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José Giménez

Periodista y docente universitario. De la República de Chivilcoy.




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La estrategia electoral del oficialismo
11/10/2017

Qué hay detrás de "La Gran Chilavert" de Cambiemos




La semana que pasó llamó la atención (aunque no tanto a quienes siguen el día a día de la estrategia electoral del oficialismo) la particular insistencia de funcionarios de la primera línea de Cambiemos en instalar la idea de que la victoria en las elecciones generales de octubre está lejos de alcanzarse.

Ignorando las encuestas que el propio Gobierno difundió semanas antes en diferentes medios, varios dirigentes de Cambiemos plantearon un escenario difícil, de pelea voto a voto con Unidad Ciudadana, fuerza que, por el contrario, ya avisó que apuesta a una "derrota digna" al mejor estilo Pumas.

Esta línea argumental fue sostenida primero tímidamente por el Jefe de Gabinete, Federico Salvai, y el presidente de Diputados, Manuel Mosca, quienes -palabras más, palabras menos- aseguraron que la única encuesta del oficialismo fueron las PASO, y que esos comicios marcaron una derrota por 20 mil votos. Luego se sumaron el Jefe de Gabinete de la Nación, Marcos Peña, y la gobernadora María Eugenia Vidal, quien el fin de semana en Mar del Plata vaticinó una elección "difícil" y pidió a la población que vaya a las urnas.

Justamente en ese último llamamiento puede explicarse con certeza casi absoluta la estrategia del "Tú no has ganado nada", frase que popularizó en un ámbito bien distinto el arquero paraguayo José Luis Chilavert, durante un enfrentamiento verbal con su colega de Boca, Carlos Fernando "El Mono" Navarro Montoya (ídolo de infancia de quien esto escribe, dicho sea de paso).

En el oficialismo no quieren que la sensación de victoria que emerge de las encuestas propias y ajenas desaliente la concurrencia a las urnas de sectores más remisos a participar, o que les haga bajar la guardia a fiscales y militantes. Ya funcionó en las PASO, pero entonces sí había una base de sustentación para creer en una derrota, sensación que hoy por hoy es difícil de instalar. Eso explica, justamente, los denodados esfuerzos oficiales por machacar lo contrario.

Pero ¿qué hay verdaderamente detrás de "La Gran Chilavert" que ensaya el Gobierno? La explicación puede encontrarse en las elecciones generales 2015, que consagraron la victoria de Vidal en la provincia tras una histórica remontada en la que logró sacar un millón de votos más que en las PASO.

Veamos los números:

En las Primarias la fórmula Vidal-Salvador obtuvo 2.249.000 votos, quedando segunda detrás de la interna del FpV que enfrentó a Aníbal Fernández y Julián Domínguez, y que en conjunto cosechó 3.300.000 sufragios. Hasta ahí, todo corría dentro de los carriles normales, si consideramos así a las expectativas de la dirigencia política y las proyecciones de las no siempre confiables encuestadoras.

Pero el verdadero batacazo ocurrió en octubre, y todos ya lo conocemos: "Heidi" (como la llamaba el kirchnerismo en tono de mofa) obtuvo una contundente e inesperada victoria por casi 400 mil votos (37,5% a 33,6%), en un golpe de efecto que, además, allanó el camino de Mauricio Macri hacia la presidencia.

A partir de allí hubo que quemar toda la sección de la biblioteca referida a las elecciones argentinas: nunca (menos en las dos ediciones anteriores del formato de Primarias) alguien había dado vuelta un resultado que aparecía tan desfavorable tan solo dos meses antes.




¿Qué fue lo que ocurrió? Volvamos a los números duros:

Vidal obtuvo en las generales 1.160.234 votos más que en las Primarias, un 47% extra. Esto significa que sumó a su performance casi la mitad de los votos que ya había obtenido en las PASO.

Siendo groseros en el análisis, podríamos decir que Vidal fue una verdadera "aspiradora" de todo voto que quedó suelto después de las Primarias, e incluso de aquellos que no habían ido a votar en agosto pero sí lo hicieron en octubre. Ello se debió, lisa y llanamente, al "miedo" de estos sectores a una victoria de Aníbal Fernández (que había sumado rechazos durante su gestión como Jefe de Gabinete) y marcó el primer síntoma del divorcio de una parte importante de la clase media con el kirchnerismo.

Los números no mienten: en octubre hubo 200 mil votos en blanco menos (es decir, gente que antes había metido en la urna un sobre vacío ahora eligió una opción), 773 mil votos de más (gente que no había concurrido en la primera instancia), y 221 mil votos "sueltos", pertenecientes a fuerzas que no superaron el 1,5% exigido por la ley para presentarse en las generales. También hubo una sangría de Progresistas (Margarita Stolbizer) que perdió 100 mil votos, y otros 73 mil que Aníbal Fernández dejó en el camino respecto de la interna del FpV (concretamente, votos de Julián Domínguez que tras las PASO migraron hacia otros candidatos).

En total, los "votos sueltos" por diferentes motivos entre las PASO y las Generales fueron 1.366.000. Vidal -ya lo dijimos- obtuvo 1.116.234 votos de más. Es decir que (haciendo un análisis muy grueso del comportamiento electoral) se los llevó casi todos. Felipe Solá (UNA) con 155 mil, y Néstor Pitrolla (FIT) con 57 mil, se repartieron caso todos los sufragios restantes.




Esto explica, grosso modo, el apego al "Tú no has ganado nada": al Gobierno no le conviene instalar la idea de una victoria cómoda porque necesita del "factor miedo" (a Aníbal en 2015, a CFK en 2017) para lograr el apoyo de nuevos votantes. El oficialismo entendió que el estanque de Sergio Massa, pese a que pudo seguir pescando allí, estaba casi vacío, y que los votos iba a encontrarlos, como en 2015, afuera: entre aquellos que no había votado o quienes lo habían hecho en blanco o por fuerzas que no superaron las PASO.

Interpretan así que sin el "cuco" de una victoria de Cristina, estos sectores podrían optar por seguir el mismo camino que en las PASO, y temen que si ello ocurre esta vez el milagro no se repita.