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COP 23: un clima de urgencia

La Cumbre del Clima COP23, que buscó articular el Acuerdo de París de 2015 para poner freno al calentamiento global con un esfuerzo multinacional coordinado, se abrió el 6 de noviembre en la ciudad alemana de Bonn con un clima de urgencia para reducir las emisiones de dióxido de carbono (CO2), porque "ya no tenemos el lujo del tiempo". La Cumbre continuaba al cierre de este número de PLAN VERDE, y en el próximo ejemplar se publicarán las conclusiones del cierre.

El debate procuraba empezar con la "letra chica" del Acuerdo de París, especialmente respecto a las contribuciones económicas, el cumplimiento de objetivos y cómo luchar contra la sombra del abandono de EE.UU. del pacto, que deja un vacío político y un agujero financiero.

"Ya no tenemos el lujo del tiempo. Debemos actuar ahora. Aquí es donde empezamos", aseguró en la sesión inaugural la secretaria ejecutiva de la Convención Marco de la ONU sobre Cambio Climático (Cmnucc), la mexicana Patricia Espinosa.

 

"Todo lo posible"

El presidente de la COP23, el primer ministro de Fiyi, Frank Bainimarama, habló de "hacer todo lo posible por hacer avanzar" París y "elevar la ambición" con el objetivo de frenar el calentamiento global.

"Si no estamos a la altura del reto, fracasaremos", advirtió el jefe de gobierno de Fiyi, una isla-nación en el Pacífico Sur amenazada por la subida del nivel del mar que debió ser sede de la COP23 y, por motivos logísticos, colaboró con Alemania para la organización del encuentro en Bonn.

La ministra alemana de Medio Ambiente y anfitriona de la cumbre, Barbara Hendricks, alertó sobre el "punto de no retorno" al que se acerca la humanidad si no se presta atención a los límites fijados en París, por lo que también pidió centrarse "en la acción y la implementación".

"La única forma de poner a tu país primero es unirse en los esfuerzos con las demás naciones", subrayó Bainimarama en referencia al "América primero" del presidente de EE.UU., Donald Trump.

 

Países en desarrollo

Por su parte, los países en desarrollo lograron que la Cumbre de Bonn apruebe por unanimidad un texto oficial en el que se le pide "más esfuerzos a los países ricos en materia de reducción" de emisiones contaminantes y "financiación a los más vulnerables".

El documento contiene, fundamentalmente, tres compromisos para los países ricos que fueron recibidos, sin embargo, por aquellos en desarrollo con "moderada satisfacción", según las palabras de los altos representantes de China, India o Sudáfrica en el Plenario de la cumbre, donde coincidieron en que "quieren ver materializados esos compromisos".

Uno de los puntos del texto es que el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, mediará para que los países ricos que no ratificaron la llamada "Enmienda de Doha al Protocolo de Kioto" lo hagan para que entre en vigor su contenido, referente a los compromisos de reducción de emisiones previos a 2020 (antes de que empiece a funcionar el Acuerdo de París).

"Esa enmienda tiene un gran valor simbólico para los países en desarrollo, ya que quieren asegurarse de que los principales responsables del cambio climático hagan sus deberes previos al Acuerdo de París, en el que por primera vez tienen obligaciones".

La Enmienda de Doha necesita la ratificación de 140 países de los casi 200 que forman parte de la Convención de Cambio Climático de la ONU, y hasta el momento sólo la ratificaron poco más de 80.

En ese sentido, el comisario europeo de Acción por el Clima, Miguel Arias Cañete, reunió de urgencia a los ministros europeos para que autoricen a la Unión Europea (UE), por un procedimiento de excepción, a ratificar en bloque la Enmienda de Doha.

El segundo punto acordado dice que los países desarrollados "deben rendir cuentas de lo que están haciendo en la lucha contra el cambio climático antes de 2020 en dos sesiones de alto nivel que tendrán lugar en las cumbres del clima de 2018 y 2019".

En tanto, el tercer punto señala que "las naciones ricas deben producir un informe transparente y detallado de cuánto dinero aportan para que los países en desarrollo puedan hacer frente al cambio climático".

 

Pueblos originarios denuncian

La defensa y la preservación de la integridad física de los activistas a favor del medio ambiente, en particular de los indígenas, tenía que formar parte de las negociaciones de la COP 23, como demandaron ambientalistas del continente americano.

Felipe Rangel, consejero de territorio, recursos naturales y biodiversidad de la organización nacional indígena de Colombia ONIC, denunció la situación de los activistas indígenas de su país, cuyos pueblos son golpeados por la deforestación de sus territorios a causa de la minería, los cultivos y la ganadería extensiva.

"Hoy sentimos mucha preocupación. Se han incrementado las amenazas, se ha incrementado la deforestación, la minería en los territorios indígenas y las ocupaciones ilegales. En los meses de octubre y noviembre fueron asesinados más de ocho líderes indígenas y en 2016 y 2017 fueron muertos más de 160 líderes de derechos humanos en todo el país, entre indígenas y campesinos", dijo en Bonn.

"En Honduras estamos enfrentando este mismo modelo extractivo que en Colombia y también el control militar que reprime", relató via Internet Berta Zúñiga, hija de Berta Cáceres, la ambientalista indígena hondureña asesinada en 2016.

Por su parte Alberto Salamando, abogado de derechos humanos de la red Indígena Ambientalista (Indigenous Enviromental Network), citó un informe publicado este año según el cual por lo menos 200 personas fueron asesinadas en 24 países en 2016 por oponerse a proyectos industriales que consideraban destructivos.