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Fernando Delaiti

Periodista; docente de la UNLP; ex centroforward, de los de antes.




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Una canción con historia
09/06/2017

El precio de ser libre

Era un caluroso día de julio de 1962 cuando Peter Fechter llenó la solicitud. Nunca pensó que el rechazo del trámite fuera más rápido que lo que había demorado en completarlo. A los 18 años, es muy difícil que uno se dé por vencido tan rápidamente. Las ganas de visitar a su hermana Liselotte, hicieron que piense en un plan B para llegar a la parte oeste de la capital.

Buscó a su amigo, Helmut Kulbeik, y graficó cada detalle durante semanas. El plan final consistía en esconderse en un taller de carpintería cerca del muro para observar el movimiento de los guardias, y desde allí saltar de una ventana en el momento adecuado hasta el llamado corredor de la muerte. Así se denominaba a la franja de tierra entre el muro principal y uno paralelo que recientemente se había empezado a construir.

Fue un 17 de agosto cuando finalmente intentaron la hazaña de correr hasta una pared cercana a Checkpoint Charlie, en el distrito de Kreuzberg en Berlín occidental. Los guardias fronterizos del Este tenían orden de disparar, y no lo dudaron. Kulbeik lo consiguió, pero Fechter fue alcanzado por los disparos en la pelvis y se dejó deslizar muro abajo. Intentó incluso arrastrarse de vuelta, pero le faltaban las fuerzas. Además, había quedado justamente en el peor de los lugares: el corredor de la muerte, una parte conocida como tierra de nadie, y a la vista de gente, e inclusive periodistas.

Peter gritó. Gritó con el alma, con la energía que le daban sus 18 años. Imploró, pero no podía moverse. Se desangraba, y nadie, ningún soldado, acudía al lugar. Nadie podía hacerlo, salvo los guardias de cada uno de los lados. La autorización de la torre tardó una hora, mucho tiempo para las heridas de Peter. Los gritos de “asesinos”, “asesinos” de los curiosos que se dieron cita alarmados por los disparos, no le dieron fuerza al joven para sobrevivir. Cuando un soldado de la República Democrática Alemana lo alzó, ya era tarde.

La fotografía de aquel cuerpo desangrado se convirtió en un icono de la resistencia civil contra el Murode Berlín. Hoy un monumento a Peter en el lugar donde cayó muerto es un paso imprescindible en todos los aniversarios y conmemoraciones. A cumplirse 55 años de aquel episodio, queda el sueño de ese joven que quería visitar su hermana Liselotte, que no quería ser un héroe, que sólo quería ser libre, y que en 1972 fue inmortalizado por el cantante español Nino Bravo, quien contó su historia en esta canción:  

LIBRE

Tiene casi veinte años y ya está 
cansado de soñar, 
pero tras la frontera está su hogar, 
su mundo, su ciudad. 
Piensa que la alambrada sólo es 
un trozo de metal, 
algo que nunca puede detener 
sus ansias de volar. 

Libre, 
como el sol cuando amanece, 
yo soy libre como el mar... 
...como el ave que escapó de su prisión 
y puede, al fin, volar...
Libre, 
...como el viento que recoge mi lamento 

y mi pesar, 
camino sin cesar 
detrás de la verdad 
y sabré lo que es al fin, la libertad. 

Con su amor por bandera se marchó 
cantando una canción, 
marchaba tan feliz que  no escuchó 
la voz que le llamó, 
y tendido en el suelo se quedó 
sonriendo y sin hablar, 
sobre su pecho flores carmesí, 
brotaban sin cesar... 

Libre, 
como el sol cuando amanece, 
yo soy libre como el mar... 
Libre,
...como el ave que escapó de su prisión 
y puede, al fin, volar... 
Libre,
...como el viento que recoge mi lamento 
y mi pesar, 
camino sin cesar 
detrás de la verdad 
y sabré lo que es al fin, la libertad.



Cantante: Nino Bravo

Escrita: José Luis Armenteros‎ - Pablo Herrero