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Roya: el peligro amarillo

Por Juan Berretta / Con una aparición tan sorprendente como explosiva, la roya amarilla se transformó en la mayor novedad -muy mala, por cierto- de la campaña triguera que está empezando a transitar sus últimas semanas. La enfermedad fue detectada en agosto en Santa Fe y luego terminó diseminándose por el resto de las zonas trigueras de Entre Ríos, Córdoba, La Pampa y Buenos Aires, obligando a realizar, en promedio, dos aplicaciones de fungicidas en los lotes, con picos de tres tratamientos en la franja costera del sur bonaerense y de cuatro en el sector norte de la región pampeana.

“El ataque de roya amarilla fue sin dudas lo distintivo de este año. La mutación que tuvo o la aparición de nuevas razas hicieron que variedades de trigo con muy buen perfil sanitario, y que se estaban difundiendo, tuvieran un comportamiento totalmente distinto”, explica el ingeniero Francisco Di Pane, responsable del programa de Mejoramiento Genético de trigo pan en la Chacra Experimental Integrada Barrow.

“El avance estuvo potenciado porque el invierno no fue muy frío y las temperaturas, hasta este momento, no han sido lo suficientemente altas en la primavera como para que esa roya, que tiene un techo de multiplicación de 20 grados, siguiera progresando. Eso hizo que la afectación continuara hasta los primeros días de noviembre y la roya haya quemado la hoja bandera, que es la hoja fundamental para tener un buen llenado”, agrega el técnico.

A nivel de lote, la roya amarilla se presenta en manchones o rodales y el signo visible de la enfermedad es la aparición de pústulas pequeñas de color amarillo, las cuales se disponen de manera lineal en la hoja. Dependiendo de la severidad del ataque y en etapas avanzadas del cultivo también pueden observarse en la espiga. “Los primeros síntomas no son fáciles de detectar, y después el ataque se va generalizando. Si bien está asociada a bajas temperaturas, se está viendo en todo el país y en el mundo. Las royas van cambiando, van mutando, las razas que aparecen y cada vez hay una mayor adaptabilidad al medio”, analiza Fidel Cortese, presidente del Centro Regional de Ingenieros Agrónomos de Tres Arroyos (Criata).

 

Ataque precoz

La ingeniera Ana Storm, quien pertenece al Grupo de Mejoramiento de Avena, cebada y trigo candeal de Barrow, precisó que se trata de una enfermedad que hay que seguirla de cerca porque “tiene un desarrollo explosivo y es más agresiva que la roya anaranjada. Se manifestó muy temprano y motivó que haya aplicaciones de fungicidas antes de encañazón”.

Empezaron a haber síntomas y ataques en la provincia de Santa Fe en agosto. Mientras que en septiembre se detectó la enfermedad en la zona núcleo triguera bonaerense. “En Tres Arroyos y su zona de influencia hubo que hacer dos y hasta tres aplicaciones de fungicidas, algo que no es común. Y más atípico es lo que hemos visto en lugares como Coronel Dorrego o cercanos a Bahía Blanca, en los que hubo que hacer tres tratamientos cuando los rendimientos no son tan altos y los costos no dan para tanta aplicación”, indica Di Pane.

Un informe de BASF Argentina, en tanto, asegura que “actualmente, la roya amarilla aumentó significativamente su incidencia y severidad, generando pérdidas de rendimiento de entre un 40% y 50% y representando una de las mayores amenazas para el trigo. Los primeros focos se dieron sobre las cabeceras del lote en donde generalmente hay más densidad de plantas. Hoy los lotes que no han recibido un tratamiento foliar se ven afectados por esta enfermedad prácticamente en su totalidad, encontrando roya amarilla en tallo y en espigas también”.

Y agrega: “Es fundamental destacar que los productores deben estar atentos a la reinfección de la enfermedad para poder combatirla a tiempo. Hoy casi un 90% de la producción mundial de trigo es susceptible a la roya amarilla, lo que se puede traducir en daños a nivel mundial de más de 5 millones de toneladas de trigo y pérdidas anuales que equivalen a mil millones de dólares”.

 

Razas

El ingeniero Di Pane explica que en esta campaña “ha habido dos razas nuevas de roya amarilla que antes no existían o que no habían sido detectadas. Lo que hay que definir es si las razas aparecidas son motivo de una importación o si son mutaciones naturales”.

“Por el momento se ha determinado que son razas muy parecidas a las europeas. Con una investigación más profundo se podrá saber si son iguales, que en ese caso sería una importación -las esporas pueden viajar miles de kilómetros llevadas por el viento-, y si son parecidas, estamos ante una mutación natural”, completa el mejorador.

A esta situación hay que sumarle el factor climático: “Por las altas temperaturas de invierno y las moderadas de octubre y noviembre, el período de ataque se extendió por más de dos meses”, dice. Y aclara: “En un año normal, la roya amarilla quizás hubiera aparecido pero más tarde”.

De lo que no hay dudas, y quedó expuesto en esta campaña, es que las razas son muy virulentas y atacan a cultivares que hasta ahora eran totalmente resistentes. Un caso emblemático fue el cultivar ACA 303: “Es un trigo de hace 10 años, obtenido en el criadero que la Asociación de Cooperativas Argentinas tiene en Cabildo, y que es muy sano. Prácticamente no tiene ningún tipo de enfermedad, pero este año la roya lo destruyó”, asegura Di Pane.

“El productor que estaba acostumbrado a sembrar el ACA 303 era porque no quería aplicarle fungicida, apuntaba a un trigo de baja tecnología. Pero este año tuvo que aplicar o perdía el cultivo”, agrega.

 

Chuzo

Como toda roya, la amarilla afecta al rendimiento y a la calidad. “Generalmente lo que hacen es sacarle hidratos de carbono -la futura harina- y la proteína, entonces genera un grano chuzo. Porque todo lo que la hoja produce se lo come, no lo deja llegar al grano. Además, produce esporas que van a otras hojas”, dice Di Pane.

La consecuencia entonces es un grano con baja calidad comercial e industrial porque “tendrá baja proteína y baja cantidad de harina”, agrega. “Ahora hay que ver cuánto es la afectación. Hay trigos que están destruidos, que van a tener granos chuzos y otros que sin aplicación o con una aplicación están muy bien. Ahí va a haber una diferencia en los rendimientos, será una campaña con una dispersión altísima”, completa.

Aunque para ver la real consecuencia del ataque habrá que esperar unos días todavía, al menos en el sur bonaerense, porque eso se observa cuando el grano se expande. “Ahora con agua llena todo, el problema es cuando el agua se empieza a ir, al no haber hidrato de carbono, se achuza”, cuenta.

El escenario es tan distinto como lotes de trigo hay sembrados. “En algunos casos la roya amarilla se controló con muchos tratamientos, en otros se ha vuelto incontrolable, porque el productor llegó tarde a hacer el tratamiento. He visto casos de tres aplicaciones y el cultivar sigue enfermo o por lo menos se le destruyó la hoja”, describe el ingeniero.

 

Kilos vs. pesos

A la hora de analizar los costos del tratamiento de la roya amarilla, también se abre un abanico de escenarios. Una buena aplicación, con una protección de alrededor de 25 días ronda los 25 dólares por hectárea. En caso de elegir un genérico, el costo baja a 10, pero también la calidad del tratamiento porque la protección del cultivo se reduce a dos semanas. 

“El que sembró en el norte y tuvo que aplicar cuatro veces fungicidas, seguramente en kilos va a tener una buena cosecha, pero hay que ver cómo le da el resultado económico”, dice Di Pane.

“En las zonas que se apuntaba a 2.000 o 2.500 kilos y tuvo que hacer dos aplicaciones, verá un cambio en el resultado económico. En cambio, el que sembró para cosechar 7.000 u 8.000 kilos, dos o tres aplicaciones no le modificará demasiado el margen bruto”, completa.

Es decir, la paleta de cultivares de trigo disponibles es muy amplia y hay para todos los gustos y según las zonas. “Hacia el oeste de la provincia de Buenos Aires se tiene a buscar cultivares sanos y no aplicar fungicidas, son materiales rústicos y con los tenés un techo de 4.000 kilos. En cambio, hacia el lado de la costa, al productor no le preocupa tanto la sanidad porque apuntás a cosechar 6.000 o 7.000 kilos, y contemplás en el paquete tecnológico una aplicación de fungicida”, explica el ingeniero de Barrow.

Ahora bien, con lo sucedido esta campaña, seguramente el ciclo que viene la roya amarilla será un factor muy tenido en cuenta por todos los productores trigueros.