro de Costanera Alvear, que fue inaugurada con quinchos, parrilla, enfermería y en breve un pequeño bufete. La extensión de este lugar ubicado a solo 10 minutos de la ciudad de General Alvear, sobre la ruta nacional 143 sur, es de unos 70 metros de ancho por unos 150 metros de largo y el precio para ingresar es de $50 por vehículo. 



Aventura en el glaciar Torrecillas

Las excursiones al glaciar Torrecillas, que combinan trekking y navegaciones con los coloridos paisajes cordilleranos como telón de fondo, son una gran opción para los turistas que visitan el Parque Nacional Los Alerces, uno de los principales atractivos de Esquel.

Las visitas guiadas permiten contemplar desde todas las vistas posibles a este ventisquero de más de 24.000 años de antigüedad y del tipo de los llamados "circo", porque se forma sobre la montaña y da la impresión de que cuelga de la misma.

El glaciar cuenta con una parte superior "limpia" donde predomina un blanco intenso, y una inferior llamada "sucia" por los sedimentos que sobre ella se van depositando, que le otorgan un color donde predominan varias gamas de marrones.

La laguna Del Antiguo, ubicada a los pies del Torrecillas, permite apreciar las cuencas que le dieron origen al hielo glaciar hace más de 24.000 años, que se caracterizan por su color esmeralda intenso y sus aguas transparentes.

La excursión por el glaciar Torrecillas comienza con una caminata por un sendero de interpretación de 1,5 kilómetros hasta el Puerto Chucao, ubicado a orillas del lago Menéndez, al que se accede cruzando una pasarela colgante que atraviesa el río Arrayanes, que a través de sus aguas color turquesa une los lagos Verde y Futalaufquen, que están rodeados de bosque nativo.

El recorrido del sendero permite reconocer la flora y la fauna de la zona a través de una amplia cartelería explicativa, apreciar las distintas especies arbóreas y disfrutar de hermosos paisajes desde los miradores y descansos especialmente diseñados para ese fin.

La selva Valdiviana, un particular arroyo con aguas de deshielo y laderas de montañas con tupida vegetación le dan un marco especial a este trayecto, que culmina en la laguna Del Antiguo, y a sólo 500 metros está la imponencia y la belleza del Torrecillas.

Los alerces, tineos, cipreses, coihues, lengas, cañas y otros ejemplares propios de la selva Valdiviana, y los cóndores, dominan la vista de ese espacio natural. La excursión tiene una duración total de entre cuatro y seis horas, y es posible realizarla en cualquier época del año, siempre y cuando el clima lo permita.



Rumbo a las culturas precolombinas

Las ruinas que se encuentran en los Valles Calchaquíes conforman el mayor atractivo para el turismo arqueológico de Tucumán y permiten a los viajantes conocer la historia de las culturas precolombinas que habitaron la provincia.

Hacía el norte de la provincia, en la villa veraniega El Mollar, se puede visitar La Reserva Arqueológica Los Menhires, que consiste en medio centenar de piedras de más de 2000 años que llegan a medir hasta tres metros y pesan hasta cuatro toneladas. Estos monumentos fueron construidos en roca metamórfica, con inclusiones de cuarzo y granito que representan rostros humanos o animales, especialmente felinos, formas geométricas o combinaciones de los distintos tipos y en algunos casos está muy insinuada la forma fálica.

Siguiendo por la Ruta Nacional 40, en el cruce con la Ruta Provincial Nº 307 y avanzando 3 kilómetros hacia el norte, nos encontramos con la Ciudad Sagrada de Quilmes, lugar donde estuvieron asentados desde el año 800 D.C. uno de los pueblos prehispánicos más importantes de los Valles Calchaquíes. Los Quilmes alcanzaron un inmenso desarrollo social y económico, por lo que en el siglo XVII esa ruinas llegaron a tener 3.000 habitantes en el área urbana y 10.000 en los alrededores. 

Otro atractivo para visitar son Las Ruinas de Condorhuasi, ubicadas en El Pichao, a 8 kilómetros de Colalao del Valle, lugar donde, entre los años 1000 y 1500, habitaron grupos indígenas de agricultores y pastores. Además, este fue el sitio elegido por algunas comunidades para refugiarse después de la caída de los Quilmes a manos de los españoles.

Hacía el sur de Tucumán, entre los 4.400 y los 5.000 metros de altura, se extiende el Parque Nacional Campo de los Alisos, donde se encuentran Las Ruinas de La Ciudacita o Pueblo Viejo. La Ciudacita formó parte del extremo sur del Imperio Inca y en ella se pueden observar pircas, que son muros de construcción rústica, de un metro de altura y elaborados con piedras lajas de color gris dispuestas de forma escalonada sobre el filo de la montaña, a partir de un campo ceremonial de forma rectangular de 40 metros de ancho por 60 metros de largo.