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Gastón M. Luppi

Eme de Matías. Periodista y docente de la UNLP. Hincha de varios equipos, no sigo a ninguno. Excepto fútbol, me hubiese gustado practicar alguna disciplina, pero no sé cuál.




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Camila Argüelles, tenis de mesa
03/01/2018

"Quiero dedicarle todo mi tiempo al deporte para llegar a Tokio 2020"

Camila Argüelles tiene 27 años y nació en Francia, donde se exiliaron su madre olavarriense -estuvo siete años detenida- y padre platense -tuvo que dejar Inglaterra durante la guerra de Malvinas-. Es doctora en biología e integra la selección argentina de tenis de mesa. Con su posgrado recién finalizado, aspira a dedicarse de lleno al deporte con un objetivo muy claro: los Juegos Olímpicos 2020.


 - ¿Sos argentina, francesa, francoargentina...?

- Yo me defino como argentina nacida en Francia.

- ¿Por qué?

- En todos los ámbitos me siento más argentina que francesa. En mi casa siempre se habló castellano, siempre las juntadas fueron con amigos argentinos o latinoamericanos; con amigos franceses también, pero todo el ámbito familiar siempre fue muy latino. Y así me transmitieron toda la cultura, toda la pasión de ser argentina.

- Tus padres vivieron experiencias muy fuertes que son las que explican por qué naciste en Francia, y por qué te transmitieron tanta argentinidad.

- Mi mamá estuvo presa seis años y medio durante la dictadura cívico-militar. A ella la apresaron antes del golpe, estaba casada y tenía una hija, una hermana que tengo. Cuando la detuvieron estaba embarazada de mi segunda hermana, que nació en cautiverio, por suerte también antes del golpe, así que también la tengo. Al papá de mis hermanas lo desaparecieron y mi hermana más grande hizo toda una investigación para recuperar el cuerpo, que fue encontrado e identificado en el año 94, 95. Mi mamá llegó a Francia en el 81, sin mis hermanas, que llegaron al año. Había una comunidad argentina ya instalada, de exiliados, o ex presos políticos. Y muchos latinoamericanos, porque lo mismo sucedía en Chile, Uruguay, Brasil. Era una comunidad muy activa, había muchas protestas, con organismos de Derechos Humanos, políticos franceses, actores; había marchas, manifestaciones. Mi mamá empezó su vida allá y al tiempo conoció a mi papá.

- ¿La historia de él?

Mi papá también llegó exiliado. Era corredor de autos, estaba compitiendo es Fórmula Ford, en Inglaterra, le estaba yendo bien y estaba por probarse en Fórmula 1. No tenía muchos sponsors, era todo a pulmón, y para ganarse un poco la vida transmitía carreras para Carburando. Durante la guerra de Malvinas se expresó en contra, los ingleses le congelaron las cuentas, lo expulsaron del país y de un día para el otro se quedó sin nada. Y así se fue a Francia, donde vivía su hermano mayor.

- Y allí se conocieron.

- Creo se conocieron poco antes de las primeras elecciones, cuando volvió la democracia. Había una comunidad muy activa pidiendo por los desaparecidos y los presos políticos, reclamando justicia. Había muchos eventos y allí se fueron conociendo.


- Naciste allá, en 1990. ¿Cómo se empieza a descubrir esa historia a la distancia?

- Nunca me sentaron y me dijeron: "Cami, esto es así". Con mi hermana [un año menor] nos fuimos enterando naturalmente, por las charlas, y porque todos los amigos de la familia son exiliados políticos, no solo argentinos. Es la historia de mi familia. Si bien no es "mi" historia, no la sufrí, la reivindico. Y por eso acompaño, por ejemplo, la lucha de las Abuelas y de las Madres, es algo que admiro profundamente.

- ¿Y cómo se comparte con los amigos franceses?

- En Francia lo de la dictadura argentina no se conoce tanto: todo el mundo tiene claro que hubo una dictadura en Chile, pero de Argentina se sabe mucho menos. Obviamente todo el círculo de amigos se enteró porque lo contamos, van a casa y se hablan de esas cosas, no es tabú; nunca fue un tema tabú. Tal vez acá haya sido diferente, con mucha gente que nunca pudo hablar y contar lo que pasó.

- Hoy las comunicaciones permiten seguir indagando y conociendo a la distancia.

- Sí, claro, por Internet, por las redes sociales, siempre sigo lo que pasa. También leí libros. Pero más que todo me he ido enterando por las historias de las personas que la vivieron en carne propia. Muchas amigas de mi mamá, que estuvieron con ella y me cuentan anécdotas que mi mamá nunca me contó, o no se acuerda. Mi mamá tiene varias compañeras de esa época, una época muy dura, y las que quedaron amigas, son hermanas más que amiga. Por ejemplo, cuando clasificamos a los Panamericanos de Toronto [2015] tuve la suerte de conocer a una amiga de aquella época que mi mamá todavía no vio; desde que salieron no se vieron. Y me recibió con los brazos abiertos, me quedé en la casa de ella, me sacaron a pasear, y también me contaron un par de anécdotas que no conocía.

- Imagino el dilema de: ¿hasta dónde quiero saber, y qué no?

- Sí, de hecho hay cosas que no las quiero... Hay películas que no sé si las quiero ver, primero porque no me gusta la violencia en general, me duele, y si encima son hechos reales... Hay cosas que las puedo leer, me duele cuando las leo, pero ver en una película, aunque sea un poco de ficción...


- ¿Mamá de Olavarría y papá de La Plata?

- Sí, "pincharrata".

- ¿Y la relación con las ciudades?

- A La Plata no he ido mucho porque la familia de mi papá se trasladó después a General Belgrano. Sí fui a ver un partido de Estudiantes, en 2005 contra Rosario Central, último partido del torneo, en la cancha de tablón. En cambio, en Olavarría he estado más, he ido varias veces, mi familia vive allá, están mis tíos, mi abuela...

- ¿Cuándo apareció el tenis de mesa?

- Por el lado del colegio, de pura casualidad. Cuando terminé la primaria, a los 10, tenía que empezar la secundaria. En Francia la educación es mayoritariamente pública, hay pocos colegios privados, y además en las ciudades hay división por barrio y a cada uno le corresponde un colegio determinado. ¿Eso qué permite? Mezclar las poblaciones, los niveles de estudio... A mi barrio le correspondía un colegio que me quedaba a unas quince cuadras, cuando a dos cuadras había otro, el mejor de la ciudad. Allá en los colegios estudiás dos idiomas: inglés obligatorio y otro; en todos los colegios tenés alemán y castellano, y en algunos tenés otros, como portugués, chino, ruso, italiano... Yo soy bilingüe, allá el nivel de castellano es bastante bajo, y como tengo mucha ascendencia italiana por parte de mi mamá, siempre me gustó el italiano. En el colegio que me quedaba a dos cuadras tenía la posibilidad de estudiar italiano. El problema es que no se podía pedir un permiso para cambiarse solo por esa razón, así que tuvimos que encontrar otra vía, la del tenis de mesa. Ese colegio tenía un convenio con el club de la ciudad, uno de los clubes más grande de Francia, que en sus cuatro niveles tenía una clase con horarios para ir a entrenar tenis de mesa. Así que me anoté en ese colegio, como si quisiera ir a jugar al tenis de mesa. No sabía jugar al ping pong, no me interesaba en absoluto.

- ¿Decís ping pong?

- [Risas] Sí, no tengo ningún problema. Ping pong es más cortito, pero es cierto, a muchos no les gusta. Es que cada vez que digo "tenis de mesa", me dicen: "Ah, ping pong". Y cuando digo "ping pong", me dicen: "¿Pero vos no jugás a nivel internacional?, se llama tenis de mesa".

-  Volviendo al colegio, el tenis de mesa era por obligación.

- Al principio fue de prepo, una materia más. Pero era aburrido porque yo no sabía nada. Tuve que empezar de cero, y de cero a entrenar tres veces por semana, con todo un grupo que ya jugaba a un nivel regional. Arranqué entrenando multibolas: el entrenador parado de un lado de la mesa te tira pelotitas, tipo robot, para aprender los gestos. Era aburrido, hasta que un día me dijeron: "Andá a jugar". Arranqué en septiembre, en octubre jugué un torneo individual, salí tercera, ascendí; me mantuve en esa división, a los siete meses jugué un selectivo para entrar al equipo que iba al campeonato nacional de clubes, lo gané; fuimos al nacional, salimos terceras... Y cuando te va bien, te gusta, te enganchás.


Foto: Federación Argentina de Tenis de Mesa

- ¿Tuviste posibilidades de jugar para Francia?

- Cuando era Sub 15 estaba entre las mejores infantiles y juveniles de Francia. Al segundo año que empecé, me llamaron para ir a un centro de entrenamiento regional, que es ya estar en el sistema. Pero eso implicaba irme de mi casa, dejar el colegio, el conservatorio y dejar mi club. En mi club estaba toda la estructura necesaria para seguir creciendo, pero al estar ahí no estaba en el sistema, y eso me jugó un poco en contra.

- ¿Y cuándo apareció la posibilidad de representar a Argentina?

- Bastante tarde, no se nos había cruzado por la cabeza que podía llegar a representar al país. La primera vez que vine acá tenía 5 años. Después vine en 2000 y con la crisis no vinimos más. Recién en 2005, para mis 15, estuvimos dos meses. Festejamos mis 15 en Olavarría e hicimos un viaje por el norte del país, éramos 16. Fue una experiencia muy linda, en una combi de un amigo de mi mamá de Olavarría, fuimos con toda la familia y algunos amigos franceses. Ahí intentamos contactarnos con alguien y la verdad no teníamos ni idea, no conocíamos a nadie y en Internet no había mucho. No sé cómo, mi mamá consiguió el número de un entrenador de River. Fui al club, entrenamos una tarde, pero después quedó en la nada. Me fui y volví en 2008. Ahí mandamos un mail a la Federación explicando que yo era francoargentina, de 18 años, con tal nivel, y me invitaron para entrenar en el Cenard. Pero lo mismo: entrené un fin de semana, vieron el nivel y volvió a quedar en la nada. Y volví en 2010: estuve dos meses entrenando pero no pude participar del Campeonato Nacional que se hace en julio; yo siempre venía en julio y agosto porque eran las vacaciones de allá. No pude jugar porque los cupos ya estaban asignados, así que me quedé sin Nacional y me volví a Francia otra vez. Pero ya tenía contactos.

- Mientras jugabas en Francia.

- Sí, allá competía en Liga, torneos individuales y entrenaba. Y en 2012, como los juveniles argentinos tenían un torneo en México, se liberaron cupos y pude competir en el Nacional; ahí me vieron todos, porque hasta ahí me conocían solo los de Capital. Salimos campeonas por equipo, subcampeonas en dobles y salí campeona individual. Me invitaron para jugar el selectivo al otro año, en febrero. Yo ya estaba haciendo el doctorado: me tomé la semana, me vine a Mendoza, jugué el selectivo, entré primera y jugué mi primer torneo en abril de 2013, en el Campeonato Latinoamericano de El Salvador; el segundo fue el Mundial, en París.

- Siempre con el estudio de por medio.

- Sí, claro, biología celular, desarrollo y genética. Primero hice el máster, la licenciatura, que son cinco años, en la Universidad de París 7, París Diderot, universidad pública. Y empecé el doctorado en 2012, que fue justo cuando empecé con la Selección. De hecho, cuando me vine para acá, en julio de 2012, ya me había recibido, tenía el máster, pero no me habían dado la beca para hacer el doctorado, entonces no sabía si tenía que seguir en el mismo laboratorio, o si me tenía que ir, o empezar algo nuevo. Estaba en una nebulosa importante. Tampoco entrenaba, porque estaba escribiendo la tesis y preparando el concurso para la beca doctoral; era estar todo el día en el laboratorio hasta las 12 de la noche, escribiendo, o practicando la presentación para la defensa del proyecto doctoral. Llegué poco entrenada y salí campeona; no estaba preparada, pero me fue bien [risas], y así se me abrieron las puertas que por suerte nunca se cerraron.


- ¿Cómo se combina laboratorio con entrenamientos?

- Los entrenamientos siempre fueron complicados: el doctorado es trabajar, es estar todo el día en el laboratorio: llegaba a las 8, me iba a las 5 y media, 6, entrenaba de 7 a 9. Había días que no podía entrenar porque hay experimentos que duran todo el día, o se demoran. Entrenaba como podía. Trabajaba todos los días y tenía cinco semanas de vacaciones por año que me las tomaba para los torneos. Era una vida frenética, estaba muy cansada, y vacaciones de playa, de verano, de cero actividad física o intelectual, nada, no tenía.

- ¿Cómo fue el primer torneo, el Latinoamericano?

- A las chicas las conocía muy poco y de hecho a mi compañera de dobles, Ana Codina, la había visto en el Nacional pero no habíamos hablado, y después la había visto en Mendoza, en el Selectivo, que ella no jugó, me la crucé un día y nada más; no tenía trato con ninguna de las chicas. Era "la nueva" para todos, y de hecho así me decían. Era aprender todo: la prueba de equipos, que nunca había jugado; los dobles, que nunca había jugado con Ana... Primer torneo que jugamos juntas llegamos a la final y salimos subcampeonas sin haber entrenado nunca y casi sin conocernos. En dobles mixtos casi llegamos a la semifinal con Gastón Alto y en individual perdí en cuartos de final. O sea, me fue bien.

- ¿Y el Mundial en casa?

- En el Mundial uno no espera resultados extraordinarios porque el nivel es muy alto. Pero era el hecho de jugar en casa. Me fueron a ver mis colegas de laboratorio, mi jefa, amigos, mi familia, obviamente. Fue muy lindo, disfruté mucho, y también nos fue bien: llegamos a la llave final en dobles mixto.

- ¿Pero los Juegos Panamericanos no tienen comparación?

- No, sin duda es la experiencia que más me impresionó. En los Sudamericanos 2014 estábamos todos los argentinos en el mismo hotel, pero no había una villa olímpica en la que salías y te cruzabas con todos los atletas de los otros países, o las banderas colgando de los edificios. Fue muy, muy fuerte. Y el día que empezamos el torneo, que arrancamos con la prueba de equipos, en el desfile estaba muy emocionada, "¿tenemos que jugar ahora?, no puedo", decía, no lo podía creer. Y aparte ves eso y decís: "Quiero ir a los Juegos Olímpicos", porque te imaginás que es diez veces más que eso, y eso ya es muy fuerte, y te da muchas ganas de seguir.

- ¿Y Tokio 2020?

- En el Preolímpico para 2016 quedé como cuarta suplente para Río. Y ahora que terminé el doctorado, quiero dedicarle todo mi tiempo, porque nunca lo pude hacer. Creo que voy de contramano del resto, porque por lo general primero se abocan al deporte y después estudian. Yo seguí con la carrera universitaria jugando al ping pong, haciendo el doctorado, y no me fue mal. Así que ahora tengo ganas de dedicarle todo mi tiempo al deporte y ver si puedo llegar a Tokio.

- En ese punto, el tenis de mesa es un deporte que permite una carrera más extensa.

- Sí, no es un deporte tan demandante físicamente, no hay muchas lesiones, no es un deporte violento. En 2020 voy a tener 30, que para el ping pong está bien.

- ¿Cómo es ese camino hacia Tokio?

- A finales de abril jugamos el Mundial de Equipos en Suecia y el objetivo es ascender a segunda división, un objetivo alcanzable. Después se vienen los Odesur y si podemos lograr una medalla en equipo sería muy bueno; en Chile salimos quintas y logramos medallas en dobles femenino y dobles mixto, así que el objetivo es repetir las medallas y poder lograr alguna más. Y en la parte individual, en Chile quedé afuera por triple empate, le gané a la que llegó a la final y perdí con la que salió tercera de la zona. Así que pasar la zona, y pasar un par de rondas, es un objetivo. Hay que ver cómo me trata la altura de Cochabamba, ahí sí que la pelota no dobla.

- ¿Y cómo es la rutina de entrenamiento?

- Tengo dos rutinas, una cuando estoy acá, la otra cuando estoy en Francia. Recién me acomodé, porque todo es muy nuevo después del doctorado; las primeras semanas de septiembre entrené como pude. Ahora estoy en un gran club y empecé a entrenar todos los días. Hacemos una entrada en calor libre: hay gente que elonga, otros corren, y otros ambas. Después, entrada en calor en la mesa, que por lo general es pelotear cruzado; yo empiezo de revés porque soy zurda. Algún ejercicio de piernas y luego más esquemas de juego, partidos. Y al final elongamos, un poco de físico. Por ahora no tengo ninguna rutina de preparación física, que me gustaría tener, porque aporta un plus a la hora de los torneos, nivel de coordinación, recuperación para bancarse todos los días de torneo.

Foto: Federación Argentina de Tenis de Mesa

- ¿Qué hay de ida y vuelta entre el deporte y la biología?

- Cuando tuve la entrevista con mi jefa de doctorado fue un tema que me resultaba delicado plantear, porque un deportista de alto rendimiento tiene que entrenar todos los días y el doctorado es un contrato laboral: son tres años que tenés que rendir, son tareas de investigación, estar en el laboratorio, organizarte, planificar. Le dije que jugaba al ping pong y que tenía que entrenar todos los días y que tenía torneos casi todos los fines de semana... Me dijo que le parecía muy bien, que siempre que había tenido experiencias con alguien que practicaba deportes, no necesariamente alto rendimiento, sentía la diferencia. El deporte te ayuda en un montón de cosas. Por ejemplo, la habilidad para rendir bajo presión. Poder trabajar en equipo, aceptar las críticas. Yo me acuerdo, tenía compañeras de estudio que se quebraban cada vez que les decían algo, pero la crítica en el deporte es lo que nos hace avanzar. Y saber aceptar las derrotas, porque tenés experimentos que no funcionan, pasa muy a menudo.

- ¿También ayuda a la organización diaria?

- Sí. Al hacer todo junto, creo que la clave fue tener una organización muy buena del trabajo, de los días. Llegaba con el bolso, primera al laboratorio, y era hacer todo bien, no me podía distraer con nada porque si no me perdía el entrenamiento a la noche. Es la capacidad para organizarse y poder concentrarse en momentos precisos, en la investigación, en las disecciones, cosas muy finas que se hacen, experimentos que duran mucho tiempo; si te sale mal una etapa, tenés que volver y estar muy concentrado, y el deporte ayuda mucho. Y hay otra cosa que me ayudó muchísimo, el piano. Estudié en el conservatorio y eso también: estar concentrada, la precisión. De hecho me ponía más nerviosa el día de una audición, un examen de piano, que un partido de ping pong. En el piano no podés pifiar una nota, en cambio en el deporte, ganás un punto o lo perdés. En el piano no podés parar, tenés que seguir como si nada. Creo que la música en general me ayudó para el deporte. Y para el laboratorio: yo tenía que hacer disecciones y a mí no me temblaba el pulso.

- A qué te dedicás dentro de la biología.

- Estudié un mecanismo molecular, una vía de señalización celular, que es cuando una molécula activa toda una cascada de eventos celulares que conducen a la expresión de genes. Usé como modelo la Drosophila, que son las mosquitas chiquititas que están en las frutas en verano, que molestan. Esa mosquita es un organismo modelo, es un organismo que sirve para estudiar un montón de procesos, de desarrollo, enfermedades. Y nosotros estudiamos ese mecanismo en el marco del desarrollo del ala. El ala de la Drosophila tiene cinco venas y este mecanismo está implicado en el posicionamiento correcto de las venas 4 y 5, y en los mamíferos, en nosotros, está en el desarrollo de las manos y de los pies, y en el correcto posicionamiento de los dedos; es un modelo muy bueno para estudiar, totalmente conservado en los mamíferos. Este proceso de desarrollo está implicado en malformaciones de los miembros, el labio leporino, en toda la diferenciación de las neuronas y también en un montón de tumores, en la formación y mantenimiento de muchos tumores.

- ¿Y estuviste un año en Argentina?

- Sí, porque en el cuarto año del doctorado me salió una beca del Conicet y estuve un año trabajando en el Instituto Leloir. Tuve mucha suerte, porque creo que ya no dan becas de estadías doctorales, de colaboraciones entre laboratorios franceses y argentinos. Yo estudié una proteína que identificamos como reguladora del mecanismo que explicaba, y esa proteína no está muy estudiada en mamíferos. De hecho, uno de los pocos laboratorios que estudia esa proteína en mamíferos está acá en el Instituto Leloir. Leyendo la bibliografía sobre el tema, mirando los nombres, los autores, por curiosidad, había nombres muy argentinos: nombre hispano con apellido italiano. Miro: "Instituto Leloir Buenos Aires". Así que en 2012, cuando me recibí, fui al Instituto para charlar con la gente del equipo que trabajaba el tema, armamos un proyecto, me dieron una beca de un año para trabajar acá, y se me dio todo: estuve acá en 2015-2016, pude entrenar para el Preolímpico, preparar los torneos, trabajando en el instituto Leloir.

- Por delante, ¿tenis de mesa o doctorado?

- Hasta 2020, si puedo, quiero dedicarme exclusivamente al tenis de mesa. Después me gustaría seguir con investigación, aunque sé que este corte de tres años no ayuda. Es un ámbito muy competitivo, de pocos recursos, porque acá hay recortes y en Francia también. Es muy difícil entrar a la carrera académica. Todos me dicen que después va a ser difícil, lo sé, pero ahora me quiero dedicar al deporte, porque si no, me voy a arrepentir toda la vida. Nunca le pude dedicar el tiempo que me hubiera gustado.

- Y en el futuro, ¿te vendrías a Argentina?

- Sí, a mí me gustaría "volver", entre comillas porque en realidad nunca me fui. Más allá del ámbito laboral, me gustaría vivir acá porque creo es mi lugar, acá me siento en mi casa. No es que en Francia me sienta mal, pero cuando estoy allá, siempre estoy mirando para acá; me gustaría probar vivir acá.