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Industria nacional por la salud y la inclusión: tres iniciativas buscan cambiar la vida de la gente

Sillas de ruedas motorizadas para jugar al fútbol adaptado, un brazo eléctrico que cuesta ocho veces menos que una prótesis tradicional y una silla para un bebé de 18 meses que no puede caminar, son tres de los proyectos que llevan adelante alumnos y profesores de dos universidades públicas y de una escuela técnica de la provincia de Buenos Aires. Una buena síntesis entre industria nacional, conocimiento y creatividad al servicio de la salud y de la inclusión.

Las iniciativas desafían los altos costo del mercado, debido a que muchos de estos dispositivos suelen ser importados, al tiempo que utilizan materiales reciclables que luego acondicionan de acuerdo a las necesidades.

Por ejemplo, para construir una silla de ruedas para Benicio, un nene de un año y medio con problemas motrices, alumnos de séptimo año de la Escuela Técnica Nº 1 de Miramar utilizaron una sillita plástica de las que se usan para llevar a los bebés en bicicleta, caños y ruedas de muebles.

El desafío lo plantearon dos docentes que se encargaron de acercar la propuesta al vicedirector del establecimiento, Daniel Sosa y al profesor José Alegre, quien dirigió a los estudiantes en el proyecto. La familia de Benicio no podía pagar una silla de ruedas tradicional y se reunió con los estudiantes para explicarles las necesidades del nene.

Los chicos se entusiasmaron y un mes después presentaron la silla, que para sorpresa de todos fue dominada inmediatamente por Benicio sin que nadie le explicara cómo usarla.

“Nos propusimos conseguir las cosas, algunas las conseguimos de la escuela otras las compramos con nuestra plata y las fuimos ensamblando y pintando acá”, dijo el docente José Alegre.  “Fue algo fantástico, hicimos la sillita casi sin saber cómo era él y cuando lo pusimos fue tremendo. A los minutos de sentarlo, él apoyó las manos sobre las ruedas y tendió a moverlas”, contó.

 


EL BRAZO MIOELÉCTRICO

Luis Sandoval tiene 42 años y trabaja en el Instituto de Ciencias de la Rehabilitación y el Movimiento (ICRyM), perteneciente a la Universidad Nacional de San Martín (Unsam), donde cursa el cuarto año de la carrera de Ingeniería. En sólo quince días creó una prótesis mioeléctrica para personas con brazos amputados, que cuando esté listo para salir al mercado, costará unos 800 pesos, ocho veces menos que una prótesis tradicional.

La idea surgió a raíz de que a la Universidad Nacional de San Martín se acercan a diario personas de bajos recursos, con amputaciones de miembros superiores o inferiores, que no pueden acceder a una Prótesis Mioelétrica debido a su elevado costo.

Para el primer prototipo, Luis utilizó una impresora 3D del Instituto y la parte electrónica la configuró con Hardware Arduino, el cual posee una licencia de código abierto. “Está en pleno desarrollo, es un prototipo pero está muy avanzado. Por el momento no está disponible, pero pronto estará en el mercado y el valor será de aproximadamente 800 pesos; será accesible y de bajo costo”, explicó el profesor de la cátedra Automatización y Control, Juan Carlos Mollo, quien estuvo junto a Luis en el desarrollo del proyecto.

 

Luis comenzó a desarrollar el proyecto como su tesis de grado, pero luego la iniciativa adquirió una gran dimensión y el prototipo se exhibió en BIEL Light + Building Buenos Aires, la más importante exposición internacional de la Industria Eléctrica, Electrónica y Luminotécnica, donde recibió las merecidas felicitaciones.

 

SILLAS PARA FÚTBOL ADAPTADO

Mientras tanto, un grupo de estudiantes y docentes de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) desarrollaron sillas de ruedas para que personas con diferentes discapacidades motrices puedan jugar al fútbol adaptado.

La unidad académica ya superó la primera etapa del proyecto para acondicionar sillas de ruedas que permiten la práctica del denominado “Powerchair Football”, un deporte adaptado para personas con discapacidades motrices que se movilizan en sillas de ruedas motorizadas. Con reglas muy similares a las del fútbol, el juego consiste en dos equipos de cuatro jugadores cada uno, que poseen sillas equipadas con protecciones metálicas para atacar, defender y golpear una pelota de fútbol.

La iniciativa se sustenta en un acuerdo firmado entre el Club de Gimnasia y Esgrima La Plata con la Universidad Nacional de La Plata, a través de Unitec (Unidad de Investigación y Desarrollo para la Calidad de la Educación en Ingeniería).

De este modo, en el marco de un programa de Voluntariado Universitario, unos 20 estudiantes junto a docentes de las carreras de Ingeniería Electrónica y Mecánica, se encargan de reparar y adaptar sillas de ruedas que no están en condiciones, y que luego son entregadas a chicos que no la pueden adquirir por sus propios medios.

Lejos de agotarse en esta instancia, desde la Facultad adelantaron que el proyecto de aportar soluciones para la práctica del deporte adaptado buscará expandirse a otras disciplinas como el Ping Pong y el Básquet.

 “A veces se piensa que el deporte adaptado a personas con discapacidad es sólo para ellos, con lo cual lo hace exclusivo, no inclusivo. Por eso una silla la puede usar un chico que tiene un problema motriz, y  la otra el que no tiene inconveniente. Entonces los dos hermanitos podrían jugar juntos en un deporte”, expresó el ingeniero Flavio Ferrari, director del proyecto.

Respecto a los avances de la iniciativa, Ferrari explicó que “en su momento recibimos una donación de sillas rotas, algunas de las cuales estaban a punto de ser tiradas. De esa primera tanda, una ya está terminada, hay otra a la que sólo le restan detalles, y luego tenemos cinco más en espera para que sean trabajadas por los 20 alumnos de Ingeniería involucrados en la iniciativa”.