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La espuma no seduce como antes

Por Juan BerrettaPor segunda campaña consecutiva, la superficie sembrada con cebada experimentará una baja. Las proyecciones informadas por la Cámara de la Industria Cervecera Argentina y consultores privados -todavía no hay datos oficiales- coinciden en que el área rondará las 800.000 hectáreas, 50.000 menos que el ciclo 2016/17, que significaría una caída del 6%. El descenso, en tanto, en referencia a la campaña 2015/16 (se implantaron 1.470.000 hectáreas), es del 46%.

La razón de mayor peso que explica el retroceso de la superficie del cultivo cervecero es el regreso del trigo a los campos bonaerenses a partir del cambio de las políticas impulsadas por el Gobierno. En 2016 también influyeron las abundantes precipitaciones que se registraron en parte del sudeste y del sudoeste provincial, territorio donde se siembra la mayor cantidad de cebada.

Este año el factor climático por ahora no pareciera ser un impedimento en ésas regiones, pero sí surgió una cuestión relacionada netamente con el negocio. Por un lado, en lo que hace a la cebada cervecera, varios productores no se mostraron satisfechos con los convenios ofrecidos por las malterías. Por otro, la superproducción de granos forrajeros que hay en los silos del mundo tiene pisado el precio de la cebada que se destina al consumo animal.

"Venimos de una campaña en la que se sembraron 850.000 hectáreas y se produjeron 3.200.000 toneladas, y vamos a entrar en esta con una proyección de unas 800.000 hectáreas a implantarse, y una producción parecida", describió el ingeniero Fidel Cortese, hoy asesor privado pero quien durante más de 20 años se desempeñó en Cervecería y Maltería Quilmes.

"La nueva baja del área se explica porque varios productores entendieron que no eran demasiado atractivos los convenios que ofrecía la industria, entonces buscaron otras alternativas. Están los que van a sembrar más trigo, mientras que otros directamente pasan los lotes a gruesa", agregó el especialista.

Aunque en la continuidad de su análisis, explicó: "De movida, el productor entendió que los convenios no eran buenos, pero después, cuando salieron los contratos, se vio que no eran tan malos como se pensaba". De todos modos, Cortese sí fue categórico con los plazos de pago. "El promedio que está aplicando en sus convenios AB Inbev, que es la empresa que maneja la mayoría del mercado, tanto de malteo como de exportación, está arriba de los 45 días. Y eso no cayó muy bien en los productores y muchos optaron por no hacer cebada", aseguró.



Escenarios

En la actualidad el cultivo atraviesa dos escenarios bien distintos en el mundo. Por un lado, hay un sobrestock de cebada forrajera; y por otro, escasea la cebada cervecera. "En el plano internacional la cebada cae en superficie de acuerdo a las primeras estimaciones en los principales países productores. Los números marcan que hay stocks todavía importantes de forrajeras, pero no de maltera", indicó Cortese.

Estas existencias responden a los fenómenos climáticos distintos que afectaron a las regiones productoras. El acontecimiento de mayor peso y que conmovió el mercado de la cebada de calidad fueron las inundaciones que hace un año soportó Francia, el originador más importante del grano maltero. A eso se le contrapuso que Australia fue bendecida por el clima y tuvo la mayor cosecha de cebada de su historia. "Los australianos obtuvieron muchos kilos y también calidad, con lo cual pudieron suplantar parte de las cebadas de calidad que Francia exporta a China", comentó el ingeniero.

A eso se le sumaron las muy buenas cosechas en Rusia y Ucrania, y también en los países productores del Mercosur: Brasil y Uruguay tuvieron una recolección abundante y de buena calidad. "Esto hizo que la Argentina no pudiera acceder a mercados de calidad que habitualmente ingresa. Brasil terminó exportando 200.000 toneladas y Uruguay, históricamente importador, se transformó en exportador. Esas son las toneladas que quedaron dando vueltas en la Argentina y que terminaron saliendo como cebada forrajera porque la diferencia de precio no era tan grande", explicó Cortese.

En tanto, el futuro de la cebada forrajera se va a definir en los próximos 60 días. "Lo que pase con la forrajera dependerá del mercado climático americano, que se empieza a jugar ahora en junio. Si hubiera algún problema, y cayera la producción del maíz, o incluso de la soja, eso puede verse reflejado en los precios forrajeros. De lo contrario, no sería raro seguir viendo cebadas de entre 140 y 145 dólares a la cosecha", analizó.

En lo que respecta a la cebada maltera, el especialista entiende que "será fluida su colocación". En cuanto a los precios, "los convenios ofrecidos por las malterías de Tres Arroyos y Puán, rondan los 162 dólares. Para lo que son puertos de Bahía Blanca y Necochea y la maltería que Cargill tiene allí en Bahía, se están hablando de 165 dólares la tonelada a la cosecha", precisó el ingeniero.

"Son valores similares al año pasado, esto quiere decir que para el productor los números están muy justos. De todos modos, creo que la condición es mejor que para trigo", aseguró Cortese.



Un trabajo en cadena

Una mirada muy interesante sobre la actualidad del cultivo aporta el licenciado Leandro Pierbattisti, asesor de la Federación de Centros y Entidades Gremiales de Acopiadores de Cereales de la provincia de Buenos Aires: "En cebada hay un trabajo importante de cadena para hacer. Participé días atrás de un seminario en Francia, que es un gran productor de cebada cervecera, y donde hay un trabajo de comunicación muy importante entre la oferta y la demanda, algo que no ocurre en otros mercados".

Y completó su idea: "A nivel mundial las malterías están apostando a seguir creciendo a nivel de capacidad, no solamente en Asia, sino también en América Central y Europa. Por lo tanto, va a haber una necesidad de originación de materia prima. Pero el tema es que a nivel mundial el negocio no está cerrado. Los precios en ninguna parte del mundo le está cerrando al productor".

Es más, el especialista advirtió que "cada vez se agranda más la brecha entre el precio esperado y el precio que se tiene. Ahí entonces, hay un tema a trabajar, acá en la Argentina, como en el resto de los países. Porque lo que sucede es que con este tipo de configuración de rentabilidad se va a sembrar cada vez menos cebada. Ya está pasando en Canadá y también en Estados Unidos".

Pierbattisti tiene claro que lo que ya ocurre en otros países productores es una llamada de atención al sector industrial en general para empezar a tratar de encontrar un equilibrio. "Considero que será muy importante encontrarlo porque las estadísticas marcan claramente que el área de cebada a nivel mundial está cayendo", indicó el Máster en Economía y Desarrollo Agrícola del Institut National Agronomique de París.

Para el licenciado, la Argentina está ante la posibilidad de apostar a la industrialización. "Somos un país gran exportador de malta, y se puede llegar a exportar más también. Pero para eso se necesita una integración de todos los sectores, para que estén bien informados de lo que se trata un producto y un destino. Creo que hay que trabajar en eso, en que los productores estén cada vez más informados de lo que pide el mundo. Porque el mundo es nuestro cliente, y si no sabemos lo que quiere, no vamos a poder venderle lo que está necesitando".